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Mostrando entradas con la etiqueta acuarela. Mostrar todas las entradas
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29 marzo 2012

Los paisajes ingrávidos de Pascual

Estimados lectores.

El pasado miércoles día 28 quedó inaugurada en el Centro de arte Castalia Iuris de nuestra ciudad, la exposición del conocido acuarelista castellonense Pascual Cándido Gimeno (Villa Real-1960). Con el titulo "Paisatge ingràvid" (Paisaje Ingrávido).

La inauguración de la muestra estuvo marcada por un ambiente de gran cordialidad, donde la poesía también se dio cita, gracias a la participación de dos buenos amigos del pintor, los poetas Antonio Arbeloa y Romà Bernat, que acompañado como telón de fondo del sonido de la guitarra española que notablemente ejecutaba el maestro Paco Levante, recitaron algunos de sus poemas (en español uno y en valenciano el otro) inspirados en la obra de este pintor villarealense, aportando a la actividad un ingrediente más, de distinción y buen gusto, a parte de una coherente “envoltura“ conceptual que complementaba en el plano discursivo, las imágenes allí expuestas.

Según nos advirtió el pintor en las palabras inaugurales, aquella muestra combina dos de sus últimas series realizadas: "Paisatges Gèlids" (paisajes gélidos) y "La llum de l’aigua" (la Luz del agua) todas hechas en técnica a la acuarela, donde Pascual Cándido nos demuestra su constatada experiencia y solidez que aportan los años de trabajo. Algo que viene avalado de manera irrefutable por un resultado de gran dominio, destreza y rigor técnico. La espontaneidad, transparencia y frescura de la mancha que este pintor logra en sus obras (por otra parte características intrínsecas de esta técnica) nos permiten incursionar en un lenguaje donde la literalidad del motivo (en este caso el paisaje) se ve enriquecida por la sutileza implícita del tratamiento que le impregna, o lo que es lo mismo, la cercana iconicidad formal del motivo descrito, adquiere un rasgo más provocativo y abstracto que nos permite descubrir y experimentar un discurso mucho más sugerente y reflexivo de la propia imagen.

Como en otras ocasiones, vuelve a ser el paisaje el motivo recurrente de este pintor, bien sea por predilección y gusto, o quizás porque es en este género donde un acuarelista puede hacer mejor uso de las posibilidades expresivas y de los recursos característicos de esta técnica; sea cual sea la causa que lo provoca, la motivación paisajística para Pascual Cándido Gimeno es algo que ya pudiéramos considerar como un sello característico de su larga producción artística.

El enfoque compositivo en la elección de las escenas recreadas, nos evoca hacia un estado espiritual casi melancólico, donde el silencio ensordece la mirada y los colores azules, grises y terrosos, estimula la frialdad del alma. Es por eso que tanto la intención, el tratamiento plástico, apoyado básicamente en un concepto efectista de la mancha, así como el resultado global de la obra, convierten a este pintor (quizás sin quererlo) en un nuevo romántico en su propuesta, algo que me hace pensar irremediablemente (y siempre salvando las grandes diferencias) en esa estela dejada por aquellos artistas del siglo XVIII como el británico William Turner, pero que a diferencia de estos referentes citados, que impregnaban en cada una de sus obras la singularidad de una imagen, haciendo del instante una crónica emocional diferente en cada cuadro; en la obra de Pascual, la similitud de las imágenes nos impiden o al menos nos dificulta mucho, ese elemento, causa, o intención que debiera distinguir ya no solo a cada obra en particular, sino además al conjunto global de cada serie. La uniformidad del tratamiento en todas sus obras, el uso del color, los escasos cambios compositivos, así como la repetición constante de efectos, motivos y recursos, hacen de las obras de este pintor, un todo casi uniforme, sin a penas cambios ni variantes, algo que nos hace pensar o bien en una racionalidad conservadora que le imposibilita aventurarse en nuevos y diferentes cauces y/o propuestas, o en una actitud prudente y también cómoda, de apostar por aquel resultado que se sabe funciona y agrada al público que contempla la obra, pero que irremediablemente transfiere al resultado global de su producción una sensación uniforme y prácticamente repetitiva de la imagen. Algo que no debemos confundir con el “estilo”, como tampoco con ningún tipo de “escuela” que casi siempre ilustra una manera de acometer la técnica, pues en cualquiera de estos sendos supuestos, tanto los resultados como las propuestas de las imágenes, serían abiertamente diferentes y muy distintivos entre ellos.

A pesar de esto, soy consciente de la relatividad que encierra el concepto tiempo para cada una de las personas y en este sentido quizás, sea “apresurado” pedirle a este pintor un resultado más variado de sus propuestas, a pesar de los más de 20 años de experiencia que lleva con esta técnica. Y es que en el arte como en la vida misma, cada cual es libre de aprovechar y distribuir el tiempo como mejor crea y le parezca y está claro que en dependencia de ello, los resultados pueden surgir antes o después, como también no llegar nunca. Pero que en cualquier caso, lo que sí es un hecho, es que esta exposición titulada "Paisatge ingràvid" que se exhibe en el centro de arte Castalia Iuris de nuestra ciudad, que como todos sabemos se encuentra ubicado en la Plaza Cardona Vives, 10 sótano, es una muestra de rigor en su factura, de buen gusto y sobre todo honesta, donde tendremos la posibilidad de disfrutar de la mano certera de un buen acuarelista como sin duda es Pascual Cándido Gimeno y que yo sinceramente recomiendo a todos ustedes.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el día 13 de abril en los horarios de lunes a jueves desde las 9:00 a 14:30 horas en las mañanas y desde las 16:30 a 19:00 horas en horario de tarde, los viernes solo desde las 9:00 a las 14.30 horas, espero que tengan todos la ocasión de visitarla porque seguro estoy de que no se arrepentirán.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez.

21 septiembre 2011

La dolorosa picada de las “Medusas”

Estimados lectores.

Como ya les había advertido en uno de mis artículos anteriores, al parecer el pasado día 15 del presente mes, ha sido la fecha “elegida” para inaugurar las exposiciones de pintura en los espacios expositivos de nuestra ciudad. Tal es el caso de esta que se exhibe en la Sala Bancaja Hucha de la calle Enmedio 82 de la pintora Reyes Sales a la que voy a referirme en este artículo de opinión, la cual lleva por titulo “Medusas” y que coincide en ser la tercera muestra en inaugurarse ese mismo día junto a la de los “artistas” del Ateneo de Castellón y a la de Eva Córdoba Armelles en el centro cultural Castalia Iuris, todas ellas en nuestra ciudad.

La exposición “medusas” de Reyes Sales es de esas que uno no sabe muy bien como enfrentar, no por la complejidad de la propuesta, (lo cual seria un atractivo reto) sino en relación a que decir a su favor, y casi como en la mitológica escena que hace héroe a Perseo, me quedé de piedra al observarla. A parte del correcto montaje de las obras y una agradable distribución por el espacio de la sala, el motivo resulta pueril y sin interés discursivo aparente, por otra parte, la manera de acometerlo es pobre en recursos técnicos que abarca no solo la escasez de sus procedimientos, sino además sus posibilidades expresivas, en fin, que si tuviera que establecer alguna semejanza o paralelismo entre motivo y discurso, y valorar de forma coherente la muestra, diría que tanto a esta exposición, como a las propias medusas marinas, no hay por donde cogerlas, ya que ambas coinciden en el daño que provocan a los sentidos, unas en el tacto (el animal) reaccionando en nuestra piel con su doloroso veneno y la otra en el de la vista (la exposición) cuando asistimos a verla.

La simpleza compositiva que apreciamos en todas y cada una de las obras, no es solo molesta en su aspecto visual, sino que además denota la incapacidad de su autora en proponernos al menos un “giño” de riesgo y experimentación en este aspecto. Desde el punto de vista técnico, la acuarela como técnica de representación tiene una manipulación limitada y pobre, el efecto de espontaneidad se vuelve gratuito y previsible, repitiéndose hasta la saciedad la misma fórmula que se ve reforzada con la misma composición del motivo. El recurso de las reservas a modo de grafiado y que actúa como efecto de textura “signal” dentro del elemento protagonista, es reiterativo y cansino tratando de aportar un cierto lirismo que se vulgariza en su constante repetición y que realmente aburre. El divorcio de la figura con el fondo es evidente y el motivo aparece recortado y plano, haciéndose por momento opaco, característica ésta que entra en peligrosa contradicción con la técnica propuesta. Solo el color se nos presenta cauto en sus variables, aunque sus combinaciones cromáticas siguen siendo simples y muy elementales, dejándonos entre ver de alguna manera la intención de agradar pero que no va más allá de una belleza simplista y en suma decorativa.

Desconozco las causas o motivos que provocaron no solo este resultado expositivo, sino el deseo de realizar esta exposición, pero sean cuales sean estos, lo cierto es que Reyes Sales nos ofrece una muestra intrascendente, aburrida y muy limitada tanto en lo formal, como en su discurso. Y mejor hubiera sido no exponer antes que mostrar un resultado como este tan carencial y desabrido, no solo por respeto al público que lo merece todo, sino también y sin duda mas importante aun, por respeto a ella misma.

Pero como suelo hacer siempre a pesar de exponer claramente mi opinión, invito a todos ustedes a que visiten esta muestra, aunque sea por el solo hecho de comprobar si la realidad es tan terrible o solo es que he tenido un mal día debido a la dolorosa picada de unas medusas.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

03 septiembre 2011

Vista una, vistas todas.

Estimados lectores.

El pasado martes 30 de agosto quedó inaugurada en el centro cultural provincial “Las Aulas” de nuestra ciudad, la exposición del pintor villarealense Pascual Cándido titulada, “Paisajes en tránsito”.

En esta exposición Cándido nos presenta una colección de 15 acuarelas que según su autor arrojan la síntesis del trabajo realizado en la última década. Con cuidada preocupación por el montaje, (no solo en el sentido individual de las obras, sino también en su presentación de conjunto), la muestra nos transmite un efecto muy agradable de orden y limpieza visual, que no solo denota el cuidado por la factura expositiva, sino que además le aporta una placentera sensación de luminosidad, la cual actúa en coherencia con algunas de las características técnicas de la acuarela.

Y aunque es muy importante la forma de presentar una exposición, sin duda lo es más aquello que se quiere decir cuando se expone (motivo, idea, discurso) así como las cuestiones estrictamente técnicas que abarcan desde el buen manejo del oficio, los aspectos relacionados con la composición, el color y hasta el lenguaje plástico, entre algunos otros. Siendo en este sentido que debo decir, que al observar la muestra en profundidad, esta resulta simple, repetitiva y muy aburrida, dejando en el espectador una rara sensación de “quiero y no puedo” realmente decepcionante.

Es simple, porque los recursos expresivos que el autor utiliza en la ejecución de la técnica, se limitan al empleo de un hábil recurso del gesto que claramente controla con más o menos gracia y soltura, algo que resulta lógico y de esperar, si tenemos en cuenta que son 10 años de trabajo incidiendo con la misma técnica en el mismo asunto, pero que lamentablemente no va más allá de la escueta y viciada manifestación de un trazo gracioso y desenfadado que convierte al resultado en una “fresca” imagen comercial, más propia de los cuadros que vemos en los departamentos de decoración de los grandes almacenes comerciales.

Repetitivo, porque los posibles cambios que podemos apreciar en la imagen elegida (en este caso el paisaje) son claramente imperceptibles. Su autor, como si de una maquina de acuñar billetes se tratara, repite el motivo hasta la extenuación, multiplicándose la imagen como en un cubo de espejos y para más agobio, casi desde la misma visual. Además la composición no va más allá de un simple concepto tradicional del orden y el diseño, que se ve enfatizado con la colocación horizontal del formato. ¡Menos mal que son “solo” 15 acuarelas! Porque si las dimensiones de la sala le hubiesen obligado a realizar un número mayor de obras, hubiera sido necesario y obligadamente preceptivo, incorporar en el cóctel de inauguración, la ingesta de una pastilla de gelocatil o aspirina para aliviar el dolor de cabeza.

Y como es de esperar, todo esto nos conduce a un resultado expositivo aburrido, sin ninguna aportación visual interesante, sin apenas riesgos y sin una propuesta que haga surgir al menos alguna pieza verdaderamente significativa dentro del conjunto, pues vista una, vistas todas.

Y esto evidentemente no puede tener nada que ver con un trabajo de investigación y síntesis de 10 años, como erróneamente Cándido nos afirma cuando dice… “sintetizar es una acción continua en mi obra, es un reto personal, pintar más con menos, esta forma de trabajar facilita la creatividad y enriquece el resultado final”. Después de leer y analizar estas palabras y contrastarlas con el resultado de la muestra, es cuando se hace profética la cita de David Hockney, que he tenido a bien colocar en un lugar cimero dentro de este blog desde el dia que fue creado, cuando nos dice… “No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace”. Y la realidad es que al ver un resultado como el que nos presenta Pascual Cándido en esta exposición, profusamente repetitivo, pobre en el uso de los recursos técnicos, expresivos, compositivos y cromáticos y vacío de contenido, estamos convencidos de su equivocada percepción de las cosas, porque este resultado no es una cuestión de síntesis, como tampoco un derroche de creatividad y mucho menos algo que pueda ser vinculado al revolucionario y elevado concepto minimalista, que nos habla del “más con menos”, y digo yo… ¡Que culpa tiene Richard Wollheim de que el amigo Pascual no haya entendido muy bien el termino minimal, y además se permita utilizarlo con tal ligereza en sus análisis y entrevistas! Es oportuno decir que el minimalismo lo que nos propone, es un resultado despojado de lo superfluo, banal y gratuito, para elevar a la obra a la complejidad intelectual de la forma y su discurso, y aquí no hay nada de eso, tan solo existe la incapacidad de ofrecer algo que pueda despertar el interés por el público de arte, y con esto de “publico de Arte”, no me refiero a los que asisten como aves carroñeras el dia de la inauguración, solo para aplacar con canapés y asidrado vino, sus insaciables apetitos, “alimentando” el ego de faranduleros que no se cansan de contar sus “hazañas” en galerías de barrio, o de aquellos espontáneos “paparazzi” que no paran de hacer fotos en todos los saraos que se programan en esta ciudad, para dejar luego testimonio grafico de esas reuniones de “sociedad”, en las redes sociales de Internet y de ese modo sentirse más “importantes” y “famosos” (y con esto no aludo a los que lo hacen, sino a aquellos que lo hacen con esa única intención). Cuando hablo del autentico público de arte, me refiero a ese que busca en cada exposición otro tipo de “alimento”, no el que ensancha a las barrigas, sino al espíritu y el intelecto; a ese que lee y disfruta con las hermosas palabras de un Antonio Arbeloa como las que aparecen en el catalogo de la exposición, para luego de esbozar una cómplice sonrisa, reconocer que como amigo del pintor, es de justicia que éste le haga un buen regalo. Me refiero a ese público que callado y discreto le gusta dialogar con la obra y no con el autor, porque al final de todo, siempre resulta ser más honesta, pura y humilde; hablándonos de sus virtudes pero también de sus carencias y diciéndonos que todo lo demás, son adornos sin ningún valor objetivo.

Pero a pesar de mi opinión, pienso que la exposición “Paisajes en transito” de Pascual Cándido, es una muestra agradable y en su conjunto bien hecha, y no me contradigo con esto (para aquellos que le gusta apostillar mis palabras) y es que en la medida que las pretensiones de su autor, hayan sido solo la de realizar una obra “bonita”, los objetivos se han cumplidos, lo que ocurre es que después de 10 años de trabajo de “investigación” y “síntesis”, el resultado debiera pretender algo más, que lo estéticamente correcto, pero en fin, la verdad es que bien vale la pena visitarla, porque a pesar de que vista una, vistas todas, lo cierto es que aquel coleccionista que compra una obra, generalmente solo compra una y siendo así, a éste no tiene porque resultarle ni simple, ni repetitiva, ni aburrida pues no tiene la posibilidad de comparar.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el próximo día 17 de septiembre en el horario comprendido desde las 10 hasta las 14 horas y de las 17 a las 21 horas de lunes a sábado.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez

21 diciembre 2010

Como bálsamo para los ojos.

Estimados lectores.

Ya estaba por pensar que este año cultural en Castellón, lo cerraríamos con el amargo sabor de boca, que nos dejaron por una lado, la noticia de la realización de la nueva escultura del omnipresente “artista” de la corte, Juan Ripollés y por otro, la exposición de los “artistas” del Ateneo Cultural de nuestra ciudad, pero afortunadamente, después de estas amargas experiencias, la suerte se compadece de nosotros y el pasado martes dia 15 y hasta el 31 del presente mes de Diciembre permanecerá abierta al público en el Centro Cultural Provincial de las Aulas, la exposición “Acuarel –les” del pintor saguntino Vicent Román (Sagunto, 1952).

En esta ocasión, el experimentado pintor nos regala una muestra de aproximadamente 13 piezas de gran formato, todas ellas con la temática de marinas y realizadas en la muy compleja, difícil pero siempre hermosa técnica a la acuarela, de la que Vicent Román es considerado por la critica especializada, todo un adiestrado maestro.

Sus obras de gran soltura y control en lo gestual, nos ilustra sobre un fresco y espontáneo resultado, que convierten al discurso del motivo en escenas de gran belleza y lirismo. Es de agradecer la ausencia de elementos ornamentales, a veces gratuitos, que tienden a la exaltación superficial y "cursi" de lo bello, muy usados por otra parte, por pintores aficionados y comerciales, que arrojan casi siempre con este recurso, un resultado más propio de tiendas de decoración, bazares o de grandes almacenes y que en estas obras, no está presente. El pintor prefiere hablarnos de la amplitud de un discurso que transmiten las emociones, donde lo anecdótico trasciende a esa universal belleza, que no solo aparece cuando estamos en presencia de un maestro del oficio, sino además cuando “respiramos” una pintura (que como esta) parece haberse hecho de aire, mar y cielo.

Es sinceramente todo un lujo y un gran placer, poder disfrutar de una exposición como esta, hecha sin duda desde la experiencia y el virtuosismo técnico, pero también desde un elevado sentimiento de amor y devoción hacia el mar y la naturaleza, y que tanto me recuerda a aquellos pintores románticos de la primera mitad del siglo XIX como él ingles William Turner, (segunda imagen del parrafo) pero que curiosamente en esta ocasión, Vicent Román nos la presenta en una visión más sugerente y actual, convirtiendo a cada cuadro, en una hermosa concepción abstracta del escenario elegido, donde la espontaneidad y la frescura del lenguaje de la acuarela, parece alzarse cual orador en imaginaria tribuna, para recitarnos su más hermosos poemas.

De más esta decirles que les recomiendo muy efusivamente a todos ustedes, una obligada visita a esta exposición, pues sin duda esta sí es de esos ejemplos de los que podemos no solo disfrutar de la propuesta del discurso plástico, sino además, aprender mucho de su exquisita técnica. Y es que la exposición de Vicent Román, es como un bálsamo para nuestros ojos.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez