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04 julio 2009

El Tombatossals con pies de barro.






Muy estimados lectores, no se porque extraño motivo, ni a que justificada razón responde, pero desde hace algún tiempo a esta parte, están surgiendo con relativa frecuencia en los espacios públicos de nuestra ciudad, esculturas del pintor Melchor Zapata, la más conocida, el “Tombatossals” en la avenida Lledó, pero también, “El Arrancapins”, el “Toro” en la plaza de España, junto al parque Ribalta, “EL Árbol” en Burriana y por ultimo “Maternidad” en la plaza de la Hierba de Castellón entre algunas mas diseminadas por diversas ciudades de la comarca, y no es que esto me resulte algo malo en principio, sino fuera porque a parte de no aportar en la inmensa mayoría de ellas, ningún valor referente, ni en lo estético, ni en lo artístico, tampoco lo hace en su relación con el entorno urbanístico, donde muchas veces, o no se ha pensado en un concepto armónico y coherente de las escalas y las proporciones, o bien el emplazamiento del lugar elegido no es el más idóneo. Quizás el motivo de tanta pobreza técnica y conceptual se deba, a que como el mismo suele decir en sus entrevistas, se reconoce más como pintor, que como escultor, algo que le honra por su sinceridad y franqueza (aunque particularmente considere, que es igual de anodino, en ambas disciplinas artísticas) pero esto algo que no tendría tampoco mayor importancia, sino fuera porque la critica de esta ciudad, al parecer no comparte este criterio, la cual ensalzándolo y haciéndose eco en los periódicos de mayor tirada de esta localidad, ha llegado a considerarlo “un genio”, “un maestro del color” y hasta se ha atrevido a comparado, en lo que considero un ataque de “delirium tremens”, con el mismísimo Miguel Ángel Buonarotti, a ver señores, como decía el portero del edificio, en una popular serie televisiva, “un poquito de por favor” está bien la cortesía y la amabilidad, está bien, que se halague al “artista”, incluso está muy bien, que se le invite a comer una paella si se quiere, pero de ahí, a comparar a Melchor Zapata, con el escultor por excelencia de todos los tiempos, al autor de obras de tan excelso virtuosismo, como lo son “El Moisés”, “La Pietat”, o el archiconocido “David” es cuanto menos de una desproporción absurda, de tal incoherencia intelectual, que haría enrojecer de vergüenza, al más inculto de esta nuestra “comunitat”, pero bueno, como dice el refrán, “en la variedad se encuentra el gusto” y en la huerta del Señor, podemos encontrarnos de todo, incluidos aquellos raros “especimenes” que cometen tan inexplicables errores, impropios de alguien que ha dedicado sus estudios a la critica especializada en arte. Y esto aunque nos pueda parecer raro, es sin lugar a duda, la piedra angular de cómo se concibe y se trata el Arte en esta ciudad, porque al parecer, no se quiere entender aun, que cuando se eleva hasta el delirio al que no es más que un aficionado con cierta gracia, se infravalora a aquellos que merecen un mejor y mayor reconocimiento de su trabajo. Si somos capaces de equiparar en una comparación absurda, a Melchor Zapata con Miguel Ángel Bonarotti o a Juan Ripollés con Pablo Picasso, entonces es que se ha perdido el rumbo y junto con el, la pérdida de valores que marcan las diferencias entre lo culto y lo vulgar, entre lo profesional y lo aficionado, entonces se es incapaz de diferenciar la autenticidad de un jarrón de porcelana china, de cualquiera de sus históricas dinastías, con uno de losa, que podemos comprar en una tienda barata oriental de todo a un euro. Cosas como estas, son las que les hacen ser ignorantes patológicos, es decir, cultos sin cultura, especialistas sin instrucción y sobre todo y para mayor vergüenza, muy injustos.

Pero retomando el tema que hoy nos ocupa, que no es otro que la reveladora propagación de la obra escultórica de Melchor Zapata, siempre he pensado (y no solo en este caso) que es injustificada tantas asignaciones de proyectos a una misma persona, porque estoy convencido de que en nuestra ciudad, contamos con jóvenes creadores, egresados de las escuelas y talleres de Arte de Castellón, Valencia y Alicante, mucho mejor preparados y que aportarían mayor calidad y frescura, tanto en las técnicas como en los contenidos de los proyectos, claro que para que esto ocurra, la política de “encargos” tendría que ser mas heterogénea y justa, pues tal parece como si solo existieran los mismos “elegidos” para diseñar el “arte” de esta zona, y puedo entender que los haya, pero lo que me molesta, es que pretendan convencernos de una calidad y unos valores artísticos inexistentes, otorgándoles un lugar injustamente merecido, que no solo ofende a la razón y al intelecto de los que vemos mas allá de las fronteras de esta ciudad, dejándonos indirectamente como ignorantes, sino que además, nos hiere mucho a los ojos y al corazón. Y es que en realidad, salvo escasas excepciones, aquí los hay malos en el oficio, muy malos en las ideas y peores en las dos cosas.

En el caso de Melchor Zapata, tanto el trabajo que realiza en pintura, como en la escultura, podría calificarlo de aficionadamente digno, sin duda es un gran trabajador y prueba de ello, son sus regulares exposiciones y proyectos que acomete en cortos períodos de tiempo. Pero en Arte no solo el trabajo cuenta, hay que hacerlo desde el estudio, la investigación y desde un espíritu de superación constante, tratando siempre de aportar aunque sea en una pequeña parte, distinción, calidad y amor en las propuestas. Pero al hacerse tan reiterativo y omnipresente en nuestros paseos de domingo por esta ciudad, nos permite descubrir en cada obra, sus más autenticas carencias y errores. Y es que lo bueno queridos amigos, si es breve, dos veces bueno, un atracón aunque sea de caviar (suponiendo que este sea el caso) nos pude resultar indigesto, no solo a las bocas que saben degustar y apreciar los sabores, sino también a las que engullen como inciviles.

Muchas gracias

Amaury Suárez


Seguiremos informando…

01 julio 2009

Juan Ripollés. Pan para hoy… ¿Y mañana que? II Parte

Estimados lectores.

Siguiendo con el tema referido a la autentica calidad y “originalidad” de la obra de Juan Ripollés, quiero abordar en esta segunda y última entrega, algunas cuestiones referentes al método y uso de los diversos materiales, que este pintor emplea para realizar sus trabajos, lo cual nos invitaría nuevamente a reflexionar sobre una inquietante posibilidad de riesgo en la conservación y restauración de su obra pictórica (principalmente de aquellas realizadas en Técnicas Mixtas) donde es evidente que el pintor ha manipulado de manera un tanto arbitraria y con total libertad irresponsable, los diferentes materiales, técnicas y procedimientos que se emplean en las confección de dichas obras, algo que nos viene a demostrar una vez más, su escaso conocimiento y/o su mala praxis, en los aspectos técnicos y artesanales que debe conocer siempre un pintor para garantizar un resultado mucho más perdurable de su trabajo, alertándonos significativamente sobre el posible riesgo que esto representa para la conservación y restauración de las colecciones tanto de las privadas, como de las publicas que ya existen y de aquellas que están por llegar. Dicho de otro modo, ¿Existe en la obra de Juan Ripollés una garantía real, de los aspectos de durabilidad y conservación en su obra, o por el contrario, estaríamos ante un trabajo de difícil y costosa labor de conservación y restauración, que en el peor de los casos, viviría destinada a desaparecer parcial o totalmente en un tiempo relativamente breve?

Como ya vengo apuntando desde el artículo anterior, para un pintor es fundamental el rigor en el conocimiento especializado, así como un estudio conciente de un método, que le facilite un control de los aspectos técnicos, de los procedimientos y materiales, y de los medios que debe utilizar, con el fin de lograr un control mayor de sus aplicaciones y efectos. De esta manera, se podrá sacar el máximo de provecho, asegurándose de que los resultados serán más permanentes, estables y duraderos en el tiempo. El incumplimiento de estas reglas, provocaría irremediablemente unos consecuencias impredecibles y generalmente perniciosas para la durabilidad y la conservación de la obra de arte, máxime si en su elaboración han participado diferentes técnicas, materiales y procedimientos, como es el caso de las Técnicas Mixtas, muy usadas por este pintor y por consiguiente, muy diseminada entre sus coleccionistas.

Con este planteamiento vengo a ratificarme una vez más, en la denuncia de insustancialidad teórico – conceptual, hacia aquellos que le atribuyen a los aspectos del oficio en arte, una importancia menor. Hasta los mismos predecesores del arte Conceptualistas allá por los años 40 del pasado siglo XX, que abordaban el recurso de lo efímero, se preocupaban en dejar testimonios de sus fugaces acciones artísticas, en soportes mucho más estables y duraderos como la fotografía, el video o los dibujos de estudio previo a la acción, los cuales le garantizaran una constancia en el tiempo del hecho artístico y por consiguiente, mayor trascendencia en lo testimonial.

Pero aun así una cosa es, que el recurso de lo efímero sea justificación conceptual para avalar una obra que pretende abordar un tema o intención determinada y otra bien distinta sea, que aquella obra por la que se ha pagado una cantidad de dinero nada despreciable, con el objetivo bien sea, por goce y disfrute estético (esto es extraño, pero posible) o como inversión, para dejarlo en herencia a nuestros hijos y nietos, nos dure menos que un dulce en la puerta de un colegio, esto sin duda, sí sería dramáticamente preocupante, ¿no creen?

Algún que otro “experto” en estas materia, me ha llegado a decir que los materiales que usa Ripollés son de primerísima calidad, que tanto sus pinturas, disolventes, pigmentos, barnices, aceites, como sus lienzos, son de primeras marcas y que eso por si solo ya es una garantía, defendiendo con este “argumento” la curiosa y a mi entender “clasista” teoría, de que el deterioro de la pintura está estrechamente vinculado a la calidad del producto que utilicemos, por ejemplo, si pintamos con una marca desconocida y barata corremos más riesgo de deterioro en nuestros trabajos que si lo hacemos con una más cara y de mayor calidad, y esto no es necesariamente así. Según nos dice en su libro, “Materiales y Técnicas del Arte” Ralph Mayer, fundador del Instituto de Investigación de Técnicas Artísticas y sin duda una de las voces más autorizadas en el mundo sobre estas cuestiones que… “sobre la calidad de los materiales pictóricos, debe tenerse en cuenta que la calidad de las pinturas y bases no es por si misma una garantía infalible de permanencia y eficacia. Muchos fracasos se deben al manejo indebido de los materiales”. Un ejemplo valiosísimo además de muy ilustrativo, en el mal manejo de los materiales y sus procedimientos, lo podemos encontrar en el siguiente enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=Krv4jW1HKXs

Estimados amigos un vez más, y a pesar de lo que muchos pretendan defender y justificar, Ripollés se encuentra también aquí, con el espejo de sus limitaciones, solo que esta vez, no se trata de apreciaciones sugestivas respaldadas sobre gustos y preferencias estéticas, que tantos esgrimen para su defensa, las reacciones químicas provocadas por un mal manejo de ellas, no entienden de eso, ni de la “incontrolada” creatividad que le ha imposibilitado al “maestro” someterse al rigor de la disciplina y el conocimiento académico, aquí se trata de “comprar” humo a precio de oro, de tener o no tener en casa, una estatua de sal, que debemos trasportar descubierta en plena ventisca, “todo lo demás”, es una película de Woody Allen.

Muchas gracias

Amaury Suárez

Seguiremos informando...

24 junio 2009

Juan Ripollés. ¿Calidad o Marketing? ¿Gusto o Inversión? (I Parte)

Estimados lectores.

Quiero inaugurar este blog, hablándoles de quien es sin duda y desde hace mucho tiempo, la figura artística más popular y representativa de la plástica de Castellón, y yo me atrevería incluso a decir que también, de la Comunidad Valenciana. Por supuesto que me estoy refiriendo a Juan Ripollés (Castellón 1932), ese singular personaje que solemos identificar como “el loco de los cuernitos”, con su barba cana llena de margaritas, que anda desnudo por el campo y que siempre lleva su característica ramita de romero en la boca, ese que desde hace algún tiempo la critica lo ha identificado con el nombre artístico de “El beato Ripo” esto de “beato”, no se si es por la cara de felicidad que siempre muestra Ripollés en sus apariciones o por la veneración que se le tiene (debe ser por lo segundo). El caso es que su obra, se encuentra diseminada por toda la extensa geografía de esta zona, sorprendiéndonos en cada rincón de esta ciudad; edificios, plazas, rotondas y jardines, son distinguidos por sus piezas, haciéndose eco y escenario ideal de su trabajo, sus exposiciones superan en mucho, la decena en solo un año de trabajo, (sin duda una gran productividad) lo cual nos ofrece la posibilidad de disfrutar simultáneamente de sus obras en galerías de Paris, Ámsterdam, New York, Madrid, Barcelona y Valencia entre otras muchas ciudades del mundo, su trayectoria artística es muy extensa, con lo cual, no me sorprendería en lo más mínimo, que en algún momento se pensara también en la posibilidad de colocar alguna de sus singulares figuras “ovomorfas” en la luna, aunque teniendo en cuenta el interés que se esta poniendo en los acuerdos internacionales, por el control de la basura espacial, seria algo difícil, pero no se entristezcan sus admiradores, todo se andará.

Por otra parte, no hay en estos momentos en la ciudad de Castellón, ningún importante acontecimiento cultural oficial que se precie, que no le tenga presente, bien sea en forma física o mediante su obra. Un acto cultural, realmente significativo, carecería de autentico valor, si no ha estado presente el pintor, o no te has podido llevar a casa uno de sus inagotables y muy parecidos grabados, hechos sobre papel manufacturado que él, o sus ayudantes confeccionan.

Ripollés se ha convertido en sello de denominación de origen, de ahí que tanta difusión, haga que le conozcamos todos, los de aquí y los de allá, los que estamos vinculados al arte de alguna manera, o aquellos que no han entrado nunca ni a una galería o a un museo, tan vital y recurrida resulta su presencia, que incluso, en Septiembre del año pasado, (año 2008) se programó una actividad por parte del Excelentísimo Ayuntamiento de Valencia, para que presentara su obra a un grupo de 23 invidentes, sí, como lo han leído, invidentes, y no es que me parezca mal que alguien limitado o imposibilitado de tan preciado sentido, se le prive del conocimiento y disfrute estético, en absoluto, pero creo que existen en estas tierras del Mijares y el Turia, otros referentes mucho más internacionales y de mayor valor de aportación estética y artística, que deberían conocerse antes, que al singular Ripollés, ya que correríamos el riego con actos como estos, queden superados, desconocidos, o en el peor de los caso olvidados, grandes maestros de la historia del arte de esta Comunidad. Pero es que nadie puede quedarse si disfrutar de la magnifica obra del maestro Ripollés, nadie, todos tenemos que conocerla, los que tenemos la posibilidad de ver y también los invidentes.

La obra de Ripollés se ha convertido en un valioso producto, que aunque “no guste”, como suelen decir una inmensa mayoría de las personas a las que les pregunto e incluso, que tienen alguna pieza en propiedad, todos la quieren tener colgadas en su casa, quizás no en la pared principal del salón, pero si en alguna otra, que nos permita mostrarla a los "distinguidos" amigos que nos visitan, con lo cual, esta extraña situación provoca en mi varias interrogantes, algunas de ellas sin respuesta aparente, como: ¿Es oro todo lo que reluce?, ¿Hay en efecto una calidad que ampara tanto bombo y platillo? ¿O es todo producto de un marketing interesado y muy bien orquestado por parte de los “poderosos” coleccionistas que atesoran decenas de sus piezas en sus casas y que quieren expectantes ver traducido en dinero, esas infantiles e incomprensibles imágenes de extraños monigotes?, ¿Es devoción por el arte, o simplemente inversión de futuro cual plan de pensiones?

Iremos por partes, pero antes de dar comienzo a este articulo, quiero manifestar que este no responde a un posicionamiento de preferencias y gustos, ni a la defensa de tendencias enfrentadas con la propuesta de este pintor, sino a una valoración contrastada y fundamentada en diferentes factores técnicos, artísticos, circunstanciales y de antecedentes históricos, que me han permitido hacer una valoración, (siempre desde un punto de vista personal) sobre las causas y efectos de este particular fenómeno de masas, que es sin duda Juan Ripollés. Dicho esto, no seré yo el que pretenda dar una respuesta categórica y concluyente al respecto, no es mi intención, y por otra parte, en arte muy pocas cosas lo son, y es que aunque pueda intuir una aproximación a la verdad del fenómeno, no tengo pruebas que demuestren tal verdad y por consiguiente, el riesgo a equivocarme resultaría innecesario, pero sí me permitiré hacer una valoración de las “aportaciones” y “calidades” que amparan tanta devoción y presencia de esta obra en nuestra ciudad, así como sus valores estéticos y artísticos, pues a fin de cuenta es mi opinión, que aunque siendo la de un especialista en esta actividad creativa del quehacer humano, no dejaría de ser eso, solo mi opinión, así que vamos allá.

Si hacemos un repaso visual por la obra de Juan Ripollés, evidenciamos claramente que hay dos principales fuentes directas de influencia que se le pueden atribuir, por una parte, la del pintor bielorruso-francés, Marc Chagall y por otra, la del malagueño Pablo Ruiz Picasso, de este ultimo, de aquellas obras posteriores al Cubismo, donde se muestra mucho más expresivo y sintético en lo formal.

Es curiosamente significativo, como estas influencias en la obras de Ripollés, responden a un tipo de figuración muy esquemática y sintética, fundamentalmente en sus formas, aunque también podemos encontrarla en el color, algo que nos pudiera parecer equivocadamente fácil, por su similitud a un resultado casi infantil en el tratamiento del dibujo, pero que no lo es en absoluto, al menos no en el caso de estos dos artistas (Chagall y Picasso) donde este resultado responde a un largo proceso de síntesis y depuración técnica por el que han tenido que pasar sus obras. Picasso por ejemplo, perfeccionó en los primeros años de su carrera una técnica, que le posibilitaría luego, abordar sin apenas dificultades, sus motivaciones y temáticas; en los comienzos, con palpables influencias de los maestros que le antecedieron, pero dejando a flote cada vez más, un singular resultado y una clara personalidad en sus obras, con solo 15 años, sus obras de juventud, podrían hacer palidecer al más aventajado académico, como podemos apreciar en su obra "Ciencia y Caridad" realizada en 1898 cuando apenas tenía 17 años (en imagen) y es que las influencias en arte existen siempre, son y deben ser incluso necesarias, ya que no se puede partir de la nada a la hora de crear y siempre hay un punto de referencia para cualquier propuesta, pero de ahí, a no ser capaz de superar las fuentes de donde bebemos, es sin duda un rasgo de mediocridad, inmadurez y falta de autentico talento y es lo que a mi entender, ocurre con la obra de Ripollés, donde estos largos y complejos procesos de depuración y aprendizaje en el proceso de creación, no solo no han existido, sino que no forman parte de su método, su manera de “crear” es más irracional, accidental y caótica, lo cual produce un resultado más repetitivo, pobre e irresponsable, aspecto este ultimo, que abordaré de manera detallada, en un próximo artículo.


(En imagen - P. Picasso "La muerte de un torero" 1933).

Ripollés se ha considerado siempre incapaz de someterse al rigor y la disciplina del oficio y ha justificado esta actitud, con el tópico pero siempre atractivo discurso de su “incontrolada” creatividad, algo que para el gran público neófito de estas cuestiones, resulta siempre una característica muy publicitada, del clásico pintor bohemio y contestatario, que con relativa frecuencia aparece en las películas y en la literatura romántica de finales del XVIII y principios del XIX, pero sin duda que está muy alejada de la autentica realidad de la inmensa mayoría de los artistas serios y de verdadera trascendencia en sus aportaciones. Y es que negar la naturaleza de un pintor, entendida esta en su estrecha relación (que no dependencia) con los aspectos del oficio, es un absurdo y una gran incoherencia. El propio Ripollés ha manifestado en infinidades de ocasiones, desde su ignorancia, con tono sarcástico y con ingenuidad prepotente, que nunca le ha interesado aprender del oficio de pintor, manifestando una y otra vez en cada entrevista que se le hace, que no sabe dibujar y nunca le ha interesado aprender y someterse a la disciplina y dedicación de tan importante recurso técnico. No se quien en este caso es mas inconsecuente, si alguien que sin saber pintar pinta, o aquel que nos "vende" al pintor con tales carencias.

Sinceramente pienso que al producirse tal incongruencia, en la manera de entender el aprendizaje de este oficio, sus capacidades técnicas y representativas, son cuanto menos, pobres, vulgares y muy limitadas, de ahí que sus trabajos hayan tenido prácticamente la misma figuración desde sus comienzos hasta ahora, y esto no tiene nada que ver con un sello o un “estilo” personal del pintor, como muchos críticos nos quieren hacer ver, NO, sino con una clara limitación e incapacidad técnica, que le impone la falta de recursos plásticos a este pintor.

(En imagen - J. Ripollés "Desastre en la corrida" 1975).



Algunos creerán que mi análisis parte de un posicionamiento absoluto en defensa de los aspectos artesanales y/o de oficio del pintor y se equivocan, siempre lo he visto como un complemento muy necesario y de estimulo a la propia creación, pero no absoluto, entiendo la diferencia que hay entre arte y artesanía, pero lo que no puedo aceptar es que algunos piensen que este aspecto no es importante y que la creación surge como algo “espontáneo” casuístico o accidental, como una especie de “Don” que solo se otorga por voluntad divina, no es cierto, Leonardo Da Vinci, nos decía “El genio se crea con dedicación y trabajo” nunca nos hablo de ese "Don divino", ni de factores de inspiración espontánea, solo de dedicación y trabajo, pero no entendida como mientras más horas estoy pintando soy mejor y mas original, No, en pintura la práctica por si sola, no garantiza el éxito, por muy trabajador que uno sea, si no lo hace desde el análisis, la experimentación y la reflexión de los resultados, poco o casi nada se puede lograr.

A pesar de la nula o poca importancia que hoy en día, muchos “expertos” le atribuyen al conocimiento y la práctica del dibujo, llegando incluso los más tendenciosos y extremistas, a considerarlo como un recurso obsoleto e innecesario del aprendizaje académico; les puedo decir basándome en la autoridad que me otorga, mi experiencia de más de 25 años, tanto en la docencia, como de especialista en esta disciplina artística, que no se puede interpretar una forma, si no la conocemos, que no es solo dibujar bien el “exterior” de un objeto, sino que debemos penetrar en su esencia única y para ello, no solo debemos limitarnos a imitar lo que nuestro ojos ven de la realidad objetual, entendida esta, como la material o extrasomática, sino a penetrar en la particularidad y distinción de los conceptos que conforman esa realidad, como decía Velázquez, “no se trata de pintar las hojas de los árboles, sino al bosque”. Quizás aquellos que ahora defienden esas absurdas teorías de la falta de necesidad de aprender bien el oficio y sobre todo a dibujar, fueron victimas de profesores incapaces de transmitir ese sentimiento por el dibujo y mas que enseñarles la utilidad y la necesidad de amarlo, les pusieron a realizar mecánicamente ejercicios de imitación, haciéndoles beber solo de la superficie de las cosas y no de la distinción de sus realidades y aquellos que hablan, sin haber pasado por una academia de Bellas Artes, son sencillamente unos ignorantes . El discurso visual que pretendemos hacer todos aquellos que estamos vinculados a la imagen, debe partir de un conocimiento profundo del dibujo, primero tenemos que conocer bien el motivo sobre el cual queremos tratar, antes de poder interpretar o plasmar su síntesis, pues de lo contrario, nos quedaríamos en lo superficial, repitiendo hasta la infinidad, siempre la misma formula, haciendo cada vez mas repetitivo y pobre los resultados, es decir, seriamos victimas indiscutibles de nuestras limitaciones e incapacidades, lo cual pienso que es lo que ocurre, en el caso que nos ocupa.

En Ripollés, el discurso de sus pinturas no solo es pobre en los recursos técnicos que maneja, sino además trasnochado, estoy convencido de que este tipo de figuración, se hizo mucho mejor y con mayor coherencia contextual e histórica, hace ya mas de 100 años con las pioneras vanguardias y si hay duda de ello, solo habrá que observar las pinturas de Chagall, Dubuffe, Matisse, Miró, Paul Klee y el siempre magnifico Pablo Picasso en sus etapas posteriores al cubismo, para percatarnos de la "gran originalidad" que se nos quiere vender, siendo precisamente en esta etapa de Picasso, donde apreciaremos claramente, esa preocupante similitud con las producción que a hecho Ripollés durante toda su vida. Es notoria la pobreza compositiva, casi siempre centrada en una pieza única como elemento protagónico, carente de armonía en los ritmos y sin una lectura visual que la aglutine, es pobre además en los contenidos y en la reiteración constante de la esquematización de la imagen, compuesta principalmente de esas figuras “ovomorfas”, que no son representativas de nada, es decir, ni de pueblo y nación, ni de región y cultura, ni de lugar y costumbre, y si no, pensad en el gran Sorolla, español, mediterráneo, luz y Valencia, sin duda un claro símbolo de aportación y representación cultural de esta comunidad y nación. Y es basándome en todo esto factores por lo que pienso, que en las pinturas y esculturas de Juan Ripollés, hay desde hace muchos tiempo (yo diría que desde siempre) una evidencia incuestionable de agotamiento formal y temático; por lo que no es oro todo lo que brilla y ese valor que se le atribuye a su obra, pienso que tiene que ver más con factores de especulación del mercado del arte y de otro tipo, pero muy poco o nada, con aquellos que nos hablan de las autenticas y significativas aportaciones en el mundo del Arte. Y el que no lo quiera ver así, será porque sus aplausos solo van dirigido a un concierto que nunca escuchó, porque nunca lo hubo o es cómplice de una propaganda cultural engañosa y sin duda muy cuestionable.

Quizás este artículo pueda parecer impertinente, innecesario y hasta inconveniente para algunos, supongo que los más afectados con mis palabras sean aquellos que tienen en sus casas una gran cantidad de piezas de este pintor, imagino que los más ofendidos sean los más ignorantes y también aquellos que más han invertido en la promoción y venta de este insustancial producto, sin duda estos últimos, los de mayor responsabilidad y desvergüenza, ya que al menos, el pintor siempre ha sido consecuente y coherente con sus limitaciones. Pero los que nos han “obligado” a comprar este producto que lleva en su simiente la cualidad de lo efímero, son sin duda de una inmoralidad perentoria.

No he mencionado en este artículo, los problemas de conservación que pudieran aparecer en algunas piezas que poseen algunos coleccionistas, sobre todo en sus interminables "Técnicas Mixtas" supongo que también sea consecuencia de esa “incontrolada” creatividad de su autor, que le ha imposibilitado también a estudiar y conocer en profundidad, las características y cualidades químicas de los productos que usa, pero eso es otra historia que la abordaré en una próxima entrega, si nada ni nadie lo impide.

Les invito ahora a que reflexionen y a que busquen respuestas, a parte de mantener activo nuestro cerebro, es una buena formula para diferenciarnos mejor de los peces.
Mis cordiales saludos a todos y hasta la próxima entrega

Amaury Suárez

Continuara…