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25 diciembre 2011

Un lenguaje con sentimientos.

Estimados lectores.

El pasado jueves 15 de diciembre, la Fundación Caja Castellón-Bancaja presentó en la Sala Bancaja Hucha, ubicada en la calle Enmedio 82 de nuestra ciudad, la exposición titulada “La Lírica de la Abstracción” del recientemente fallecido pintor Valenciano Fernando Peiró Coronado (Alaquàs 1932-Benicarló 2011) y que agrupa alrededor 30 piezas entre pinturas y dibujos de este pintor.

La obra de Fernando Peiró que en estos momentos se encuentra expuesta, con algún ejemplo figurativo en sendos auto retratos del autor, está enmarcada en un escrupuloso informalismo de vertiente abstracto matérica, muy de moda y expandida en España en los años mozos del artista y que recoge los ecos y las influencias de aquellas obras de destacados pintores como fueron los integrantes del Grupo “Dau al Set” surgido en Barcelona en el 1948 con Joan Ponç, Joan-Josep Tharrats, Modest Cuixart y el más internacional de todos, el catalán Antoni Tàpies, como también los del grupo “El Paso”, formado unos años más tarde en 1957 en Madrid, integrado por Rafael Canogar, Luis Feito, Manuel Viola, Antonio Saura y Manolo Millares, considerados como uno de los primeros referentes de la vanguardia artística española de posguerra que cultivaron diversas vertientes de la abstracción como lenguaje expresivo dentro de sus obras y que bebían a su vez de sendas influencias que comprendían el informalismo Francés con artistas tales como Jean Fautrier, Georges Mathieu, Jean-Paul Riopelle, y Jean Dubuffet entre otros y del Expresionismo Abstracto norteamericano, con Jackson Pollock, Willem de Kooning, Mark Rothko y Arshile Gorky a la cabeza.

A pesar de las claras influencias que evidentemente existen tanto en la obra de Peiró, como también en la de muchos otros artistas de aquellos momentos, (años 60 y 70) su elección por este tipo de lenguaje vendría a justificar de alguna manera un discurso que se manifestaría principalmente en la necesidad de exponer con sus obras un contenido o lectura de mayor compromiso tanto en lo ético, como en lo estético. Intención esta que viene avalada por un momento histórico de profundos cambios en el terreno de lo social, lo político y cultural. Permitiéndole al pintor ya coronado como ente activo dentro de la cultura y la sociedad, a posicionarse en una determinada manera de pensar, ver y defender tanto el arte, como la vida.

En el análisis técnico de las obras de Peiró, vemos como existe una gran preocupación por los aspectos texturales y compositivos, el cromatismo expresado en una oscura paleta de pardos terrosos, nos envuelven en una atmósfera intimista, intelectual y de gran misterio discursivo. La amplitud textural que logra con el recurso del grafiado y el collage, que el autor emplea con habilidad y orden, nos transmite una enigmática expresividad que nos hace disfrutar de unos acabados de gran riqueza visual. La tridimensionalidad física que acompaña a los objetos que se adhieren a la planimetría del soporte a veces madera, otras cartón, como conchas, plumas o pequeños trozos de espejos, busca una integración visual (no siempre lograda) en un entorno de gran plasticidad, donde la amplitud de los recursos utilizados son controlados y repartidos en un escenario de proporciones discretas haciendo de la obra (como en su momento fue) la ideal ilustración para el poema de un amigo.

La obra de Fernando Peiró Coronado, es el fiel testimonio de una España de transición, donde los valores humanos de virtud (ahora tan escasos y confusos) hacían del arte y la cultura un hermoso calidoscopio de variados lenguajes, discursos y contenidos, donde a toda propuesta se le otorgaba un valor, el que tenía, no otro, el justo, el que estimulaba al merito del esfuerzo, al trabajo y la constancia y como no, al resultado final de la obra. Aquel que impedía llamar artista al que no lo era, o maestro (que aun siendo autodidacta) se diferenciaba del simple aprendiz, o connotado pintor, al que solo era un humilde aficionado de la pintura y no más. Un momento donde el “frikismo” (tan común hoy en día) debía ser acompañado del talento o era simplemente considerado una enfermedad psiquiátrica, donde la objetividad y profundidad de los análisis de las cosas y los fenómenos no llamaban a confusión y lo relativo no era contradictorio ni permisivo. Mucho hemos cambiado y no siempre para bien, quizás sea cuestión de revisar lo que se hizo y sobre todo analizar el porqué y para qué se hizo, quizás de ese modo comprendamos los motivos que tuvo el querido José Antonio Labordeta para seguir siendo durante toda su vida el fiel amigo de D. Fernando Peiró Coronado.

Descansen en paz maestros

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

Videos relacionados con el texto:
http://youtu.be/tBxbaG0zXoo
http://youtu.be/n65kEMWQz_0
http://youtu.be/gH6sBFoe-pE

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchísimas gracias una vez más por tu blog.Siempre es estimulante conocer la obra de artistas con lenguajes afines y además consuela saber que de vez en cuando se atreven a exhibir propuestas que se alejen del frikismo .Un abrazo maestrazo.Angelus

Amaury dijo...

Muchas gracias por participar con tu opinión en el blog mi querido Ángelus, sincera y valiente, algo que siempre agradezco.
Un abrazo muy grande