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14 diciembre 2010

Mas Arte y menos “Artistas”.

Estimados lectores.

Como ya viene siendo costumbre por parte del Ateneo Cultural de Castellón, el pasado jueves dia 9 y hasta el 22 de este mes, permanecerá abierta la exposición “Artista del Ateneo” en una nueva edición que recoge el trabajo (en su mayoría pinturas, aunque también se exhiben un par de esculturas) de 34 miembros, (32 pintores y 2 escultores) pertenecientes a esta institución.

Aun cuando la muestra presenta una agradable sensación visual, mucho más despejada y clara que las anteriores y por lo tanto, eso hace que gane bastante su presentación en el espacio expositivo, la calidad de la exposición sigue siendo aun muy pobre y aficionada, a pesar de que existen algunos (más bien pocos) ejemplos que dignifican la muestra. Y no es que considere, como según me enteré, dijo nuestro Presidente en la inauguración de la muestra, aludiendo de forma indirecta a unas palabras que publiqué en este blog hace algún tiempo, que para mi, cada exposición colectiva que presentan los miembros del Ateneo, deba ser equiparable a una Bienal como la de Venecia, o a una Feria Internacional de Arte como la de ARCO, Miami o Chicago; ni mucho menos mi estimado D. Vicente Castell, No, eso no es lo que yo expuse en mi anterior artículo de opinión en este blog, yo dije que cuidar de la calidad de las obras que representan a una institución seria, como debiera ser el Ateneo Cultural de Castellón, es lo mínimo que se debiera exigir a los exponentes que participan en las muestras colectivas, y esto no tiene nada que ver con aspiraciones utópicas y deseos personales. Soy consciente de la calidad que tienen la mayoría de los pintores de Castellón en general y los de nuestro Ateneo en particular, algunos incluso han sido, o son, alumnos míos, (por cierto, contados entre los mejores). Esto quizás tiene que ver más con responsabilidad, esfuerzo y trabajo por parte de todos los miembros de la Junta Directiva, entre los que se encuentra (como no podía ser de otra forma) usted como primer responsable, porque ustedes tienen el deber y la responsabilidad de trabajar lo mejor posible, por y para la institución que representan y que a la vez nos representa a todos. Y pienso que siempre será mejor que lo hagan con el espíritu autocrítico que se espera de todos ustedes, con los ojos y los oídos bien atentos, ante cualquier sugerencia, opinión o critica, porque sin duda es la mejor manera de crecer, y sentirse realmente orgulloso de los resultados del trabajo realizado.

Tampoco mi planteamiento tiene que ver, con negar derechos a los miembros, sino exigirles desde un posicionamiento racional, coherente y justo, que estén a la altura en cada actividad o exposición colectiva que realicen, de la institución a la que pertenecen. Si alguien quiere hacer una exposición individual y asumir en solitario la responsabilidad tanto técnica, como la del discurso o propuesta de su trabajo, desde luego que lo puede hacer y está en todo su derecho, pero en ese caso, No es la imagen, ni la obra del Ateneo la que se juzgaría, sino la del autor que a titulo personal, utiliza la sala de exposiciones que la institución le ofrece como miembro, asumiendo individualmente las consecuencias tanto de éxito, como de fracaso.

Algo muy diferente es tener una actitud indulgente, permisiva e inconsecuente ante la calidad de actividades como estas, donde la institución Sí proyecta su imagen fuera de sus puertas al conjunto de los ciudadanos que la visitan, sean estos de aquí o de fuera de nuestra ciudad. Que no se tenga la menor duda que en una exposición colectiva, organizada y auspiciada por el Ateneo Cultural de Castellón, la imagen de la institución es la que se expone y por lo tanto, asume los riesgos de ello.

Ya dejé por escrito en ese pasado artículo al que usted indirectamente ha hecho referencia, donde radica la diferencia, si tiene ocasión D. Vicente, le ruego que lo vuelva a leer y sobre todo, trate de hacer un amable esfuerzo por entender mis intenciones y argumentos, tampoco tengo ningún inconveniente en explicarlo públicamente en una charla coloquio a todos los miembros, (también a los de la Junta Directiva) si así fuera necesario o lo considera usted oportuno, mis intenciones son las mejores para con la institución, así como mi respeto a los miembros que la dirigen, pero sinceramente pienso que lo que se hace en el apartado de Artes Plásticas permitiendo actividades como esta, no ayuda a la imagen de un centro que pretende, o debe ser, un ágora de conocimiento, belleza y calidad en su imagen, otra cosa muy distinta es que lo llamemos “Asociación de aficionados al Arte”, o “Colla del Arte” o “Club de pintores y escultores noveles” o cualquier otro nombre que se le pudiera ocurrir para definirla, pero en ningún caso Ateneo Cultural de Castellón, creo que es de justicia rememorar con honra el templo de Minerva (diosa de la sabiduría) y merece no solo más “categoría” (como se suele decir por estas tierras) si no además, un cuidado más serio de la imagen.

Para terminar y también a modo de sugerencia, siendo coherente con la valiosa semántica en cuanto a las intenciones y definiciones de los conceptos que utilizamos para describir una cosa o un fenómeno, quizás sea más coherente con la calidad que nos presentan estas muestras colectivas, cambiar lo de “artistas” del Ateneo por “Trabajos de pintura y escultura de los miembros del Ateneo”. Lo digo porque “artistas” en esta exposición no he encontrado a ninguno, ya que un artista es un individuo que ha desarrollado tanto su creatividad como la capacidad de comunicar la experiencia vivida, mediante el buen uso de la técnica y la originalidad de la idea, y en esta muestra, (como en las anteriores) salvando poquísimas excepciones de un loable oficio, hay serias carencias tanto de técnicas, como de propuestas en los trabajos, así que sería mejor no llamarnos artistas, porque a mi juicio, es mucho pretender y la modesta humildad nunca esta de más sobre todo en arte, donde abunda tanto “fantasma”.

Espero que esta vez haya quedado más clara mi opinión, sobre las exposiciones colectivas que realizan los “artistas” del Ateneo Cultural de Castellón y como no puede ser de otra forma, invito a todos vosotros (si no tienen una cosa mejor que hacer) a que visiten la muestra en la calle Antonio Maura, 4.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

10 diciembre 2010

En Castellón a los que no quieren caldo, se les ahoga en sopa.

Estimados lectores:

Una vez más los periódicos locales nos informan de una nueva obra escultórica del único y omnipresente artista castellonense Juan Ripollés, la escultura con 18 metros de diámetro de circunferencia (el mayor volumen de todas las que ha realizado hasta la fecha) se instalará en la rotonda de acceso al aeropuerto de Castellón. La misma rinde homenaje, al que según palabras del autor, ha sido el máximo impulsor de la instalación aeroportuaria, el Sr. Carlos Fabra. La monumental obra servirá para dar la bienvenida y el adiós, a los turistas que lleguen y se vayan en avión de nuestra provincia.

Y digo yo que además servirá, para que todos aquellos que nos visiten (sean turistas nacionales o extranjeros) no tengan la menor duda, en cuanto a que toda esta ciudad no es otra cosa, que la particular galería al aire libre de este cabrituno artista, por la gracia de los políticos que nos gobiernan en esta comunidad desde hace algunos años; como tampoco podrán tener dudas, de que así como en la antigua Roma, en el Irak de Saddam Hussein, en la Corea del Norte de Kim IL Sung, o en la España de Franco, aquí también practicamos el culto a la personalidad de nuestros lideres políticos realizándoles obras colosales, como queda demostrado en estos significativos ejemplos. Algo que particularmente me molesta y desde luego no puedo aprobar, pues siempre he creído más digno y de aprecio, que a un político se le recuerde más por sus obras y gestión al servicio de los demás, que por los monumentos que le erigieron en vida, máxime aun, cuando existen más que sospechas, sino indicios legales, de conducta irregular del que precisamente le ha servido en esta ocasión de inspiración a este artista para esta obra, pero en fin, “es lo que hay”, como me dicen con resignación, algunos de mis amigos de Castellón que al parecer ya están acostumbrados de que cosas así ocurran en estas tierras.

Por otra parte, volver a ver en tan corto espacio de tiempo, otra obra de Ripollés en nuestra ciudad, es un acto que ante la incuestionable evidencia, solo puede ser “entendido” o “justificado”, si pensamos en turbios compadreos con la clase política que gobierna en esta comunidad.

Porque los favoritismos que se tiene con este artista, ya huelen muy mal y resultan de una obscenidad y de una falta de respeto, no solo a los artistas de la zona, muchos de ellos jóvenes con obras de mejor y mayor calidad que la del Sr. Ripollés, y que ante estos claros tintes de prevaricación y arbitrariedad en el diseño de la política cultural de nuestra ciudad, no les queda más remedio (o al menos es lo que hacen) que corresponder con el cómplice y servil silencio, sino que además (y a mi juicio aun más grave si cabe) se menosprecia a la población, que en los tiempos que corren de grandes ajustes y recortes presupuestarios, tienen que resignarse a escuchar en las emisoras locales o leer en los periódicos, como jugosas partidas de nuestro dinero (en esta ocasión son 300.000 euros, pero que ya suman millones) se quedan, controlan y reparten siempre entre los mismos, dejando actuar con manos libres a aquellos que deben servirnos y gestionar con responsabilidad, equidad y justicia los intereses de todos. Y es que no se puede dejar hacer y deshacer con total impunidad, lo que a estos señores les da la gana. Decía el escritor español Noel Clarasó que un político es aquel que se pasa la mitad de su vida haciendo leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas. Y no encuentro en estos momentos y para el caso, mejor frase, porque lo que ocurre en Castellón (al menos con los asuntos del arte y la cultura) es de juzgado de guardia (y nunca mejor dicho).

Por otra parte tiene gracia, pues luego me hablan del descontrol en la gestión, del despilfarro y del cacicazgo que existe en las republicas bananeras de otros países, principalmente en Iberoamérica; quizás fueron estos polvos, los causantes de aquellos lejanos lodos, pues sin duda la colonización fue larga y profunda y sería más aconsejable que antes de ver la paja en el ojo ajeno, miremos la viga en el nuestro.

Y es que en esta comunidad, al menos en lo referente a la cultura y el arte, las cosas o se realizan mal, o no se realizan, o se realizan a dedo, beneficiándose siempre los mismos y quedándose los más importantes y jugosos proyectos (también en términos presupuestario) en manos de los mismos. Y todo esto pudiera ser comprobable, pero al parecer, no interesa. Curiosa similitud con la “Banana Republic” ¿no lo creen así?

En fin que ya puesto a proponer y realizar homenajes, sería sin duda más lógico y coherente, con la política cultural que aquí tenemos, llamar a Castellón “Ciudad de las artes y las ciencias del engaño” al menos así, todos sabríamos a que atenernos, porque lo que está claro es que aun cuando estés convencido de que existen en Castellón más valiosas, atractivas e interesantes propuestas que la del Sr. Ripollés, los políticos de turno te lo van a seguir metiendo por los ojos, no se si por gusto, por desconocimiento e incultura, o por simple compadreo, porque aquí en Castellón con este tema, a los que no quieren caldo, se les ahoga en sopa.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

23 noviembre 2010

Mucho lirili y poco lerele.

Estimados lectores.

Desde el pasado 10 de Noviembre y hasta el próximo sábado dia 27 permanecerá abierta al público en el Centro Provincial de Cultura Las Aulas, la exposición de los trabajos finalistas del X Premio Nacional de Cerámica Ciudad de Castellón.

En las palabras inaugurales de este evento, el alcalde de nuestra ciudad, el Sr. Alberto Fabra, nos plantea que con actividades como estas, se “quiere reconocer el trabajo de los artistas y también el de una industria que cada día apuesta por la innovación, por el desarrollo tecnológico y la sostenibilidad, sin olvidar la belleza y la versatilidad que ofrece la cerámica”. Y hasta aquí todo muy bien, pero como dice el sabio refranero popular, amores son razones y no buenas intenciones, y una cosa es lo que se dice y otra bien distinta es lo que hacen algunos de nuestros políticos.

Digo esto, porque es curioso como a pesar de la alta calidad de las obras, así como de la amplia variedad de las propuestas que allí se exhiben, sin duda todas de muy alto nivel, la exposición carece de la mínima información que a modo de catalogo respalde y sirva de soporte para ayudar a ilustrar la importancia, que según las palabras de nuestro alcalde, dice darle a esta actividad, ¿curioso verdad?

No seré yo quien le diga a nuestro alcalde como debe hacer las cosas en este sentido, pues para ello ya tiene bastantes asesores, concejales y demás personal de apoyo que cobran, y muy bien además, para garantizarle una buena gestión de gobierno, pero me gustaría decir a modo de reflexión, que en los tiempos que corren, el reconocimiento y prestigio tanto de un producto, como de los artistas, si no tienen garantizado un buen soporte de marketing y publicidad, pocos sabrán de sus existencia y sobre todo, de su incuestionable calidad, porque hoy en dia, producto que no se publicita, no existe. Y esto debieran saberlo todos, incluido también nuestro respetable Alcalde.

Es por eso que siempre será más convincente y práctico, antes que las grandilocuentes retórica de los discursos y de querer emprender ambiciosos retos, acometer aquellos que aunque más discretos y humildes, merecen también ser reconocido y divulgados, aunque sea a través de un modesto catalogo, como sin duda es el caso que nos ocupa con esta magnifica exposición, que lamentablemente, pasará sin penas ni glorias, gracias a que a nadie se le ocurrió confeccionar un modesto catalogo, que recoja fiel testimonio de una excelente exposición como sin duda es esta.

Un hombre sabio dijo una vez, “la mejor manera de decir, es hacer”. Quizás esta sea la asignatura pendiente de muchos de los políticos actuales en este país.

Recomiendo efusivamente a todos ustedes que visiten la exposición, porque al menos podrán guardarla en su memoria y decir alguna vez, que fueron testigos de una magnifica muestra como lo es sin duda, el X Premio Nacional de Cerámica Ciudad de Castellón 2010.


Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

09 noviembre 2010

La critica sin vocación, carnaza de criticones.

Estimados lectores:

Motivado por las opiniones y valoraciones surgidas a raíz de dinámicos y entusiastas debates entre amigos, así como por comentarios recibidos en mi correo electrónico, de lectores y seguidores de este blog, refiriéndose a la singular manera que tengo en este espacio, de hacer las valoraciones a las obras de los pintores (que no a ellos) que exponen en los centros públicos de nuestra ciudad y que dista mucho de la forma en que lo hace la critica oficial, hoy quiero compartir con todos ustedes una reflexiva opinión sobre tal diferencia; sobre todo, en lo referido a la pintura y principalmente, por parte de algunos (que no de todos) los críticos “oficiales” que la ejercen de manera regular en la prensa y en los diferentes medios públicos de mayor alcance y difusión de Castellón, algo que sin duda le debería exigir mayor responsabilidad y rigor en sus enfoques y planteamientos. (En imagen, "El Critico de arte" de Raoul Hausmann.1919).

De más está decirles que soy de los que piensan que para opinar sobre algo, siempre es mejor tener un buen conocimiento de lo que se dice. Y con esto no me refiero únicamente al conocimiento académico, pues de todos es sabido, que existe aquel universitario que pasa la mayor cantidad del tiempo de sus estudios superiores, disfrutando de la cafetería del centro, fumando algún que otro cigarrillo de la risa y haciendo novillos; me refiero a algo que a veces resulta tan importante o más, que el ostentar un titulo de licenciado o de doctor en arte, me refiero al factor vocacional, el cual provoca y determina en gran medida el grado de profundidad, compromiso, sinceridad y esclarecimiento de los juicios que se hacen, ya que mientras mayor y mejor sea este vinculo al conocimiento, todo lo que decimos pasa de ser una simple opinión, a tener carácter de criterio y por consiguiente, mayor peso e interés para todos.

Desde mi llegada a Castellón hace más de 16 años, me he percatado de algunos errores de forma, y también de contenido, en los análisis y valoraciones que realizan algunos críticos de arte de nuestra ciudad, principalmente sobre las cuestiones referidas a los resultados de la creación artística en la especialidad de pintura. Aquí van algunos ejemplos.

Por una parte, y respondiendo a lo que entiendo como un claro desconocimiento del significado técnico del lenguaje de esta disciplina artística, algunos críticos parecen no entender aun, la gran diferencia que hay entre la soltura de una pincelada y el descuido impreciso en su tratamiento, entre el dominio cromático de un pintor con oficio, y el aberrante uso del color que hace otro en un cuadro, donde más que “color”, encontramos una explosión infantil del “colorín”, o del expresivo carácter que puede transmitir la recreación formal de un objeto, donde se aprecia un claro dominio del dibujo, a la de otra, donde se desdibuja por falta de conocimiento y descontrol en este aspecto, ¡y para que hablar de la más utilizada y recurrente de todas las características de las que aluden en sus escritos!, la llamada “fuerza”, que de paso hay que decir, que no tiene nada que ver con la película “Star Wars”, pero que puede ser atribuible tanto a la característica de la pincelada, a la composición, al color, o al empleo de los tratamientos y recursos plásticos, entre otros, y que solo puede existir, siempre que ésta responda al control y dominio de estos aspectos por parte del pintor, y no a la debilidad que expresa el claro desconocimiento de la estructura que existe bajo el color, el color mismo, las composiciones, las texturas y demás recursos plásticos expresivos.

Y pienso que todas estas deficiencias en el uso del concepto de los recursos plásticos y técnicos que se aluden en las criticas, vienen dadas porque aun pudiendo tener éste especialista el aval de un conocimiento académico, a veces ilustrado por un titulo de licenciado o de doctor en Arte, estos carecen de la cultura necesaria para una clara y eficaz percepción de lectura de la imagen, a veces muy ligada al aspecto técnico y especializado de la disciplina artística que están criticando, algo que podemos encontrar en el concepto intrínseco de discurso, que encierran los recursos plásticos. Es por ello que a veces el critico recurre en los análisis, a una percepción subjetiva y más o menos simplista, basada en su particular gusto (a veces carencial, otras tendencioso) algo que lo coloca conciente o inconscientemente como especialista, en un posicionamiento muy limitado y partidario de autores, lenguajes o tendencias únicas y concretas, impropio de alguien que debe analizar en su justo valor la calidad y además, tener una visión amplia y universal del estudio, tanto de las obras, como de las propuestas.

Recientemente he leído una “critica”, donde el único interés que podría tener el escrito, era el hecho anecdótico-testimonial de una frívola e insustancial experiencia, que el critico nos narraba como una simpática “batallita” de sus años mozos cuando trabaja en otro periódico, pero que curiosamente, esta “simpática” anécdota, no guardaba ninguna relación directa con la supuesta obra que éste estaba criticando, quizás cosas así ocurren, porque el Sr. critico no había tenido tiempo para hablar con el autor, y así tener al menos una idea más próxima y objetiva, de las intenciones y características del proceso de trabajo que el artista había seguido en su obra, algo que para mi (y creo que para cualquiera) no solo resulta de elemental sentido común, sino además de respeto y coherencia con su trabajo y con el del propio artista, que supongo, hubiese preferido ante que las simpáticas, amables y bonitas palabras del escrito, un juicio más serio, profundo y ponderado sobre su trabajo.

Por otra parte y a propósito de palabras “amables” y “bonitas”, debo reconocer que a veces y a pesar de la banalidad de los análisis, encuentro en estas criticas, altos valores literarios, con opiniones envueltas en un exquisito lenguaje más o menos poetizado, a veces indescifrables, rememorando a un barroquismo dieciochesco, muy edulcorado, no apto para diabéticos y que en su contra puedo decir, (basándome en la reincidencia con la que esto ocurre), que siempre es favorable al artista; independientemente de la calidad, experiencia y maestría que este posea; donde nunca faltan los suculentos adjetivos para encumbran al “creador” que atentamente nos muestra sus obras en los espacios públicos. De ese modo, todos ellos resultan magníficos, excepcionales, geniales, virtuosos, con gran fuerza, (sea esta del tipo que sea) expresividad, originalidad, y así un largo etc. criticas que siempre nos predisponen a disfrutar en exclusiva, de algo supuestamente excepcional y único, pero que al comprobarlo en la realidad, a veces vemos que tales elogios, no se corresponden y mucho menos se justifican, con la calidad de la obra y de ese modo nos damos cuenta de que no es para tanto, sintiéndonos realmente engañados y sobre todo, desinformados por aquellos que en teoría, son los expertos y también encargados de cultivar nuestro gusto estético y cultural.

Tampoco faltan en estas críticas, las siempre socorridas comparaciones con los consagrados maestros del arte, equiparando los resultados de los que empiezan, y aun no han dicho, ni hecho nada en el arte, con los que ya forman parte de su historia por meritos propios. Y todo esto publicitándose en los medios, en un acto que entiendo, de gran irresponsabilidad profesional, tanto para el que expone, que sin haber salido del cascaron, ni haber demostrado nada, o sin ser apenas un modesto maestro, ya piensa que ha llegado a un lugar importante en el panorama del arte, gracias al comentario que ha publicado un “especialista” en la materia. Como igualmente es engañado el público que asiste a ver las exposiciones, que ante tanto elogio de aquellos que reconocemos como “expertos”, no les queda más remedio que aceptar como buenas la valoraciones que hacen de lo que no tiene más valor que aquel que se le puede conceder a un aficionado, o a un profesional que empieza.

Soy de la opinión que la buena crítica profesional, debe ser siempre honesta, responsable, didáctica, objetiva, equitativa y por consiguiente justa, y el anteponer estas cualidades como premisa, es algo prioritario, sano, constructivo y sin duda necesario en el ejercicio de la crítica. La reiterativa amabilidad y altísima generosidad en los juicios que se hace de los resultados de todos aquellos que exponen en los espacios públicos, no solo es contraproducente para el propio pintor, (que amablemente ha sido engañado) sino un acto de clara injusticia para los artistas que se tienen como referentes. Porque si en una crítica calificamos de genial al resultado que puede ser aun sustancialmente mejorable, ¿Cómo llamaremos entonces al que realiza un maestro que actúa como referente técnico y de propuesta? Sinceramente pienso que no es solo una desproporción y falta de objetividad del análisis, sino además una clara injusticia para quien posee realmente una calidad en su trabajo.

Hay quien me dijo una vez, que los críticos en esta ciudad, tenían las “manos atadas” porque Castellón era un lugar donde todos se conocían y si se era demasiado sincero en las críticas, se podían obtener a cambio actitudes de agravio y discordia y que no tenían la intención de coleccionar enemigos.

Sinceramente pienso que si es esa la razón por la que tenemos en nuestra ciudad, una critica oficial tan carencial y/o deshonesta, poco o ningún respeto se tiene por el arte, por el público, por los pintores y sobre todo por su propio sentido de la responsabilidad profesional, y no encuentro justificación posible para actuar de esta forma, pues las reglas del juego desde siempre, son claras y determinantes. Cuando un artista expone su trabajo fuera de su estudio en un espacio público, lo está sometiendo al juicio sincero y a la valoración de todos aquellos que lo contemplan, sean profesionales del ramo, especialistas, aficionados o simplemente público de arte, y esto es algo que el artista debe asumir con coherencia, normalidad y sentido autocrítico y si no es así, bien podrá hacer uso de su trabajo para la decoración de su casa.

En coherencia con este principio, en este blog seguiré analizando y valorando con libertad las obras (que no a los autores) que se exponen en los espacios públicos (que no en las galerías privadas) desde la honestidad y la franqueza que siempre me ha caracterizado para con el arte, dando razones y argumentando en cada una de mis críticas como hasta ahora, y que como es lógico y además justo, son susceptibles de ser compartidas o debatidas por los demás, pero siempre desde el respeto y el análisis ponderado que obliga a dar argumentos. Y el que se enfade por ello, siempre podrá cambiar de canal desde su mando, o por el contrario, sacar buen provecho de mis palabras, porque la experiencia me ha demostrado (también con este blog) que una crítica profesional, aunque pudiendo ser a veces contundente, si está fundamentada, es didáctica, honesta y justa, siempre crea opinión y enriquece. Y en este sentido, agradezco el apoyo cada vez mayor a este blog, por parte de sus lectores que al parecer, aquí encuentran una “verdad” mucho más sincera y convincente, que aquella que leen de las críticas de arte en los periódicos.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez