Translate

27 octubre 2013

Nacho Puerto y su pintura metafísica.

Estimados lectores.

En las postrimerías ya de mi estancia por estas tierras, no quiero dejar de opinar sobre la exposición del joven pintor Valenciano, asentado en Castellón desde hace muchos años, Nacho Puerto Llamas (Valencia – 1979). Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, diseñador grafico y cofundador del grupo “Figuración XXI” integrado por los pintores Carlos Asensio Sanagustín, Raquel Lara y Esmeralda Domínguez (esta última, el reciente fichaje del grupo). En esta ocasión, este joven pintor se presenta a modo individual con una exposición titulada “De la Pintura Metafísica a las Poses Múltiples” la cual pretende según su autor, invitarnos a un recorrido visual por la trayectoria de su obra, abarcando con ella varios años de su quehacer creador. La muestra se exhibe en el centro cultural provincial “Las Aulas” de esta ciudad, y quedó inaugurada el pasado martes día 22 acogiendo a un nutrido y selecto número de personas que han querido acompañarlo en el día inaugural de la muestra.

Hablar de la obra de Nacho Puerto, es referirnos a un trabajo donde la constancia y el rigor por el perfeccionamiento tanto del discurso, como de los aspectos técnicos, se ha hecho muy notable durante todos estos años, convirtiéndolo en estos momentos en un valioso referente del buen hacer en la plástica de esta ciudad. Su constante conceptual (la pintura metafísica) es el lenguaje que ha sido motivo inspirador y distintivo de todo su trabajo, ya incluso desde su tesis de licenciatura. Pero que a diferencia de las motivaciones y conceptos de la originaria pintura metafísica, precursora del movimiento surrealista, y liderada principalmente por la obra del pintor greco italiano Giorgio de Chirico; en la obra de Nacho Puerto podemos apreciar una sutil diferencia, manifiesta en la clara vitalidad y fuerza expresiva, que con sentido retratista se recoge en los personajes elegidos y recreados en sus obras, así como por el entorno multicolor que les acompaña, que fragmentándose de manera casi estructuralista, nos llega a recordar el efecto decorativo y luminoso que por ejemplo provocan los hermosos vitrales góticos. Elementos estos que contrastan y lo distinguen de sus ya lejanos referentes iconográficos, nacidos de las primeras vanguardias del siglo XX, donde se representaban escenas sombrías nacidas del mundo onírico, recreándose en ciudades fantasmas, de aire neoclásico, ciudades vacías e inertes, de grandes perspectivas lineales, donde la luz era acompañada de densas y alargadas sombras, provocando una atmósfera donde el reflexivo y pesado silencio, actúa como protagonista de la escena y donde las figuras humanas carentes de singularidad y vida, se recrean despersonalizadas cual monigotes o marionetas, haciéndonos pensar con su presencia, en la naturaleza insondable del ser y su lado más reflexivo o quizás menos amable de su existencia.

Pero Nacho Puerto nos propone con su obra algo sensiblemente distinto. Aún cuando su obra nos puede invitar a realizar las más variadas y elevadas lecturas, enmarcadas a veces en una intencionalidad perceptiva casi filosófica, la “envoltura” o lenguaje elegido por este joven pintor, eminentemente figurativo, de exquisita factura, y gusto por los aspectos artesanales o de oficio, se nos muestra más cercano y accesible en su propuesta, llegando a actuar como fiel cronista de lugares, personajes y vivencias que nos acercan a un resultado no solo hermoso, sino además, inteligible en su comunicación con el amplio público. Su reciente experiencia en la escuela de Artes Visuales de Nueva York el pasado verano, le ha aportado una amplitud de valores y recursos, que se ven reflejado en su actual obra, contribuyendo a alcanzar una personalidad y solidez en su formación, no sólo como pintor, sino también como ser humano comprometido con su realidad y época.

“De la pintura metafísica a las poses múltiples” es sin duda una excelente exposición que recomiendo a todos y que podrán disfrutar hasta el 19 de noviembre, en el Centro Cultural provincial de Las Aulas. Una de esas exposiciones que estamos obligados a ver y disfrutar. No dejen de visitarla.

Hasta la próxima entrega.


Amaury Suárez 

22 septiembre 2013

Lo más importante ante el arte y la vida.

Estimados lectores.

El pasado viernes día 20, quedó inaugurada en el centro cultural Melchor Zapata del municipio castellonense de Benicassim, la exposición titulada “Lo importante” del pintor, escultor y grabador mexicano Jerónimo Uribe. Con una asistencia considerable de público, la muestra se hace eco de su nuevo proyecto, que según hemos podido averiguar, comprende una cantidad aproximada de 80 piezas, y que su creador ha dividido en cinco fases. En esta primera, la muestra recoge una cantidad de 20 cuadros, todos ellos realizados en gran formato, con una amplia versatilidad de los recursos plásticos y de tratamientos, que hacen de su obra un valioso referente en el virtuosismo del oficio. Y es que Jerónimo Uribe con su obra, hace valer sin ningún género de dudas, su clara defensa hacia la originaria condición de pintor, demostrando a todos, que a pesar de las variedad de modas y modismos en el arte contemporáneo, la pintura de caballete, sigue conservando también hoy, su indiscutible valor como opción, así como sus amplias posibilidades expresivas y de lenguaje.

En la muestra vemos como su autor utiliza de manera reiterada el recurso del autorretrato, haciéndolo valer como  elemento clave e hilo conductor del recorrido visual y conceptual del conjunto, algo que nos permite apreciar su intención de hacer con ello un discurso intimista y en suma muy personal, que nos habla de capítulos y vivencias que conforman y singularizan la personalidad de este autor, no sólo como creador, sino además (y quizás lo más importante) como ser humano. Sin duda Uribe no ha podido escoger mejor título para este proyecto, “Lo importante”, es una frase que encierra toda una declaración de principios, a parte de un claro posicionamiento ante el arte y la vida. Frase que encierra el reconocimiento y valor que este artista le otorgar a valores tan sagrados como la familia, los amigos, los referentes culturales y artísticos etc. Jerónimo es sin duda no solo un buen pintor, sino además una persona de amplia gratitud.

Desde el punto de vista técnico en la realización de las obras, tengo que decir que estamos ante un pintor maduro, de amplios recursos plásticos y con un sólido dominio de la técnica y el dibujo, aspectos que convierten a las escenas recreadas en sus cuadros, en una obra bien acompasada en forma y color, donde todo fluye con notable armonía y belleza. La singular huella de sus raíces Aztecas, se encuentra presente en esa expresividad casi “Fauvista” del cromatismo empleado en sus obras, pero también en la presencia de los símbolos e iconografías de su cultura, que hábilmente este autor equipara a los referentes homólogos europeos. Las texturas de los fondos en sus obras (tanto visuales, como táctiles) que entremezcladas con el grafiado de la línea y el manejo de las proporciones de las figuras, hacen aflorar con agrado, a tres virtuosos referentes artísticos, que alimentan la honrosa savia de las raíces de todo mexicano; el fantasma de un Siqueiros, de un Diego Rivera o del gran Clemente Orozco, otorgan también a Uribe el derecho de su singularidad cultural y artística.

Una vez más Jerónimo Uribe nos ha deleitado con su trabajo, y una vez más, este destacado creador nos ha demostrado que sólo es posible ganarse el respeto como verdadero profesional, cuando los pilares que sostienen a la obra, se basan en la calidad y rigor de una técnica empleada, en la dedicación y búsqueda constante de nuevas ideas y en una propuesta que eleve y enriquezca, no solo al público que la observa, sino al propio autor que la realiza. Solo así estaremos en presencia de un resultado, que como en esta ocasión, ha valido la pena comentar con agrado y esperanza de que no todo esta perdido.

La muestra podrá ser visitada sólo hasta el próximo día 29 de septiembre, de 18:00 a 21:00 horas. Espero que no dejen de visitarla, porque esta exposición es de esas que se disfruta observando y además se aprende, algo que ocurre muy pocas veces por estos lugares.

Hasta la próxima entrega.


Amaury Suárez.

07 septiembre 2013

Mística y diálogo, en una obra para ver y entender.

Estimados lectores.

Comienza el período de exposiciones en el centro cultural provincial “las Aulas” y en esta ocasión lo hace con una muestra del joven pintor castellonense, o como él mismo se define, artista visual, Alejandro Mañas García (Castellón - 1985) titulada, “Mística y diálogo” que quedó inaugurada el pasado martes día 3 de septiembre. La exposición comprende a un conjunto de obras de notoria singularidad, y yo diría incluso muy poco frecuente en este espacio expositivo en cuanto al lenguaje expresivo utilizado. Mañas García, es licenciado por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia y en la actualidad se encuentra realizando su tesis doctoral en la misma institución pública.  Esta exposición forma parte de las conclusiones de la investigación llevada a cabo por él durante los últimos dos años, la cual gira entorno a la problemática actual sobre la espiritualidad y la mística, como proceso creativo en el arte contemporáneo. A pesar de su juventud, Alejandro Mañas García ya posee un amplio y fructífero currículum vítae, con varios premios y reconocimientos, que lo reafirma como un sólido valor dentro de la creación artística, abnegado a un trabajo serio, de calidad y rigor, dentro de su carrera como artista visual.

La exposición que nos ocupa, está concebida en una representación “clásica” del lenguaje conceptualista, donde las instalaciones, los elementos “Povera”, el “Ready made” (objeto encontrado) y demás recursos expresivos utilizados en este movimiento se dan cita para lograr una atmósfera de marcado intimismo y sobriedad, que es algo que sin duda resulta muy poco usual en la galería de este centro cultural; destinado generalmente a un arte figurativo de lectura más cercana, amable y a veces de calidad (en el menos frecuente de los casos) o de obras aficionadas, muy carenciales y pobres, que lamentablemente resultan ser los ejemplos más comunes, irritantes y molestos que aquí se exponen. Tengo que destacar muy positivamente de esta exposición, la excelente factura y gusto en la distribución espacial de las piezas. Aspecto que ha llamado satisfactoriamente mi atención, ya que el concepto museográfico, que es aquel recurso que atiende tanto lo espacial, como lo teórico y que da carácter e identidad a la exposición, propiciando el contacto entre la pieza y el visitante de manera visual e íntima, y que es además el que permite que la comunicación hombre – objeto se manifieste de manera fluida y armónica en el espacio expositivo elegido, ha sido algo que me ha permitido disfrutar cómodamente en esta exposición, tanto de la riqueza individual de cada pieza, como de la distribución espacial del conjunto. Sin duda su autor ha apostado más por la calidad, que por la cantidad y esto se ha visto recompensado por una imagen de gran reflexión y belleza que hace del espacio expositivo un lugar donde la luz tamizada y el ensordecedor silencio, gravita de manera inquietante sobre la idea, y esta a su vez, nos da paso a la introspección de un diálogo íntimo y callado del “yo” interno de aquel que la observa.

Sin duda la amplitud de lectura de esta muestra, que en apariencia nos puede resultar inaccesible o incluso hermética (sobre todo para el amplio público) es por el contrario extensa, variada y muy enriquecedora tanto en discursos, como en sensaciones, eso sí, aunque siempre supeditada a la particular capacidad y sensibilidad del receptor que la observa, ya que esta no responde a una forma “tradicional” de diálogo, como algunos preferirían; algo que curiosamente, también resulta común a todos los lenguajes del arte sean estos abstractos o figurativos. Muchas veces he escuchado decir a alguien que “entiende” la pintura de Velázquez, cuando en realidad lo único que sabe es describir la virtuosa artesanía de sus formas. La imagen artística no puede basarse sólo en su “envoltura”, sino en la idea que dimana de aquel discurso que la distingue, por eso es que Velázquez es mucho más que la ejecución magistral de una técnica, pero sólo podrá ser disfrutado a plenitud, delante de los ojos de un receptor culto y sensible, que sepa apreciar también la complejidad que sin duda encierran sus discursos.

Alejandro Mañas García nos invita a través de su obra, a disfrutar de un ambiente que él denomina místico, proponiéndonos recorrer un camino que no se muy bien si se dirige hacia la espiritualidad de lo arcano, o hacia una mística espiritual, pero que en cualquier caso, su obra me transmite una grata sensación de paz y sosiego, que casa muy bien con sus palabras cuando nos dice… “cuando monto una exposición intento que el lugar se convierta en una capilla de reflexión, creo un clima para ese diálogo de amor absoluto, como una capilla que invita al recogimiento y la contemplación”.

En esta ocasión, el objetivo buscado por su autor se ha cumplido y esta hermosa y cuidada exposición, nos permite intentar encontrar dentro de nosotros, respuestas a preguntas que siempre nos acompañan en la vida, no se si es a causa o consecuencia de la mística o la filosofía, o por simple curiosidad, tal vez sea por ese antropológico sentimiento de la existencia del ser, lo cierto es que “Mística y diálogo” es una exposición que debe ser visitada por el amplio público, porque la creación no se limita única y exclusivamente a realizar obras, en este caso para ver, sino también y quizás lo más importante, para entender.

La muestra permanecerá abierta al público hasta el próximo día 21 de septiembre y podrá ser visitada de lunes a sábado en los horarios comprendidos entre las 10:00 y las 14 horas en las mañanas y desde las 17.00 hasta las 21:00 horas en las tardes.

Hasta la próxima entrega. 

Amaury Suárez

23 julio 2013

Stefano Popovski un pintor “guay”, pero que no marca la diferencia.

Estimados lectores.

Desde el pasado martes día 16 de julio y hasta el 31 del mismo mes, permanecerá abierta al público la exposición monográfica del pintor búlgaro Stefano Popovski (Plovdiv – 1964) muestra con la que se concluye la primera etapa del curso de exposiciones en el centro cultural las Aulas de la diputación de Castellón, volviéndose a reanudar en el próximo mes de septiembre.

Popovski pintor con formación, se licenció en la Academia de Bellas Artes de V. Tirnovo en el año 1990 y viendo su exposición, no me extrañaría que obtuviera su título, por ese azar inexplicable, de dudosa credibilidad y reconocimiento, que con relativa frecuencia encontramos en los licenciados de hoy en día, donde el alumno pasa por el conocimiento, pero este último no pasa por el alumno; y que a pesar de ello, no tienen reparo en exhibir un título que no es ni por asomo, reflejo ni distinción de un especialista, y sí ostentación de alguien que hace de su “hobby” una carrera. Carrera y curriculum que en el caso de Stefano Popovski, no presenta apenas reconocimientos y no es de extrañar, vista la pintura que realiza. Y es una pena que esto le ocurra a un profesional, pero he visto trabajos de nobeles aficionados con mucha mejor calidad que lo que aquí nos presenta este licenciado de la Academia de Bellas Artes de V. Tirnovo.

De todos es conocido mi total desaprobación, descredito y desacuerdo hacia aquellas personas, que realizando un ejercicio de inconsciencia, pero también de irreverencia hacia la disciplinas de pintura, escultura o cualquiera de aquellas que se estudian en las academias de bellas artes, se aprovechan de la falta de criterio, permisibilidad o sencillamente incultura de los que juzgan el arte actual, sean profesionales o público en general, logrando hacerse con un nombre de referencia en círculos “culturales” de ámbito local; personajes como algunos que ya han sido objeto de crítica en este blog, y que al final gracias a tanto bombo y platillo injustificado, le sirve como lanzadera para proyectos más ambiciosos, errada notoriedad o sencillamente para inundar con su “arte” los más variados rincones de una ciudad. Pero cuando la falta de calidad y rigor viene de alguien que ha pasado por una escuela de Bellas Artes y además ostenta un título de licenciado (como es el caso) mi reproche se hace mayor, pues este crea con su mal trabajo, no solo su descredito personal, que cada cual es libre de anularlo como mejor le parezca, sino también el descredito de toda una profesión, dando pie a que los más incapaces (los anteriormente mencionados) se aprovechen y hagan bandera de sus carencias, haciendo que la rueda de la mediocridad gire y gire sin parar una y otra vez, y la falta de calidad en las formas y también en los contenidos del arte actual siga siendo una constante y justificado motivo de su banalización. Es como si al beber un vino, de una botella etiquetada por la bodega de Vega Sicilia, nos diéramos cuenta de que ha sido rellenada con vino de garrafa, pero ante el clamoroso fraude de nuestra degustación, no decimos nada y lo aceptamos como bueno, otorgando de esa forma y con nuestra actitud, un valor auténtico y distinguido a cualquier vino de garrafa que bebamos.

Esta exposición es muy carente de todos aquellos elementos que hacen posible distinguir a un especialista de alguien que no lo es. Y para colmo de males, su autor se escuda en una “erudita” reflexión más propia de novela rosa de entretenimiento, con todos los clichés que estas poseen, cuando nos dice… "El arte visual no se entiende, sino que se contempla. Si provoca emociones, impresión y presenta mundos a los que el espectador desea acceder, su objetivo está  cumplido". Pues bien, otorgar al arte y en particular al arte visual, tales cualidades, es un claro acto de inconsciencia y romanticismo barato, que lo único que pretende con ello, es empobrecerlo y vulgarizarlo, quizás con el ánimo de ser un artista “chachi”, “guay”, cool o cualquier otro tipo de calificativo/chorrada populista, que solo se preocupa por buscar en los demás la aprobación ególatra del autor, más que la de su propia obra. En definitiva, una manera absurda, errónea e injusta de “democratización” del arte, donde la calidad no es importante o sencillamente no interesa. Decir que si “…provoca emociones, impresión y presenta mundos a los que el espectador desea acceder, su objetivo está  cumplido", es ahondar en la superficialidad más pueril del análisis, pues claro que todos reaccionamos y experimentamos emociones ante las cosas, para ello solo tenemos que estar vivos, hasta una mierda nos provoca asco, y un mal trabajo de un licenciado en arte, pena y descrédito, lo importante es saber si eso es lo que se quiere provocar, si es así como deseamos ser valorados, porque si todo se reduce a una simple provocación de emociones, entonces esta exposición es todo un éxito de mal gusto y vergüenza a la profesión.

Me ahorraré un análisis técnico de la misma, ya que tanto los errores de dibujo, como el empobrecido uso del cromatismo de los cuadros, el tratamiento descuidado de las pinceladas, e incluso las composiciones, es algo que clama al cielo, por otra parte, quien no tuvo la capacidad de aprender y distinguirse como profesional después de tantos años de carrera, no creo que sea capaz de entender una crítica a su trabajo. Por último decir que hasta el discurso de los temas resultan obsoletos y carentes de todo interés y no porque sean paisajes o bodegones, hoy en día hay pintores que cultivan esos géneros y los hacen con mucha más distinción y calidad, incluso algunos que no son licenciados en arte.

Creo sinceramente que esta exposición ilustra con claridad aquella frase aristotélica que dice… “La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica” y por lo que aquí he visto, no hay ni una cosa, ni otra, sólo un conjunto de cuadros mediocres, carentes de toda personalidad y empaque, que bien pudieron ser pintados por cualquier aficionado, pero que lamentablemente están hechos por un licenciado de la Academia de Bellas Artes de V. Tirnovo, el pintor Stefano Popovski.

Hasta la próxima entrega. 

Amaury Suárez