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Mostrando entradas con la etiqueta paisajes. Mostrar todas las entradas
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02 diciembre 2012

Los "Haikus" visuales de Torán

Estimados lectores.

Con una nutrida asistencia de público, entre los que destacaban algunos pintores, coleccionistas de arte y amigos del pintor, quedó inaugurada el pasado viernes día 30, la exposición de Francisco Torán, (Castellón - 1967) titulada “Paisajes donde el silencio y el ruido se unen” en el Centro de Arte Collage de nuestra ciudad, situado en la calle San Félix 49 (entlo. 2º) muestra que permanecerá abierta al público durante todo el mes de diciembre.

Una exposición de muy buen nivel técnico y coherencia temática; de gran frescura y belleza, donde se pone de manifiesto los amplios recursos plásticos y expresivos que imprime este pintor a su obra. Torán es esencialmente un informalista, de línea expresionista abstracta, donde la gestualidad y el accidente alcanzan una alta cuota de expresividad y dinamismo compositivo. Sin duda es en este lenguaje, donde él se siente más cómodo y donde más disfruta, (como tantas veces me ha confesado), aunque ya viene siendo muy común en sus obras, ese constante “giño” al elemento figurativo de rápida identificación formal, como pueden ser: peces, nubes, floras acuáticas, aves y demás elementos que le sirven no solo como recurso compositivo, sino además, de hilo conductor para provocar en el público una lectura más amable, cercana, poética y hermosa de la imagen. El discurso que le motiva, evidencia una clara influencia del arte tradicional oriental (principalmente chino y japonés) que me hace recordar a esas sencillas y bellas ilustraciones, de admirables alegorías a la naturaleza, que tanto gusta acompañar a los milenarios “Haikus” (poemas breves), escritos llenos de sabias y serenas reflexiones, de ideas que nos hablan de amor, virtud y respeto por el paisaje, habitad natural del hombre junto a los elementos que lo enriquecen; un habitad que Torán, desde su irremediable visión occidental, nos muestra en imágenes pletóricas de color, de amplia riqueza en lo textural visual y también en el gesto y la mancha, a veces accidental, que este joven pintor maneja con gracia y soltura, haciendo de estos recursos plásticos un sello propio de identidad y distinción innegable.

En esta exposición podemos disfrutar de sus maravillosos “estanques” donde carpas japonesas y brillantes peces de colores, parecen protagonizar una peculiar danza de sugerente exotismo, en un amplio espacio de gran belleza cromática y riqueza plástica. En esta ocasión también encontramos tres cuadros dedicados a las aves, donde Francisco Torán recrea el motivo en diminuta escala, haciendo de la imagen su acento visual compositivo y una hermosa declaración de amor y respeto por la vida en libertad de estos simpáticos y canoros amigos.

Sin duda es un hecho que Francisco Torán se siente atraído por el arte oriental, incluso él mismo, ha tomado su cuerpo como lienzo ideal y perpetuo, para tatuarlo con carpas, flores, aves y demás motivos característicos de las iconografías que inspiran a este milenario arte tradicional, acto el suyo, que aun sin ser necesario, le otorgan complicidad y un significativo grado de honestidad y coherencia con el tema, convirtiéndose él mismo sin quererlo, en “parte móvil” de su obra.

Ya son muchos los años que llevo disfrutando de la amistad y del arte de Francisco Torán; un excelente y discreto pintor de nuestra ciudad, como tantos otros, que a diferencias de algunos a los que tanto les gusta exhibirse por eventos y saraos “culturales” varios, haciendo de su constante presencia, la única formula para el reconocimiento y valor de su trabajo, ha preferido apostar por la callada dedicación y el perfeccionamiento de su carrera, que es verdaderamente lo único, en término absoluto, que puede otorgar el auténtico valor que distinga a un pintor primero, para llegar a ser un artista después.

Por todo ello es que les recomiendo a todos, visitar esta hermosa exposición de Francisco Torán en el Centro de Arte Collage, titulada “Paisajes donde el silencio y el ruido se unen” porque sin duda es este un buen ejemplo, (sin ser extraordinario) donde uno puede realmente aprender y disfrutar solo mirando el resultado del trabajo. Sin los “ruidos” y los innecesarios “adornos” que otros necesitan para mantenerse, o sencillamente sentirse “famosos”. Esos que en la soledad de su conciencia, seguro estoy estarían dispuestos a vender su alma al diablo por la mitad del talento que otros han ganado con esfuerzo y años de estudios, para así seguir disfrutando (con algo más de meritos) de los aplausos y alabanzas dentro de un ágora de mediocres e incompetentes.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez.

08 septiembre 2012

Canós Cotolí. “Sencillo y popular”.

Estimados lectores.

Ya ha dado comienzo la nueva temporada de exposiciones en el centro cultural provincial “Las aulas” y en esta ocasión lo ha hecho, con una agradable muestra del pintor villarrealense, Pascual Canós Cotolí, una muestra cuya inauguración tuvo lugar el pasado martes día 4. Pintor y diseñador, Cotolí se inició en las artes plásticas en la Escuela de Bellas Artes y Artesanía de Castellón, bajo la dirección del pintor, también villarrealense, Francesc Gimeno Barón (1912 - 1978).

Canós Cotolí es un pintor tradicional, de línea figurativa y con una cierta reminiscencia de ese romanticismo académico, que tanto gustaba enseñar en los años 40 y 50 del pasado siglo, a los maestros de la vieja escuela, no solo en Europa, sino también en América. Con gran meticulosidad en el tratamiento de la pincelada y de los recursos plásticos, este pintor nos recrea una serie de imágenes y escenarios, en su mayoría paisajes campestres, de gran belleza visual, de dulce cromatismo y exquisita minuciosidad de los detalles, características estas que unidas al reducido tamaño de las obras, nos permite disfrutar de las mismas, también en la corta distancia, algo que sin duda define a este pintor, como un preciosista del detalle, con una refinada y cuidadosa factura en los acabados de las obras y por consiguiente, con la digna cualidad de ser un virtuoso artesano en el aspecto del oficio.

Aunque aparecen algunos escasos ejemplos donde ha sido tratada la figura humana, y no muy afortunados por cierto, es sin duda el paisaje su motivación primera y también en el que más valores de calidad imprime, aunque a veces estos se vean levemente afectados por algunos errores en el dibujo relacionados con las perspectivas, pero que es algo que suele difuminarse y pasarse por alto ante la calidad de otros aspectos de la obra, que alcanzan gran notoriedad, como por ejemplo, las atmósferas logradas a través del color, las meticulosidad de las texturas y la fidelidad (a veces muy naturalista) de la superficies de los objetos.

Paisajes que como hermosas ilustraciones, aluden a diferentes partes y lugares, algunos de ellos de fácil identificación, que nos hablan con voz cariñosa y tenue, susurrándonos al oído la dulce poesía vivida de un instante, haciendo a veces protagonista al silencio transformando la escena en calma y belleza.

Pascual Canós Cotolí no es un pintor de modernas propuestas, esas que suelen vincularse a resultados extravagantes, otras veces inaccesibles y herméticos por la alta lectura “intelectual” que se exige para su deleite y que simplemente al final de tantos adjetivos, podríamos definir como raros. Cotolí es un pintor sencillo y popular en la elección del motivo e inmensamente bondadoso en su discurso. Porque a pesar de modas y modismos, de hermetismos y rarezas, siempre existirá aquel público que siga prefiriendo y deleitándose con la infinita diversidad de la naturaleza y su belleza.

Recomiendo visitar esta exposición que permanecerá abierta al público hasta el próximo día 22 de septiembre en los horarios acostumbrados.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez.

23 abril 2012

Fundación Caja de Castellón airea sus obras por segunda vez.

Estimados lectores.

El pasado miércoles 4 de abril a las 19:30 horas, quedaron inauguradas dos exposiciones de pinturas, que forman parte de los fondos artísticos de la colección permanente de la Fundación Caja Castellón-Bancaja que curiosamente (y quizás como medida de ahorrar en presupuesto) es prácticamente idéntica a la que se expuso de manera colectiva hace 10 años (con edición de catálogo incluido) y que ahora vemos dividirse en dos, la primera, en la Casa Abadía ubicada en la plaza de la Hierba s/n bajo el titulo “El Paisaje”, donde se presentan obras de importantes pintores regionales entre los que destacan Juan Bautista Porcar y Ramón Catalán entre otros y la segunda, con el titulo “La abstracción”, en la Sala Bancaja Hucha ubicada en la calle Enmedio 82, en esta ocasión, una muestra que recoge un buen número de obras de diferentes autores, donde se destaca la presencia de los maestros Joaquín Michavila, Salvador Soria y Fernando Peiró Coronado, así como de otras figuras importantes como son los pintores Wenceslao Rambla, Joël Mestre y Ximo Amigó entre otros junto a una joven Patricia Bonet que debe estar muy contenta y honrada en compartir cartel con estos creadores de mayor experiencia, madurez y curriculum que ella, aunque también es cierto que a pesar de eso, su obra no demerita la colección.

La exposición que se exhibe en la Casa Abadía, es de lenguaje figurativo, con una línea que responde a una pintura más tradicional costumbrista y con cierta reminiscencia académica, donde aparecen recreados algunos conocidos parajes naturales y urbanos de esta zona, que todos hemos visto transformarse con el paso del tiempo, como consecuencia del desarrollo y expansión de una ciudad eminentemente agrícola en origen, pero devenida en industrial y “moderna”, gracias a las numerosas fabricas de azulejos y también como no, al “boom” inmobiliario que le trajo varios años de bonanza económica y riqueza, y que al igual que ocurrió en casi todo el territorio nacional, Castellón también tuvo buenos ejemplos de notoria especulación sobre el precio del suelo y la vivienda, algunos muy honorables y otros, viva crónica de mafiosos y maleantes que aun hoy siguen disfrutando de los beneficios, pero en fin, eso es algo que siempre se suele “justificar” con aquello de la picaresca española, aunque no importa si el pícaro tenga que ser necesariamente un delincuente. En cualquier caso ya son solo momentos del pasado, que ahora percibimos con resignación desde la sosegada perspectiva que nos otorga el tiempo.

Pero volvamos a las obras que es lo que nos importa…

Con relación a su calidad expositiva debo decir, que a pesar de ser estos autores considerados “maestros” por algunos críticos muy amables y en suma complacientes, como es de esperar alguno lo son más que otros. Y con esta valoración no quiero restar meritos a nadie, ni inducir a la irreverencia (aunque ya me imagino que seguro más de uno así lo pensará) sino que busco acotar una valoración ajustada a lo técnico por una parte y en segundo lugar, a la repercusión de la propuesta discursiva de las obras en el momento de su realización, comparándola no solo con el entorno cercano, es decir su repercusión nacional, si no en referencia también a una proyección más amplia hacia el exterior, es decir lo internacional. Y en este sentido tengo que decir que no es muy afortunado Castellón en este aspecto, pues tanto el concepto que engloba a la condición de pintor, como los motivos recreados en sus obras, expresa una visión muy tradicional y en cierta medida decadente al igual que su maestría técnica, siempre con la excepción del maestro Juan Bautista Porcar quien se alzó con autentica personalidad pictórica, influenciando incluso hasta hoy a los pintores interesados por este genero, en cuanto a la forma o manera de concebir el paisaje de la zona. Luego tenemos a Ramón Catalán que preocupado por las reglas que dictaba la academia de la época, (hoy prácticamente desconocidas para muchos graduados de las escuelas de bellas artes) nos regala una obra de gran rigor técnico y exquisito acabado, pero carente de toda novedad o aportación en su propuesta, algo que lo coloca como un distinguido maestro de la artesanía del oficio incluso en un genero como el paisaje, donde precisamente no podemos decir que él se sentía más cómodo, ya que sin duda fue el género del retrato lo que le otorgo mayor reconocimiento en su vida activa como pintor, antes de dedicarse casi por entero a la docencia; actividad que supo llevar con rigor y respeto hacia el arte de la pintura y que hoy muchos le agradecen.

Con relación al resto de las obras que se exhiben, me resulta muy difícil otorgarle una similitud meritoria comparable a estos dos ejemplos antes mencionados y pienso además, que sería realmente injusto equipararlos ya no solo en el discurso, en lo cual pudiera haber cierta similitud, pero de ningún modo en lo técnico, ya que existen ejemplos de palpables carencias en el manejo de la técnica, que resulta en suma aficionada. Donde se incurre en graves errores que tiene que ver con reglas elementales en el tratamiento del paisaje como son, el correcto uso de las diferentes perspectivas, las reglas del color según el espacio que ocupa en el plano, el cuidado del dibujo etc. En fin, dicho esto debo decir, que a pesar de todo y aunque solo sea por disfrutar de la obra de Juan Bautista Porcar y Ramón Catalán, vale la pena visitarla

De la segunda exposición… “La Abstracción”.

Como puede deducirse del titulo de la segunda exposición citada, las obras se encuentran agrupadas en esa siempre recurrida corriente informalista, donde se nos muestra un amplio recorrido de su lenguaje que abarca desde los tratamientos matéricos y de collage, hasta aquellas que otorgan mayor importancia al gesto, el color o las soluciones de estarcidos o “dripping”, que resultan muy característicos dentro del expresionismo abstracto, donde el recurso de “accidentes”, provocado por la impronta del gesto y la mancha, adquieren un gran protagonismo y significado emocional en su discurso.

Sin duda esta muestra resulta más homogénea en cuanto a calidad y también muy variada en cuanto a lenguaje o forma de acometer esta tendencia informalista. Los más jóvenes se funden de manera orgánica entre los más experimentados y eso solo es posible cuando existe una clara coherencia en el discurso y un rigor en el manejo de los recursos técnicos y expresivos. Cierto es que salvo raras excepciones en esta exposición, ninguno ya nos sorprende hoy, pues el lenguaje resulta aun muy próximo a las fuentes de donde beben y que a pesar del tiempo transcurrido, siguen siendo muy próxima a esa iconografía trasatlántica americana de mediado de los años 40. De Kooning, Franz Kline, Motherwell, Cy Twombly y Mark Rothko siguen estando aún muy presentes.

A pesar de mi valoración (siempre personal, libre y sincera) pienso que como muestra colectiva, ha sido un gran acierto por parte de la Fundación Caja Castellón, (aunque sea por segunda vez) brindarnos la oportunidad de contemplar esta colección, pues no siempre se tiene la suerte en esta ciudad, de disfrutar de un conjunto de obras abstractas con tanto rigor y coherencia iconográfica, además de buen gusto en su propuesta expositiva. En los tiempos de penuria que corren, nos permite ahorrarnos un buen dinero en billete de avión y estancia (algo que se agradece) para así no tener la necesidad de ir a ver los antecedentes directos de esta muestra, al MOMA de New York.

La exposición permanecerá abierta hasta el próximo día 4 de mayo y espero que ustedes no pierdan la oportunidad de disfrutar de ella. Se la recomiendo muy sinceramente.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez.

29 marzo 2012

Los paisajes ingrávidos de Pascual

Estimados lectores.

El pasado miércoles día 28 quedó inaugurada en el Centro de arte Castalia Iuris de nuestra ciudad, la exposición del conocido acuarelista castellonense Pascual Cándido Gimeno (Villa Real-1960). Con el titulo "Paisatge ingràvid" (Paisaje Ingrávido).

La inauguración de la muestra estuvo marcada por un ambiente de gran cordialidad, donde la poesía también se dio cita, gracias a la participación de dos buenos amigos del pintor, los poetas Antonio Arbeloa y Romà Bernat, que acompañado como telón de fondo del sonido de la guitarra española que notablemente ejecutaba el maestro Paco Levante, recitaron algunos de sus poemas (en español uno y en valenciano el otro) inspirados en la obra de este pintor villarealense, aportando a la actividad un ingrediente más, de distinción y buen gusto, a parte de una coherente “envoltura“ conceptual que complementaba en el plano discursivo, las imágenes allí expuestas.

Según nos advirtió el pintor en las palabras inaugurales, aquella muestra combina dos de sus últimas series realizadas: "Paisatges Gèlids" (paisajes gélidos) y "La llum de l’aigua" (la Luz del agua) todas hechas en técnica a la acuarela, donde Pascual Cándido nos demuestra su constatada experiencia y solidez que aportan los años de trabajo. Algo que viene avalado de manera irrefutable por un resultado de gran dominio, destreza y rigor técnico. La espontaneidad, transparencia y frescura de la mancha que este pintor logra en sus obras (por otra parte características intrínsecas de esta técnica) nos permiten incursionar en un lenguaje donde la literalidad del motivo (en este caso el paisaje) se ve enriquecida por la sutileza implícita del tratamiento que le impregna, o lo que es lo mismo, la cercana iconicidad formal del motivo descrito, adquiere un rasgo más provocativo y abstracto que nos permite descubrir y experimentar un discurso mucho más sugerente y reflexivo de la propia imagen.

Como en otras ocasiones, vuelve a ser el paisaje el motivo recurrente de este pintor, bien sea por predilección y gusto, o quizás porque es en este género donde un acuarelista puede hacer mejor uso de las posibilidades expresivas y de los recursos característicos de esta técnica; sea cual sea la causa que lo provoca, la motivación paisajística para Pascual Cándido Gimeno es algo que ya pudiéramos considerar como un sello característico de su larga producción artística.

El enfoque compositivo en la elección de las escenas recreadas, nos evoca hacia un estado espiritual casi melancólico, donde el silencio ensordece la mirada y los colores azules, grises y terrosos, estimula la frialdad del alma. Es por eso que tanto la intención, el tratamiento plástico, apoyado básicamente en un concepto efectista de la mancha, así como el resultado global de la obra, convierten a este pintor (quizás sin quererlo) en un nuevo romántico en su propuesta, algo que me hace pensar irremediablemente (y siempre salvando las grandes diferencias) en esa estela dejada por aquellos artistas del siglo XVIII como el británico William Turner, pero que a diferencia de estos referentes citados, que impregnaban en cada una de sus obras la singularidad de una imagen, haciendo del instante una crónica emocional diferente en cada cuadro; en la obra de Pascual, la similitud de las imágenes nos impiden o al menos nos dificulta mucho, ese elemento, causa, o intención que debiera distinguir ya no solo a cada obra en particular, sino además al conjunto global de cada serie. La uniformidad del tratamiento en todas sus obras, el uso del color, los escasos cambios compositivos, así como la repetición constante de efectos, motivos y recursos, hacen de las obras de este pintor, un todo casi uniforme, sin a penas cambios ni variantes, algo que nos hace pensar o bien en una racionalidad conservadora que le imposibilita aventurarse en nuevos y diferentes cauces y/o propuestas, o en una actitud prudente y también cómoda, de apostar por aquel resultado que se sabe funciona y agrada al público que contempla la obra, pero que irremediablemente transfiere al resultado global de su producción una sensación uniforme y prácticamente repetitiva de la imagen. Algo que no debemos confundir con el “estilo”, como tampoco con ningún tipo de “escuela” que casi siempre ilustra una manera de acometer la técnica, pues en cualquiera de estos sendos supuestos, tanto los resultados como las propuestas de las imágenes, serían abiertamente diferentes y muy distintivos entre ellos.

A pesar de esto, soy consciente de la relatividad que encierra el concepto tiempo para cada una de las personas y en este sentido quizás, sea “apresurado” pedirle a este pintor un resultado más variado de sus propuestas, a pesar de los más de 20 años de experiencia que lleva con esta técnica. Y es que en el arte como en la vida misma, cada cual es libre de aprovechar y distribuir el tiempo como mejor crea y le parezca y está claro que en dependencia de ello, los resultados pueden surgir antes o después, como también no llegar nunca. Pero que en cualquier caso, lo que sí es un hecho, es que esta exposición titulada "Paisatge ingràvid" que se exhibe en el centro de arte Castalia Iuris de nuestra ciudad, que como todos sabemos se encuentra ubicado en la Plaza Cardona Vives, 10 sótano, es una muestra de rigor en su factura, de buen gusto y sobre todo honesta, donde tendremos la posibilidad de disfrutar de la mano certera de un buen acuarelista como sin duda es Pascual Cándido Gimeno y que yo sinceramente recomiendo a todos ustedes.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el día 13 de abril en los horarios de lunes a jueves desde las 9:00 a 14:30 horas en las mañanas y desde las 16:30 a 19:00 horas en horario de tarde, los viernes solo desde las 9:00 a las 14.30 horas, espero que tengan todos la ocasión de visitarla porque seguro estoy de que no se arrepentirán.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez.

03 septiembre 2011

Vista una, vistas todas.

Estimados lectores.

El pasado martes 30 de agosto quedó inaugurada en el centro cultural provincial “Las Aulas” de nuestra ciudad, la exposición del pintor villarealense Pascual Cándido titulada, “Paisajes en tránsito”.

En esta exposición Cándido nos presenta una colección de 15 acuarelas que según su autor arrojan la síntesis del trabajo realizado en la última década. Con cuidada preocupación por el montaje, (no solo en el sentido individual de las obras, sino también en su presentación de conjunto), la muestra nos transmite un efecto muy agradable de orden y limpieza visual, que no solo denota el cuidado por la factura expositiva, sino que además le aporta una placentera sensación de luminosidad, la cual actúa en coherencia con algunas de las características técnicas de la acuarela.

Y aunque es muy importante la forma de presentar una exposición, sin duda lo es más aquello que se quiere decir cuando se expone (motivo, idea, discurso) así como las cuestiones estrictamente técnicas que abarcan desde el buen manejo del oficio, los aspectos relacionados con la composición, el color y hasta el lenguaje plástico, entre algunos otros. Siendo en este sentido que debo decir, que al observar la muestra en profundidad, esta resulta simple, repetitiva y muy aburrida, dejando en el espectador una rara sensación de “quiero y no puedo” realmente decepcionante.

Es simple, porque los recursos expresivos que el autor utiliza en la ejecución de la técnica, se limitan al empleo de un hábil recurso del gesto que claramente controla con más o menos gracia y soltura, algo que resulta lógico y de esperar, si tenemos en cuenta que son 10 años de trabajo incidiendo con la misma técnica en el mismo asunto, pero que lamentablemente no va más allá de la escueta y viciada manifestación de un trazo gracioso y desenfadado que convierte al resultado en una “fresca” imagen comercial, más propia de los cuadros que vemos en los departamentos de decoración de los grandes almacenes comerciales.

Repetitivo, porque los posibles cambios que podemos apreciar en la imagen elegida (en este caso el paisaje) son claramente imperceptibles. Su autor, como si de una maquina de acuñar billetes se tratara, repite el motivo hasta la extenuación, multiplicándose la imagen como en un cubo de espejos y para más agobio, casi desde la misma visual. Además la composición no va más allá de un simple concepto tradicional del orden y el diseño, que se ve enfatizado con la colocación horizontal del formato. ¡Menos mal que son “solo” 15 acuarelas! Porque si las dimensiones de la sala le hubiesen obligado a realizar un número mayor de obras, hubiera sido necesario y obligadamente preceptivo, incorporar en el cóctel de inauguración, la ingesta de una pastilla de gelocatil o aspirina para aliviar el dolor de cabeza.

Y como es de esperar, todo esto nos conduce a un resultado expositivo aburrido, sin ninguna aportación visual interesante, sin apenas riesgos y sin una propuesta que haga surgir al menos alguna pieza verdaderamente significativa dentro del conjunto, pues vista una, vistas todas.

Y esto evidentemente no puede tener nada que ver con un trabajo de investigación y síntesis de 10 años, como erróneamente Cándido nos afirma cuando dice… “sintetizar es una acción continua en mi obra, es un reto personal, pintar más con menos, esta forma de trabajar facilita la creatividad y enriquece el resultado final”. Después de leer y analizar estas palabras y contrastarlas con el resultado de la muestra, es cuando se hace profética la cita de David Hockney, que he tenido a bien colocar en un lugar cimero dentro de este blog desde el dia que fue creado, cuando nos dice… “No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace”. Y la realidad es que al ver un resultado como el que nos presenta Pascual Cándido en esta exposición, profusamente repetitivo, pobre en el uso de los recursos técnicos, expresivos, compositivos y cromáticos y vacío de contenido, estamos convencidos de su equivocada percepción de las cosas, porque este resultado no es una cuestión de síntesis, como tampoco un derroche de creatividad y mucho menos algo que pueda ser vinculado al revolucionario y elevado concepto minimalista, que nos habla del “más con menos”, y digo yo… ¡Que culpa tiene Richard Wollheim de que el amigo Pascual no haya entendido muy bien el termino minimal, y además se permita utilizarlo con tal ligereza en sus análisis y entrevistas! Es oportuno decir que el minimalismo lo que nos propone, es un resultado despojado de lo superfluo, banal y gratuito, para elevar a la obra a la complejidad intelectual de la forma y su discurso, y aquí no hay nada de eso, tan solo existe la incapacidad de ofrecer algo que pueda despertar el interés por el público de arte, y con esto de “publico de Arte”, no me refiero a los que asisten como aves carroñeras el dia de la inauguración, solo para aplacar con canapés y asidrado vino, sus insaciables apetitos, “alimentando” el ego de faranduleros que no se cansan de contar sus “hazañas” en galerías de barrio, o de aquellos espontáneos “paparazzi” que no paran de hacer fotos en todos los saraos que se programan en esta ciudad, para dejar luego testimonio grafico de esas reuniones de “sociedad”, en las redes sociales de Internet y de ese modo sentirse más “importantes” y “famosos” (y con esto no aludo a los que lo hacen, sino a aquellos que lo hacen con esa única intención). Cuando hablo del autentico público de arte, me refiero a ese que busca en cada exposición otro tipo de “alimento”, no el que ensancha a las barrigas, sino al espíritu y el intelecto; a ese que lee y disfruta con las hermosas palabras de un Antonio Arbeloa como las que aparecen en el catalogo de la exposición, para luego de esbozar una cómplice sonrisa, reconocer que como amigo del pintor, es de justicia que éste le haga un buen regalo. Me refiero a ese público que callado y discreto le gusta dialogar con la obra y no con el autor, porque al final de todo, siempre resulta ser más honesta, pura y humilde; hablándonos de sus virtudes pero también de sus carencias y diciéndonos que todo lo demás, son adornos sin ningún valor objetivo.

Pero a pesar de mi opinión, pienso que la exposición “Paisajes en transito” de Pascual Cándido, es una muestra agradable y en su conjunto bien hecha, y no me contradigo con esto (para aquellos que le gusta apostillar mis palabras) y es que en la medida que las pretensiones de su autor, hayan sido solo la de realizar una obra “bonita”, los objetivos se han cumplidos, lo que ocurre es que después de 10 años de trabajo de “investigación” y “síntesis”, el resultado debiera pretender algo más, que lo estéticamente correcto, pero en fin, la verdad es que bien vale la pena visitarla, porque a pesar de que vista una, vistas todas, lo cierto es que aquel coleccionista que compra una obra, generalmente solo compra una y siendo así, a éste no tiene porque resultarle ni simple, ni repetitiva, ni aburrida pues no tiene la posibilidad de comparar.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el próximo día 17 de septiembre en el horario comprendido desde las 10 hasta las 14 horas y de las 17 a las 21 horas de lunes a sábado.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez