



De ese modo, nos encontramos ante un resultado, que a pesar de la supuesta pesadez que pudiera sugerir una cabeza de tales proporciones, gracias al sentido inconcluso de su acabado, el resultado de la obra se alza ante nuestros ojos con gran ligereza visual, fragilidad y belleza.
Quizás este recurso de lo fragmentado o “inacabado”, bien podría hablarnos en el sentido conceptual de su discurso, de la siempre necesaria capacidad de superación que debe tener el individuo durante toda su vida, o dicho de otra forma, la necesidad de ir construyéndose a si mismo poco a poco. Una verdad común, que ha sido más coherente representar, (como así lo ha hecho el autor) desde los rostros anónimos que vemos expuestos en la exposición. Pues ese recurso que ataña a todos los individuos por igual, no solo nos permite relacionarnos e interactuar mejor con el entorno y los demás seres humanos, si no que además actúa como valiosa herramienta de supervivencia en el medio.
También podría aludir a ese sentido filosófico que relaciona a las partes con el todo y viceversa; ese que nos habla del conocimiento concreto de la realidad, el cual consiste no en la sistemática adición de unos hechos a otros, sino en un proceso de concretización, que procede del todo a las partes y de las partes al todo.


Pero en fin, sea cual sea la causa teórica que justifique este maravilloso resultado expositivo, lo cierto es que la muestra de esculturas de Manuel Martí Moreno que ahora se exhibe en el centro cultural Castalia Iuris de nuestra ciudad, es un buen ejemplo que he disfrutado mucho, entre otras razones, por su profesionalidad y belleza estética.
La muestra permanecerá abierta al público hasta el próximo dia 26 y sería realmente una pena que no fueran a verla.
Hasta la próxima entrega.
Amaury Suárez.