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04 septiembre 2009

El “Organon” de Evaristo Millán, divertimentos de lógica cuestionable.


Estimados lectores.

Una vez terminado el periodo vacacional, abriendo la temporada de exposiciones del centro cultural provincial “Las Aulas”, se exhibe hasta el próximo día 25 de Septiembre, la exposición de Evaristo Millán, titulada “Organon”.



Al margen de la “personalidad apasionada” de este pintor, algo de lo que nos habla en el catalogo de la exposición el siempre amable cronista de la ciudad de Castellón, D. Antonio Gascó, lo cual sinceramente no considero motivo de interés y análisis por mi parte en este articulo por razones lógicas, es una exposición de cuadros, no una consulta con el psicólogo, lo cierto es que la muestra es bastante pobre y aficionada, y carente de todos esos valores estéticos y creativos, que se le atribuyen en las criticas que he podido leer, no sólo en el catalogo de la muestra, sino en la que aparece en los demás medios que se han hecho eco de ella.

Desde el punto de vista conceptual, la exposición no deja de ser una de las tantas que persiguen sin éxito, plasmar la mil veces recurrida temática del retrato, solo que esta vez, como en muchos otros casos, sin aportación estética de ningún tipo. Creo que no hay nada que resaltar como valor estético, ni artístico, en las piezas que hacen clarísimas referencias a las obras de Miguel Ángel, Leonardo y Ribera, a no ser como resultados de simples ejercicios de clase, mas propio de los alumnos de cursos tempranos de las escuelas de bellas artes, que de un profesional (como así se nos hace ver en los medios) también existe una clara incompatibilidad iconográfica en la muestra, donde el pintor ha pretendido (a mi entender de manera incongruente) hacer convivir obras con dos lenguajes, completamente distantes y diametralmente opuestos como son, el figurativo y el abstracto, siendo este ultimo, (el abstracto) igual de pobre y carente de una propuesta novedosa, elemento más que denota una clara concepción aficionada de la muestra y que desde luego no la favorece, hubiera sido preferible y siempre de agradecer, que en este aspecto el pintor hubiese pensado en un concepto mucho más armónico y coherente con la propuesta expositiva.

Muchas veces los “críticos”, aunque conocedores de la historia del arte, pero carentes de los conocimientos técnicos del oficio, confunden y asocian de manera errónea conceptos propios de la especialidad del pintor, como por ejemplo, asocian la expresividad del color, o el colorido de una obra, con el engañoso “colorín”, es decir, el torpe y aficionado manejo del color, sin una lógica que responda a la armonía que debe prevalecer en la atmósfera cromática de la pieza, otras veces, confunden la destreza o soltura del tratamiento de las pinceladas, con el descuido y la tosquedad, donde la diferencia no solo está en la huella que deja la pincelada, sino en el conocimiento de la forma que hay debajo del gesto, de eso sabe mucho Velázquez, Sorolla y Ribera, haciendo referencia con este ultimo, a uno de los “elegidos” de la exposición. Lamento mucho no coincidir en esta ocasión con los críticos que se han referido para definir esta muestra como un hecho “temperamental” e “imaginativo”, como tan poco con aquellos que en su osada comparativa, se han atrevido a relacionar intenciones y objetivos de estos trabajos, con el “inconsciente” lei motiv de la obra Daliniana, aunque por otra parte, coincido plenamente en que en esta muestra de obras de Evaristo Millán no hay ninguna intención de “remover conciencias”, totalmente de acuerdo en eso, pero de ningún tipo, ni sociales, ni intelectuales, ni estéticas, aquí hay solo simples “divertimentos” colgados en las paredes de la galería, lo triste es que a estas alturas de la historia del arte, resultan mucho mas interesantes, revolucionarios y “divertidos” aquellos que nacieron de la mano de un Jackson Pollock, Robert Motherwell, o un conocido y nacional Joan Miró, curiosa paradoja ¿no creen? y hablando de paradojas, algo que llamo mi atención desde el primer momento en esta muestra, fue su titulo “Organon” (que al margen de ser un vocablo griego) es el nombre que recibe el famoso tratado aristotélico que nos habla sobre la lógica, ¿curioso, no? Tanta preocupación del Cum laude discípulo de Platón en los aspectos que derivan de un pensamiento coherente y sin embargo escasa lógica y coherencia, la que hay en alabar y justificar lo que carece de autentico valor, en fin, que como sabiamente decía el ilustre filosofo griego “es ignorancia no saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no la necesita”.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez

1 comentario:

Carlos Asensio dijo...

Para poder hacer una valoración adecuada sobre el artículo, he pasado a ver la muestra "in situ" puesto que no conocía la obra de este pintor. Cabe decir al respecto que hay muchas incongruencias en muchos aspectos tal y como has comentado. La convivencia de dos lenguajes totalmente opuestos como la figuración (donde se entremezclan a su vez retratos a modo de homenaje a grandes artistas de la historia del arte con autorretratos) y la abstracción, distorsiona la comprensión general de los cuadros al espectador. Una de las premisas sobre las que debería fundamentarse una exposición es una coherencia temática y plástica al mismo tiempo, a no ser de tratarse de una retrospectiva, pero que en ninguno de los casos cumple. En cuanto al aspecto técnico, en directo resulta evidente la carencia de matéria pictórica y la pobreza de su ejecución. También me gustaría mencionar que las diferentes reseñas expuestas en el catálogo (por cierto, muy extenso jeje)y demás notas de prensa referidas a sus obras y a su calidad como artista si que pueden tildarse de ser demasiado "amables".

Un abrazo!!