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16 febrero 2011

“Azul”. Una mirada más allá de los ojos.

Estimados lectores:

En estos días la Sala Bancaja Hucha de la Fundación Caja Castellón-Bancaja, sita en calle Enmedio 82, expone una serie de cuadros, todos en técnica al óleo sobre soporte madera, de la joven pintora castellonense Patricia Bonet, el titulo escogido en esta ocasión para identificar la muestra es el de “Azul”, en directa y clara alusión al mar, concretamente al mar mediterráneo, que ha sido para esta pintora su fuente inspiradora, además de escenario de lujo, que como testigo de excepción, recogió las más hermosas crónicas de un pasado conciliador, donde judíos, moros y cristianos, compartían cotidianidad y futuro, dejando en su buen hacer, huella enriquecedora en la actual cultura mediterránea, de la que hoy muchos se sienten orgullosos, pero a la vez incapaces de volver, a esa armónica convivencia de los pueblos de antaño. Y es curioso, porque a pesar de todo esto, Bonet quiere alejarse de la crítica social, para reivindicar una obra más contemplativa, emocional y estética, donde el valor del lenguaje en el discurso de la obra, esté fundamentado en el recurso plástico de donde emana un resultado de gran sensorialidad y lirismo.

A pesar de ese aparente hermetismo que a priori la obra de Bonet nos pudiera transmitir, y que por otra parte se encuentra en estrecha sintonía con los antecedentes iconográficos de donde bebe como son: el Suprematistmo de Kazimir Malévich o la color-field painting (pintura de campos de color) de Mark Rothko y Barnett Newman, (imágenes del párrafo) enmarcadas estas ultimas en el expresionismo abstracto norteamericano, el aspecto compositivo de gran esquematismo que Patricia Bonet aborda en todas ellas y que basa fundamentalmente en una línea horizontal a diferentes alturas en el plano de representación, sugiriendo así, las diversas visuales que podríamos percibir del horizonte en el mar a través de una imaginaria ventana que nos sitúa cual “Voyeur” de la inmensidad de sus aguas y unido esto, la amplia gamas de azules que esta pintora incorpora, persiguen de algún modo en su referencia directa con la propuesta, dos sentidos o niveles de lectura en sus obras, por una parte, uno cercano, individual o anecdótico que se encuentra en estrecha relación con la rápida identificación del motivo (el mar) y otro más amplio, sugerente y culto, referido al concepto que en él se encierra, es decir, emociones, escenario de calma y reflexión que pudieran incursionar incluso en lo filosófico o místico y aspectos vinculados a factores de tipo vivencial, entre otros. Es por ello que la obra de Patricia Bonet es tan cercana como universal, tan intimista como común a todos, tan hermética como abierta en sus intenciones conceptuales, lo cual propicia un amplio espectro polisémico del discurso.

Desde el punto de vista formal, las obras presentan un exquisito acabado, donde el uso del color ha sido ejecutado mediante finas veladuras (me atrevería a decir que con aerógrafo), arrojando un resultado de gran delicadeza y belleza, donde el color azul se alza como principal protagonista en muchas de sus variantes y combinaciones. La buena factura en el resultado de sus obras, nos hablan de un trabajo serio y constante, digno de aquellos que pretenden llegar con su arte a lugares más encumbrados de reconocimiento y prestigio.

La obra actual de Patricia Bonet, si bien muy cercana aun a sus antecedentes plásticos, al que dentro de ellos incluyo también a su profesor, el pintor minimalista valenciano Rafael Calduch, (imagen del párrafo) y por lo tanto esto le imposibilita de alguna manera, la aparición de una obra que cuente en la actualidad con una "personalidad" propia en su lenguaje e iconografía; reclama sin embargo con su trabajo, el honorable papel del pintor de siempre, que a pesar de la presión que ejerce la huella tecnológica (refugio por otra parte de tanto fraude y engaño por parte de algunos) está convencido no solo de su contemporaneidad y vigencia si no además, de su clara posibilidad de poder abrirse paso con originalidad y distinción en el actual mundo del arte.

La muestra permanecerá abierta al público hasta el próximo 25 de febrero y podrá visitarse de lunes a viernes de 11.00 a 13.00 horas y de 17.30 a 21.00 horas. De más está decirles que la recomiendo muy efusivamente a todos, porque sin lugar a duda en esta exposición, la belleza reina entre sus paredes.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

12 febrero 2011

Un mundo lleno de “tarecos” en la Sala San Miguel

Tareco (n.) definición:
Ajilimoje, ajilimójili, bártulos, batiburrillo, cabo, cachirulo, chirimbolo, chisme, cosas, cosas sueltas, cositas, ensalada, enseres, maritatas, mezcla, mezcolanza, ñaque, pingo, ropa, tanate, trasto, trebejos, vestimenta, zarandajas.

Estimados lectores:

Desde que por primera vez en 1917 Marcel Duchamp colocara un urinario en una exposición bajo el titulo “Fontaine” como elemento ilustrador de lo que el consideraba su percepción estética del no-arte, y no precisamente como una visión sensible e impulsora del arte nuevo; los museos, galerías y espacios estatales vinculados a las corrientes englobadas en la post vanguardia informalista y/o conceptual, erróneamente calificados como espacios de arte contemporáneo (como si lo contemporáneo solo fuera ese tipo de arte o lenguaje) no dejan de llenarse de “obras” ininteligibles, de dudoso valor estético, de inservibles y mugrientos objetos cotidianos, donde lo “nuevo” ha dejado de serlo (ya desde hace mucho tiempo) y donde se hace cada vez más necesario contar con grandes espacios de almacenaje para guardar tantos "tarecos" inútiles y anodinos, que no hacen otra cosa que “engordar” con el polvo que contienen; provocando la misma indiferencia, incomunicación e incluso rechazo, que la del famoso y blanquecino urinario de aquel connotado artista francés, solo que casi siempre, los “nuevos” intentos que siguen reclamando su parcela de “originalidad”, me recuerdan cada vez mas al original y por lo tanto, todos me siguen resultando más aburridos si cabe.

Esta fue precisamente la sensación que experimenté en parte, al visitar la exposición “Pailletes, Prothèses, Poubelles” (Lentejuelas, prótesis, basura) de Anita Molinero, Nina Childress y Emmanuelle Villard que se encuentra en estos momentos exhibiéndose en el Centro de Exposiciones San Miguel de la Fundación Caixa Castelló-Bancaixa en la calle Enmedio, 17; y que como no podía ser de otra forma (ya que este tipo de arte suele necesitarlo) viene acompañada hasta con un comisario, el señor Ramón Tió Bellido para explicárnosla, el cual nos “ilustra” en su presentación on-line, http://obrasocial.bancaja.es/cultura/exposiciones/exposicionesficha.aspx?ID=352 con un lenguaje que solo a él y tal vez a unos pocos más, le puede resultar de gran interés, no por lo atractivo y profundo de los conceptos que maneja, sino quizás por lo insulso, simple y ambiguo que resulta aquello que nos dice, ya que en su texto, no solo describe lo que todos vemos, sino que además trata de imponer lo que nadie percibe. Cuando estoy en presencia de casos como estos, siempre llega a mi memoria las palabras de David Hockney cuando dice “No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace”, creo que cuando tenemos la necesidad de explicar a los demás lo que uno hace, se me ocurre pensar en dos causas que lo provocan – seguro existen mas, pero solo diré dos - , la primera, porque la creación de la obra solo responde al interés y satisfacción del que la hizo, algo que a priori no estaría mal, si tenemos en cuenta que es bueno respetar la libertad individual del artista, para que este pueda hacer y decir lo que considere necesario, pero en defensa de esa misma libertad individual, no podemos romper el vinculo con aquellos que están llamados a disfrutar y valorar lo que hacemos, es decir el publico de arte, donde incluyo también a muchos especialistas del ramo, como críticos y pintores, ya que si no los tenemos en cuenta y/o los negamos, ¿Para qué vale la pena realmente esa libertad individual? con lo cual ¿Qué sentido tendría una exposición como esta que nadie entiende y pocos admiran? Algunos pensaran que este hermetismo en el discurso de las obras, también se encuentra presente en otros movimientos o tipos de artes, como por ejemplo el Abstraccionismo, pero sin embargo, la sutil diferencia que radica entre estos dos enfoques o maneras de crear, es que en el Arte Abstracto, sus resultados se estructuran a partir de los recursos plásticos inherentes a la propia pintura, con lo cual no resulta del todo hermético al menos para aquellos que entienden ese lenguaje, manejan los conceptos y saben utilizar los recursos que le son propios en su manera de expresarse.

Y la segunda causa, quizás más genérica y reflexiva que la anterior, pero en estrecha vinculación con esta, es que para que el arte resulte ser un factor de estimulo a la meditación y a la sensibilidad de las personas, (especialistas o no) es necesario que estas se reconozcan en él, porque si no algo falla, o está mal hecho y en esta exposición, por más neumáticos y partes de automóviles que se exhiban o azules contenedores de basura que cuelguen del techo, no creo que este recurso inspire siquiera a la comprensión sensible y empatía de mecánicos automotrices, o distinguidos trabajadores de la limpieza urbana.

Lo cierto es que a pesar de todo y como dato curioso, podemos contemplar un amplio derroche en la utilización de los soportes empleados en esta exposición tales como: neumáticos de coche y de maquinaria agrícola que cuelgan del techo de la sala, contenedores de plásticos para la basura urbana, medio derretidos como consecuencia de la acción del calor de un soplete, cajas de alambres de acero, plásticos multicolores, faros traseros de automóviles derretidos y ensamblados cual mosaico y muchos más cacharros que me hacen pensar más en una gran operación de orden y limpieza de un taller de mecánica, que en una sala de exposiciones donde se exhiben piezas de arte.

Y es que la gran paradoja de todo esto radica, en que muchos de los representantes o que representan a este tipo de arte, insisten en negar de manera reiterada, el valor de modernidad o contemporaneidad que pudieran tener los oficios tradicionales, clásicos o mal llamados académicos. Para muchos de estos defensores de la mega modernidad y la ultra vanguardia contemporánea, un pincel, un poco de pintura y un trozo de lienzo, resulta algo obsoleto, pasado de “moda” y casi sin sentido hoy en dia, pero sin embargo, en esta exposición de tanto “Arte Contemporáneo”, es precisamente el aspecto del soporte que se ha utilizado en la obra, lo que parece ser el elemento causal que provoca lo “original” o “único” del resultado, eso que sin embargo en otro momento (arcaico para algunos) de otro tipo de arte, no tendría mayor interés que aquel que respalda la durabilidad de lo técnico. Es curioso comprobar como esa exaltación de la llamada individualidad en el resultado, se vincula a este aspecto (el soporte) que siempre ha estado más vinculado al medio técnico y material que abarca el oficio, que a la finalidad de la propuesta conceptual del discurso.

Al final con esta moderna concepción de lo “contemporáneo”, hemos pasado de un arte, donde la comunicación de los discursos en mayor o en menor grado era entendida, o al menos compartida por todos, a un mundo de "tarecos" inservibles, mudos y caducos que esperamos, que como el polvo que las cubre, se pierdan en el olvido, con la más mínima brisa del equitativo y justiciero pasar del tiempo.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez

27 enero 2011

"Confluències" Una exposición con mucho gusto.

Estimados lectores:

“Confluències” es el titulo que ha elegido la joven artista castellonense Altea Grau, y que estará abierta al público hasta el próximo dia 29 de enero, en el Centro Municipal de Cultura de la calle Antonio Maura, 4. Una hermosa exposición donde “confluye” la intención conceptual de los discursos, con la fuerza y belleza de las imágenes.

Refugiada en el informalismo, en lo que al aspecto formal de las obras se refiere, la artista aborda un amplio abanico de técnicas y procedimientos, en su mayoría del grabado, aunque encontramos también en la exposición, ejemplos muy sencillos, pero agradables de dos instalaciones. Siendo el aspecto formal precisamente, el que permite una clara armonía o "confluencia" autoral de la muestra, a pesar de los variados conceptos en los discursos de las obras. Este aspecto, (el formal) se ve envuelto en un cierto aire nostálgico, que tanto me recuerda al arte de los años 50 en los Estados Unidos de América con aquel expresionismo abstracto de Pollock y sobre todo, de Cy Twombly (segunda imagen del párrafo) o también aquel inquietante “Spazialismo” de Lucio Fontana, que a su vez bebe del dinámico y casi frenético Rayonismo ruso de Mijaíl Larionov, surgido unos años antes, alrededor de 1910.

Pero sean cuales sean las influencias, que por otra parte, nadie está exento de tenerlas, la exposición de la joven artista Altea Grau, es de esas muestras que bien vale la pena ver, porque sin duda resulta todo un placer para nuestros ojos; pues el rigor y la buena factura en los resultados de sus obras, nos hablan de un trabajo serio y constante, apto solo para aquellos que pretenden con su arte llegar a lugares más cimeros, de reconocimiento y prestigio, por meritos propios y de una manera honesta.

Enhorabuena a la artista y también al Centro Municipal de Cultura de la calle Antonio Maura 4, pues con exposiciones como estas, se nos olvidan aquellas recientes, que mejor hubiera sido no haber visto.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

21 diciembre 2010

Como bálsamo para los ojos.

Estimados lectores.

Ya estaba por pensar que este año cultural en Castellón, lo cerraríamos con el amargo sabor de boca, que nos dejaron por una lado, la noticia de la realización de la nueva escultura del omnipresente “artista” de la corte, Juan Ripollés y por otro, la exposición de los “artistas” del Ateneo Cultural de nuestra ciudad, pero afortunadamente, después de estas amargas experiencias, la suerte se compadece de nosotros y el pasado martes dia 15 y hasta el 31 del presente mes de Diciembre permanecerá abierta al público en el Centro Cultural Provincial de las Aulas, la exposición “Acuarel –les” del pintor saguntino Vicent Román (Sagunto, 1952).

En esta ocasión, el experimentado pintor nos regala una muestra de aproximadamente 13 piezas de gran formato, todas ellas con la temática de marinas y realizadas en la muy compleja, difícil pero siempre hermosa técnica a la acuarela, de la que Vicent Román es considerado por la critica especializada, todo un adiestrado maestro.

Sus obras de gran soltura y control en lo gestual, nos ilustra sobre un fresco y espontáneo resultado, que convierten al discurso del motivo en escenas de gran belleza y lirismo. Es de agradecer la ausencia de elementos ornamentales, a veces gratuitos, que tienden a la exaltación superficial y "cursi" de lo bello, muy usados por otra parte, por pintores aficionados y comerciales, que arrojan casi siempre con este recurso, un resultado más propio de tiendas de decoración, bazares o de grandes almacenes y que en estas obras, no está presente. El pintor prefiere hablarnos de la amplitud de un discurso que transmiten las emociones, donde lo anecdótico trasciende a esa universal belleza, que no solo aparece cuando estamos en presencia de un maestro del oficio, sino además cuando “respiramos” una pintura (que como esta) parece haberse hecho de aire, mar y cielo.

Es sinceramente todo un lujo y un gran placer, poder disfrutar de una exposición como esta, hecha sin duda desde la experiencia y el virtuosismo técnico, pero también desde un elevado sentimiento de amor y devoción hacia el mar y la naturaleza, y que tanto me recuerda a aquellos pintores románticos de la primera mitad del siglo XIX como él ingles William Turner, (segunda imagen del parrafo) pero que curiosamente en esta ocasión, Vicent Román nos la presenta en una visión más sugerente y actual, convirtiendo a cada cuadro, en una hermosa concepción abstracta del escenario elegido, donde la espontaneidad y la frescura del lenguaje de la acuarela, parece alzarse cual orador en imaginaria tribuna, para recitarnos su más hermosos poemas.

De más esta decirles que les recomiendo muy efusivamente a todos ustedes, una obligada visita a esta exposición, pues sin duda esta sí es de esos ejemplos de los que podemos no solo disfrutar de la propuesta del discurso plástico, sino además, aprender mucho de su exquisita técnica. Y es que la exposición de Vicent Román, es como un bálsamo para nuestros ojos.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez