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27 noviembre 2009

"De la soca". Alegoría a la Mare de Deu del LLedó.

Estimados lectores:

En esta ocasión quiero compartir con todos ustedes, una de mis últimas obras que más me han exigido tiempo de investigación, organización y trabajo, su titulo, “De la soca” que en valenciano significaría algo como “de la raíz”, “de origen” en referencia a aquello que es autóctono y distinguido del lugar, como es sin duda para el pueblo de Castellón su patrona, la Virgen del LLedó o Virgen del Lidón.

Como algunos de ustedes conocen, fuimos invitados un grupo de 16 artistas de Castellón, para realizar una exposición colectiva en alegoría a la Virgen del Lidón, y sin duda fue para mí todo un privilegio, que yo fuera uno de esos elegidos.

Pretendo con este artículo acercarlos a aquellos aspectos simbólicos que he tenido en cuenta a la hora de realizar esta obra y a pesar de la extensión del mismo, espero que les resulte de vuestro interés y agrado. Sin más preámbulo he aquí “De la soca” una alegoría a la Mare de Deu del LLedó.

Cuando la leyenda se convierte en mito…
El hallazgo milagroso o “Troballa”, como se diría en Valenciano

Se cuenta que allá por el año 1366, un humilde labrador, (o “llaurador” como se dijera en valenciano) de nombre Perot de Granyana, se encontraba arando en el campo con su yunta de bueyes, (pues era necesario preparar bien el terreno para la siembra, el año anterior la cosecha había sido buena, pero para este próximo tenía que ser aun mejor), cuando de pronto, debajo de un robusto y despoblado almez, (en valenciano se le llama "lledoner", de aquí el nombre del atributo a la virgen según se castellanice: LIDÓN o se valencianice: LLEDÓ) el caso fue que la pareja de bueyes se postraron ante aquel árbol, sin que el buen Perot pudiera hacerlas continuar con la faena, por más que insistió el buen hombre para que se levantaran la pareja de bueyes quedaron postrados e inmóviles debajo de aquel “lledoner”. Al acercarse a comprobar cual había sido la causa de aquella brusca parada de sus animales, el asombrado campesino se puso a escarbar, cuando debajo de una gran piedra, Perot encontró una diminuta y antropomorfa figurilla de alabastro de apenas unos 6 centímetros de altura tallada de forma tosca y un tanto primitiva donde se podía apreciar, no con cierta dificultad, la imagen de una figura de mujer, con sus dos manos unidas al pecho en posición de orar. Sorprendido, Perot, tomó la figura y se dispuso a dar cuenta de lo acontecido a las autoridades del pueblo, ¡todos debían saber lo que había sucedido en aquel lugar! Perot sorprendido se preguntaba una y otra vez ¿Cómo era posible que aquella diminuta figurilla hubiera hecho detener sin más, la fuerza bruta de sus nobles bestias de labranza?, ¿Cómo había sido posible aquello a lo que la lógica no podía dar respuesta? Al ser ya un poco tarde, las dependencias municipales se encontraban cerradas, lo que obligó a Perot a retirarse esa tarde a su casa con aquella diminuta y misteriosa talla. Ya en la tranquilidad de su casa, la noche se le hizo larga al buen Perot y no fueron pocos los sueños y sobresaltos que le acompañaron, muy lógicos después de tantas emociones vividas durante el día.

A la mañana siguiente, cuando este se disponía a llevarla a las autoridades para enseñarla y dar parte de lo ocurrido, se encontró con que la figura había desaparecido de su casa, el misterio reaparecía nuevamente para aumentar la sorpresa de aquel hombre, pues no tenía Perot en su casa más compañía que su fiel perro, incapaz de haberla hecho desaparecer. De pronto, Perot, sintió un extraño impulso de regresar nuevamente al huerto, al mismo lugar donde se la había encontrado el día anterior y allí fue a buscarla, al llegar al lugar, algo aumentó aun más su sorpresa cuando pudo comprobar que aquella diminuta figurilla de alabastro, descansaba inmóvil en el mismo lugar, en la misma posición que se la había encontrado el día anterior y aun más reluciente. Confuso y muy nervioso, Perot la tomó entre sus manos nuevamente y corrió a contárselo a las autoridades de la ciudad y de paso mostrarles la prueba de lo ocurrido.

Al llegar al consejo municipal, nadie le creyó aquella fantástica historia al buen Perot y muchos pensaron que era episodio de locos o de borrachos, no obstante a ello, se quedaron temporalmente con la figurilla y le invitaron a que se retirara a su casa a descansar. A pesar de la incredulidad que estos mostraron ante los hechos contados por el buen Perot, decidieron aceptar la pieza para analizarla y testar al día siguiente los pormenores del hallazgo en el libro de registros. Una noche más que debería pasar la Virgen fuera de su “Lledoner” pero ¿cual fue la sorpresa que al día siguiente tuvieron las autoridades municipales al ir a buscarla?, pues como en la vez anterior, la figurilla había desaparecido, obligando a aquellos funcionarios incrédulos, a pedir que buscaran de inmediato a Perot, para que les dijera cual era el lugar donde la había encontrado, el hecho ocasiono gran revuelo y la noticia corrió por toda a comarca, provocando que un gran número de personas se dieran cita para acompañar a Perot.

No tardo mucho en aparecer el buen hombre en aquellas dependencias para guiarlos hasta el lugar de la “troballa” (hallazgo), al llegar al allí y bajo el mismo Lledoner (el que siempre había sido su casa), estaba la hermosa figurilla, que en su origen pudo ser pagana, pero que gracias a la fe que le profesaron aquellos habitantes de la comarca de Castellón, se transformó en una devota imagen de la Virgen María. En aquel feliz y sagrado acontecimiento donde los ángeles acudieron como testigos, quedaron unidos para siempre su imagen con la del pueblo de Castellón, que desde entonces la ha adorado y la ha hecho su venerada patrona. En el lugar del hallazgo, los hombres levantaron un hermoso templo en su gracia y que hoy es punto de peregrinación, paz, recogimiento y encuentro, no solo del pueblo de Castellón, sino de todo aquel que quiera visitarla.

Y este es el relato que la tradición nos ha trasmitido desde aquellos antiguos tiempos hasta nuestros días, y que es el cuerpo teórico que inspira este trabajo.

El retablo.
Su construcción.

Después de documentarme ampliamente sobre el tema, (a mi entender imprescindible siempre que se hagan trabajos sujetos a un contenido concreto) así como una necesaria preparación emocional del motivo, apoyándome para ello en la realización de varias obras a modo de estudio de temas religiosos (dos ejemplos en las imagenes), consideré interesante y muy atractiva la idea desde el punto de vista conceptual, realizar un retablo de tres cuerpos, con la intención de rememorar y recrear una pieza artística de expresión típica de aquella época. Para ello me documente sobre las características constructivas del mismo, uso del pan de oro, reintelado de la madera, imprimaciones clásicas etc. fueron muchas las horas de construcción no solo de los aspectos que tienen que ver con la masonería del mismo, sino también, con los aspectos técnicos a emplear. Por ultimo decidí realizarlo en acrílico sobre lino, este reintelado sobre madera en el cuerpo central del retablo y sobre bastidor en los laterales, así le proporcionaba mayor ligereza a la pieza en su conjunto y una más fácil manera de plegarlo cuando fuera a cerrarse gracias al uso de bisagras,

El retablo, los símbolos alegóricos.

Cuando el retablo se encuentra cerrado, la escena que vemos representada es la de dos ángeles custodios (el del día y el de la noche) que se afanan por mantener a salvo la luz de la fe, que aparece con máxima iluminación en la parte central de la composición radial del cuadro, punto donde he colocado un sencillo cerrojo, para dar comienzo una vez abierto, a la lectura visual del desarrollo del mito. Esta escena se desarrolla debajo de dos arcos góticos, aludiendo con ello al estilo arquitectónico de las construcciones religiosas de ese periodo del arte; un elemento típico de estas construcciones y que fue muy desarrollado en ese tiempo, fueron las vidrieras o vitrales circulares, llamados rosetones, algo que he utilizado también como elemento repetidamente simétrico en la parte superior de la composición y donde recreo dos partes del escudo representativo de Castellón, en uno el castillo de las tres torres y en el otro, las cuatro barras de Aragón, simbolizando la antigua posesión de los territorios provinciales a la Corona de Aragón (más correctamente al Reino de Valencia). Una vez abierto el retablo, la obra se vuelve muy alegre tanto en su luz como en su cromatismo (muy alejado de la herencia Gótico - Barroca donde se trataban estos temas) mi intención con ello es hacer alusión a un hecho que debe ser motivo de felicidad y alegría para todos los creyentes en la Virgen, así como también hacer referencia a su aproximación al pueblo. En el cuerpo central del retablo, aparecen los elementos protagonistas de tan representativa historia, por un lado, tenemos coronando la escena en la parte central superior, a la Virgen de Lledó, debajo se encuentra Perot de Granyana con su yunta de bueyes, descubriendo debajo de una piedra, la luz de la fe que simboliza la estatuilla encontrada, también esta presente en el centro el Lledoner que sirve como elemento compositivo de vínculo a los tres cuerpos, la organización de estos tres elementos en la composición de la obra, responde a su significado esotérico y metafísico en su aspecto conceptual, por un lado en la parte superior, el lugar de lo ideal, abstracto y eterno, representado por la imagen de la virgen y por otro, lo concreto, mortal y humano que es representado por Perot de Granyana; el Lledoner es el símbolo de identidad, distinción de lugar y vinculo entre los dos mundos.

En el cuerpo de la Izquierda (estando de frente al retablo abierto) se puede apreciar un hermoso ángel de luz y pureza, simbolizando el momento del feliz encuentro de la Virgen con el pueblo de Castellón. A la derecha está representada la actual basílica donde se custodia y venera a la imagen. En la parte superior de este mismo cuerpo vemos una rama del despoblado Lledoner (Almez) donde intencionadamente se han pintado solo tres hojas con su fruto, haciendo una clara alusión al número místico de la trinidad (3). El cielo del retablo refleja a través de su cromatismo, distintas alturas del sol haciendo alusión a los tres días en que transcurrieron los hechos, por esa razón se aprecian tonos anaranjados, con mayor y menos nubosidad, así como un cielo de azul claro despejado, muy representativo de la luz del medio día. En la parte inferior que comprende todo el retablo, es decir los tres cuerpos, la composición descansa en líneas y planos ondulados de gran sensualidad y dinamismo, aludiendo a dos características geográficas principales del lugar donde se produce la “Troballa”, por un lado, la topografía del terreno de la provincia de Castellón, la cual está considerada la segunda provincia en altura topográfica media de toda España y la segunda acepción, su proximidad con el mar, sin duda dos singulares características que acompañan a la leyenda, con un atractivo y sensual escenario.

Y hasta aquí mi trabajo, espero que lo hayan disfrutado.

Muchas gracias

Amaury Suárez

24 octubre 2009

“Versionando” la versión de Lorenzo.

Estimados lectores:


Generalmente cuando se pretende hacer una versión de algo, o como se suele decir ahora “versionar” una(s) obra(s) conocida(s) sean estas musicales, teatrales, literarias, cinematográficas o de cualquier otra disciplina artística, es porque la “nueva” propuesta que se nos presenta, procura, tiene o persigue exponer, un punto de vista diferente sobre aquella que, al menos en apariencia, la tenemos como muy conocida, tratándose de revelar con ese acto, una “nueva” versión sobre una realidad que pretende ser mucho más personal, reivindicativa, innovadora, reflexiva, contestataria o critica con el original, independientemente de que siempre la idea originaria adquiere una supremacía sobre cualquier versión que se haga de ella, por el solo hecho de servir como inspiración a la nueva propuesta y solo en raras excepciones, es que podemos ver y comprobar, que las segundas partes resultan ser mejores que las primeras.


De no producirse ese efecto, lo que obtendríamos sería una repetitiva y muy mala aproximación al original, que lejos de honrar a la fuente inspiradora de donde se parte la convierte en un patético homenaje de imitación más propio de superfluos copistas, o en el mejor de los casos, “artistas” de poca monta, que poco o nada aportan con su trabajo al ámbito artístico, los cuales hubiese sido mucho más gratificante, que ante la osadía de exponer la desafortunada “versión” preferiblemente ésta nunca hubiera salido a la luz.


Si esto sucede en las Bellas Artes, concretamente en la pintura, la irresponsabilidad y el riesgo que asume quien mal utiliza ese recurso de apropiación para “versionar” es aun más alto, haciéndose más penoso y desafortunado pues hoy en día, siempre habrá un libro o una imagen publicada de muy buena calidad y si es preciso, a todo color, que ponga de manifiesto el fraude o la falta de talento de quien se atreva a hacerlo, y que actuará como un despiadado critico ante la “nueva” versión de la propuesta, poniendo en clara evidencia la mediocridad no solo del discurso en la “nueva versión”, sino también la de su propio autor.


El recurso de apropiación, al menos en su sentido semántico, es algo que de alguna manera, siempre ha estado presente en la historia del arte (concretamente en la pintura) este ha sido utilizado por los artistas a través de los tiempos. Desde la apropiación directa e inspiradora de la realidad objetual, (paisaje, bodegones y figuras humanas reales o idealizadas) hasta los motivos y las escenas mitológicas, bélicas o religiosas, que luego de ser tratadas por los primeros maestros, eran retomadas por los discípulos y que en muchos casos, se veían superados por estos. Otra manifestación de apropiación la hemos visto y aun la seguimos viendo, en las marcadas influencias de las escuelas y los maestros, que con un equivocado o precario enfoque de la docencia y la pedagogía, eclipsan la personalidad pictórica de los alumnos, lo cual trae como consecuencia la difícil tarea de reconocer la autentica “mano” del discípulo, de ahí la recurrida frase de…, “esa obra, o ese pintor, pertenecen a la escuela de tal maestro”.


Pero no es hasta el declive de las vanguardias y concretamente a partir de la década del los años 70, bajo el pretexto de las modas post modernas, que este recurso de apropiación alcanza un mayor uso y además un significado muy diferente a su definición semántica, donde la obra de arte pierde su condición de única y exclusiva, para transformarse en un recurso de pertenencia colectiva o lo que es lo mismo, un recurso iconográfico de todos. En su aspecto formal, la obra puede ser compartida por varios autores, pero siempre y so pretexto, de una clara intención conceptual que se debe ilustrar en una propuesta nueva o al menos; de incuestionable diferencia con la fuente de donde se parte, el artista no solo recrea una segunda o tercera realidad con su nueva obra, sino que además, y más importante aun, un nuevo discurso, apoyándose para ello en una iconografía ya tratada anteriormente por otro artista. Esta nueva condición de apropiación en el uso de la imagen, trae consigo que el “nuevo” resultado recreado, muchas veces fluctúe dentro del peligroso equilibrio que hay entre el coherente y bien aplicado uso del recurso de apropiación, (sustentado en su justificación conceptual) las evidentes influencias que intervienen en una interpretación o recreación “confusa” y la copia más insolente, vacía y burda, desprovista de un autentico valor, muy propia de aquellos que solo saben beber de la superficie de las cosas y no de la verdadera esencia de las mismas.


De la obra de la que hoy voy a opinar, es de la que surge recientemente del trabajo del pintor Lorenzo Ramírez (Borriol 1952). Un pintor (ex empleado de banca) de notable dibujo y con gran afición por el color, a veces tratado “hermosamente” gratuito en el uso que aplica en sus cuadros. Los temas que generalmente este pintor ha abordado con sus trabajos, (al menos desde hace 19 años) han sido el de las escenas costumbristas, principalmente las taurinas y las que recrean ilustrativas alegorías de las fiestas tradicionales de Castellón, y también el paisaje mediterráneo, este ultimo, con gran influencia del maestro Juan Bautista Porcar Ripollés (1889 -1974) principalmente en su aspecto compositivo, colocando intencionadamente los horizontes bajos, para atribuirle mayor protagonismo al espacio que ocupa el cielo, en la obra paisajística.


La indiscutible afición de Lorenzo por la pintura, la constancia y dedicación en sus cuadros por los temas regionales, así como su activa participación en otras asociaciones culturales como es el caso de su ingreso en los Caballeros Templarios de Castellón (que le han designado como Maestro Templario el pasado año 2008) han hecho posible su popularidad a nivel local en los ambientes culturales. Recientemente ha inaugurado una exposición en la galería Real, titulada “Morir por amor” en la que nos ofrece su particular visión pictórica del drama histórico de los Amantes de Teruel, tema que reside en lo histórico – costumbrista, en el que Lorenzo, se hace más singular y notable, aun cuando por razones de preferencia personal, no voy a opinar de esta exposición hoy.


Pero sí voy a hacerlo de una pasada muestra (repetida en dos ocasiones) que este pintor expuso primero en las Aulas, en marzo del 2008 y luego en el castillo de Peñíscola el pasado agosto de este año 2009 y que en ambas ocasiones tituló “Versionando a Picasso”. Como dice el sabio refranero popular, “All that is gold does not glitter” algo que con estas pasadas exposiciones de este pintor y que hoy voy a comentar, resulta ser una oportuna frase para ilustrar un buen ejemplo de ello.


Como ya queda explicado al principio de este artículo, la simple repetición de los patrones formales de la obra referente, no basta para recrear una nueva versión o realidad, mucho menos para aportar un nuevo discurso o resultado artístico, ya que es necesario penetrar en el significado de las intenciones conceptuales de un tema, para hacer más elevada nuestra propuesta; no basta con cambiar la composición, hacer mas “lindo” el color o dibujar del original, temerosas alteraciones de su forma para llegar a un resultado verdaderamente valioso. Es necesario aportar algo más, no basta con estudiar el continente, sino además el contenido de la fuente de donde partimos, pues de lo contrario, nuestra lectura se hace simple, insulsa y de trivialidad aficionada.


Pienso que para versionar la obra de Picasso con verdadera objetividad y respeto al maestro, es necesario ser algo más que un pintor con dotes y aficiones, no se trata de recrear la forma esquemática de su dibujo en su distinguida y universal etapa, que por otra parte, es siempre la que suelen utilizar para los “experimentos”, (sean estos en forma de huevo o para hacer versiones mas o menos amables de color) quizás sea porque se piensa equivocadamente que es esta la mas fácil de resolver, pero no se trata de hacer un parecido exterior y superficial de sus cuadros, sino de estudiar seriamente las causas que motivaron esa aparente “sencillez” y ese esquematismo expresivo de su dibujo, solo así, se puede beber de su realidad universal; pues como el mismo genio malagueño dijera, “Realismo no es hacer las cosas reales, sino la realidad de las cosas”.


Espero y deseo que para la próxima versión que Lorenzo Ramírez haga de otro artista (si es que hay otra) tenga muy en cuenta estas consideraciones y sepa ver mucho más que las simples apariencias, sin duda el resultado de su trabajo se hará realmente serio y respetuoso con la fuente inspiradora, pues de lo contrario, volveremos a ser testigos de una simple caricatura como esta que nos ha presentado en dos ocasiones y que espero no exista una tercera, pues aunque agradable en su color y vistoso en los formatos de los cuadros de la muestra, no deja de ser solo una graciosa versión de aficionado que sinceramente pienso no le hace justicia, pues creo que en arte se debe aspirar a algo más, no solo por el bien de nuestros ojos e intelecto, sino por el del propio pintor.


Muchas gracias y hasta la próxima entrega.


Amaury Suárez


In memoria: Este artículo fue escrito a solo unas horas de cumplirse un aniversario más del natalicio del maestro, Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 25 de octubre de 1881) sirva este como recuerdo.

16 octubre 2009

Juan Ripollés en Alicante, La huella de los violentos

Estimados lectores.

Como ya muchos de ustedes conocen, el pasado sábado 3 de Octubre aparece en los diferentes medios de comunicación, principalmente la prensa escrita regional, la desafortunada y muy desagradable noticia de los actos de vandalismo producido en Alicante, por parte de unos desvergonzados que amparados en la oscuridad de la noche, ocasionaron serios daños a varias esculturas de las 19 que componían la exposición al aire libre, titulada “Universo Urbano” del artista castellonense Juan Ripollés, llegando incluso a lanzar dos de ellas al mar. Si bien es cierto que lamentables actos como estos, no es la primera vez que sufre la obra de este artista, (en Holanda y en Palma de Mallorca según cuenta para la prensa el propio autor) no hay derecho, como tampoco la más mínima justificación para que actos tan lamentables como estos se produzcan. Y sería muy conveniente que aquellos que en sus manos está la responsabilidad de garantizar la educación integral de los más jóvenes, como son los padres, profesores, políticos y jueces, tomaran buena nota de ello, pues de no atajarse a tiempo estas cuestiones, sin duda trascendentales para llevar a cabo la construcción de una sociedad mucho mejor en el futuro, nos conducirían inexorablemente por el triste camino de la barbarie y del caos.

Cierto es que el vandalismo en arte es un fenómeno que pudiéramos considerar de alcance universal, ya que desafortunadamente sus consecuencias y resultados, suelen lamentarse con relativa frecuencia en distintas partes del mundo, actos que casi siempre están ocasionados por la intervención de factores tanto objetivos como subjetivos que lo provocan.

Algunos estudiosos de este tema plantean, que a medida que avanzan las sociedades modernas y con ellas, una visión funcional y estética de sus diseños urbanísticos más globalizados, van apareciendo escenarios muchos mas impersonales y diluidos en una estética universal, carentes de la distinción y sentido de apropiación o de pertenencia por parte de las poblaciones que en ellas habitan, (principalmente la que ataña a los mas jóvenes) algo que sin duda, sí aportan la huella dejada por las culturas de los pueblos y las tradiciones de las regiones. Esto que además es estimulado por la falta de políticas de educación cívica, ética y estética, van favoreciendo negativamente hacia una perdida consiente de los valores positivos en sus poblaciones, algo que pudiera propiciar el surgimiento de grupos que no se relacionan, ni se corresponden con dichos escenarios.

En el pasado reciente, obras de arte de altísimo valor cultural han sido destruidas o dañadas por elementos perturbados que han querido llamar la atención sobre sí mismos, o sobre los movimientos ideológicos que representan. La mutilación es obra de elementos desadaptados y violentos de inconcebible aceptación en el seno de una sociedad democrática y civilizada. Un ilustrativo y desafortunado ejemplo de ello lo fue, la destrucción por el Talibán de Afganistán, de las dos esculturas de Buda de escala monumental en el Valle de Bamiyán, como también el daño ocasionado hace dos años al cuadro de Claude Monet titulado “El puente de Argenteuil” el cual resultó seriamente dañado por unos jóvenes en estado de embriaguez que entraron en el Museo de Orsay.


Tanto la intolerancia fundamentalista en una, como la incultura no solo estética, sino también de las más elementales normas de conducta y urbanidad en la otra, fueron la simiente de un lamentable desenlace que nos ataña a todos.

Es por ello que desde este humilde lugar, quiero dejar patente mí más enérgica repulsa a este tipo de comportamientos que realizan estos irracionales y despreciables personajes, que lo único que son capaces de reflejar con estos actos es la incapacidad intelectual y humana que poseen, alguien dijo una vez, la violencia es el último refugio del incompetente, pues bien, lo ocurrido en Alicante con las escultura de Juan Ripollés, es un buen ejemplo de ello.

Muchas gracias y hasta la próxima entrega.


Amaury Suárez

03 octubre 2009

Nada personal, con Pepe Personal.

Estimados lectores:

El pasado jueves día 1 de Octubre, fue inaugurada en el Centro Municipal de Cultura de la calle Antonio Maura, una exposición de esculturas del conocido artista, José García Personal, para los amigos, “Pepe” Personal (Murcia 1944) una muestra que independientemente de su buena calidad, sinceramente no me despertó gran sorpresa, pues algunas de las piezas que se exponían, ya las habían visto en otras exposiciones colectivas (pienso que esta observación se debiera tener en cuenta para la próxima vez, pues el factor sorpresa es muy importante, a la hora de hacer una exposición individual) a pesar de ello, cabe señalar de manera destacada y positiva, la calidez y belleza del conjunto, quizás por el soporte elegido en la gran mayoría de las esculturas, (la madera) con la que el autor trabaja asiduamente, siendo algo que garantiza y aporta esa noble sensación de complacencia en el publico que la visita.

Dándonos la bienvenida a la exposición, somos recibidos por un conjunto de fotografías a color, donde el autor como único protagonista de las escenas, nos ilustra de manera testimonial y con un marcado carácter didáctico, (por otra parte, muy poco usual en estas exposiciones individuales) el proceso de realización de sus obras, el cual abarca varias etapas, que van desde aquella que responde a la selección y elección del objeto encontrado en el entorno, hasta la transformación que luego sufren en las manos del artista, ya en el estudio.

La obra de Pepe Personal, manifiesta con meridiana claridad, los antecedentes de las dos principales tendencias o fuentes de donde bebe, las cuales surgen en etapas diferentes y algo distantes en el tiempo, y que se corresponden con los movimientos artísticos del arte moderno del pasado siglo XX, por un lado, y la más destacada de las dos influencias, es sin duda la del Dadaísmo, claro que en este caso, sólo en lo que se refiere a la envoltura formal o “exterior” de sus iconografías, apreciándose en la exposición una “peligrosa” y a mi juicio, molesta similitud con una pieza emblemática del movimiento Dada, como es el caso de la representación de una “rueda de bicicleta” y que tanto me recuerda a su pretérita homóloga de 1913 y primer “ready made” del destacado artista franco-estadounidense Marcel Duchamp; (en la foto) y que a diferencia de la que hiciera este universal artista en aquellos momentos, donde más que su preocupación por los aspectos de la belleza estética y cuidado de la técnica tradicional, adquiere mayor peso lo conceptual, basado fundamentalmente en la elección accidental, cuasi “divina” por parte del artista, para descontextualizar a los objetos encontrados y así poder elevarlos a categoría de “objeto de arte” con una mínima o nula intervención o manipulación humana; en las obras de Pepe Personal, el factor “de selección” sí está condicionado por un sentido estético y discursivo de la pieza, donde existe un claro realce de la categoría de lo bello y donde se aprecia una cuidada y exquisita elaboración en las técnicas de representación en el soporte madera, haciéndose palpable la gran destreza y el buen manejo del oficio; que denota sus valiosas dotes de restaurador, de ahí que considere que la influencia del Dadaísmo en la obra de Pepe Personal, es solo en su apariencia formal, pues el fundamento conceptual del movimiento Dadaísta está amparado en la intención de destruir todos los códigos y sistemas establecidos en el mundo del arte, sin reparar en lo más mínimo en esas cuestiones que evocan a la complacencia estética por el gusto o por lo "bien hecho" técnicamente, sino más bien todo lo contrario, llegando incluso a cuestionar la propia existencia del arte.

La otra influencia que he visto destacar en la exposición de Pepe Personal, es la del arte Povera, una tendencia que se da a conocer a finales de los años sesenta del pasado siglo, (de ahí mi referencia a los dos momentos distantes en el tiempo) cuyos creadores utilizaban materiales en sus obras considerados “pobres” (de ahí la voz italiana de Povera) materiales de muy fácil obtención como la madera, la piedra, la arcilla, o también aquellos que solemos llamar de desecho o reciclados y por lo tanto carentes de valor, y que una vez trasformado por la mano creadora del artista, adquieren una nueva dimensión y valor en el terreno del arte.

Hay quizás solo un pequeño elemento que a mi juicio desentona con el lenguaje, la calidad escultórica y la fuerza expresiva de las piezas, algo que incluso la convierte en un resultado más artesanal y aficionado, de muy bajo nivel, que si bien no forma parte del cuerpo de las piezas, el autor la utiliza como elemento de terminación y presentación, me refiero a la pequeña chapilla dorada a modo de firma, con el nombre del autor. Quizás fuera preferible el recurso del grabado, grafiado, pirograbado o simplemente ocultar o integrar la firma a la pieza, que utilizar ese recurso que es sin duda más propio de un modesto artesano de mercadillo, que de un escultor como sin duda lo es Pepe Personal

Pero a pesar de ese detalle, la muestra que esta vez nos trae Personal, imprime un gusto por la nobleza de los materiales que trabaja (fundamentalmente la madera) haciendo del sugerente accidente del hallazgo, un noble pretexto para el discurso, a veces anecdótico, otras más trascendental y existencialista, pero en cualquier caso, muy atractivo y cuidado en la técnica, capaz de sacar de un trozo de madera tosco y carcomido por los insectos y el tiempo, toda la experiencia contenida en esa hermosa expresividad que sabe utilizar, combinando tanto los diversos materiales, como sus aplicaciones y procedimientos, es decir lo textural con la exquisitez de la factura en el tratamiento. Sin duda una hermosa exposición, llena de nobleza recogida no solo en su obra, sino también en el propio autor, por todo ello, en hora buena y espero que lo de la “chapilla” mi querido Personal, no te lo tomes como algo “personal”.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez