Translate

06 enero 2012

Cuando Arte y Tecnología habitan en un buen resultado.

Estimados lectores.

El pasado lunes 2 de enero quedó inaugurada en el Centro Cultural Provincial de las Aulas de nuestra ciudad, la exposición “Urban Space” (Espacio Urbano) del artista turolense Juan Zurita (Aguaviva, 1975). Zurita ha cursado estudios en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios de Zaragoza y Barcelona. En la Escuela Massana de Barcelona se graduó en Artes Plásticas y Diseño y además es graduado de Arte y Diseño por la Universidad Autónoma de Barcelona en el año 2003. Siendo aun estudiante de esta última, en el año 2001 realiza su primera exposición individual y desde entonces su carrera como pintor ha sido imparable, obteniendo en el 2007 la quinta Beca que otorga la Diputación de Teruel para la formación de artistas turolenses, permitiéndole mostrar su trabajos en diferentes ciudades del territorio nacional así como participar en diversos eventos y concursos donde obtiene no solo varios premios y reconocimientos por su trabajo, sino el beneplácito de la crítica especializada, entre las que destacan la de D. Rafael Ordóñez Fernández, comisario de exposiciones y jefe del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza y de personalidades tan importantes como la del escritor y crítico de arte D. Juan Manuel Bonet, antiguo director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Según declara el propio artista en publicaciones a las que he podido tener acceso, su trabajo creativo se desarrolla a partir de referentes fotográficos, en su caso, fotogramas de vídeo que luego retoca digitalmente para obtener un resultado específico, que utiliza a la vez como referencia para representarlo de manera pictórica, empleando para ello una técnica tan tradicional y representativa del oficio del pintor, como es la del óleo sobre tela y que Zurita plasma en sus obras, con un tratamiento muy descriptivo y de gran fidelidad a ese lenguaje digital de referencia. Algo que pretende provocar en nosotros y según las propias palabras del autor “una ambigüedad creada por la combinación de la sensación de realidad que ofrece la fotografía y lo subjetivo e imaginario que subyace de la pintura” o lo que es lo mismo, transformar la realidad física, en realidad pictórica, frase esta que acostumbro de decirles muchas veces a mis alumnos cuando imparto las clases de color en mi estudio.

En la exposición que nos ocupa, la distribución espacial de la muestra en la sala, nos transmite un concepto expositivo muy agradable y elegante en su conjunto, de gran claridad visual, que curiosamente contrasta con los motivos de las escenas elegidas por el artista, donde en su inmensa mayoría aluden a escenarios urbanos nocturnos de ciudades modernas. La factura y acabados de las obras arrojan a su vez un resultado de gran exquisitez técnica que denota profesionalidad y rigor, llegando incluso a transmitirnos esa huella de “frialdad” visual que tanto caracteriza al lenguaje fotográfico y de los medios que se relacionan. Sin duda estamos en presencia de una excelente muestra desde el punto de vista técnico, donde el recurso tecnológico puesto al servicio del resultado artístico, no solo congratula a la obra que se exhibe, sino además a la arraigada condición del pintor, que abiertamente Juan Zurita defiende cuando dice en una entrevista reciente… “Me siento pintor incluso cuando hago un vídeo”. Y es que los medios de lenguaje y expresión bien utilizados en su cualidad de útiles herramientas, siguen aportando y enriqueciendo a “eso”, que para muchos defensores tendenciosos de lo “moderno”, es una actividad o condición obsoleta en el arte actual y donde curiosamente ejemplos tan buenos como este, no podrían tener cabida en esa bien llamada “enfermedad de lo nuevo” de la que tan inteligentemente nos habla José Javier Esparza en su libro, “Los ocho pecados capitales del arte contemporáneo”.

Desde el punto de vista discursivo, Juan Zurita actúa como un comprometido cronista de su momento y época, reflejando en sus obras una realidad urbana y nocturna, común de las grandes ciudades modernas del primer mundo, donde el elemento humano de las imágenes se muestra distorsionado, impersonal y a veces deshumanizado, gracias al efecto desfigurado del dibujo (similar al que vemos en una fotografía muy desenfocada) y también a la saturación cromática de las escenas, donde el color actúa como un recurso de gran sugerencia y expresividad. Quizás Zurita nos quiera demostrar con ello, uno de los elementos particulares de estas sociedades capitalistas donde el consumo y la moda, forman parte del más representativo “leitmotiv” de sus usos y costumbres. O quizás quiera hacer referencia al característico anonimato que vive el ser humano en las sociedades cosmopolitas, donde la individualidad se funde en el conjunto, haciendo de lo “único” una masa deforme y sin rostro. Quizás sean otras las lecturas, pero en cualquier caso el “Urban Space” (Espacio Urbano) que nos propone Juan Zurita con esta exposición, es un magnífico ejemplo que podemos disfrutar cuando Arte y tecnología habitan en un buen resultado.

Enhorabuena por esta excelente exposición la cual permanecerá abierta al público hasta el próximo 21 de enero y que podrá ser visitada de lunes a sábado en los horarios comprendidos entre las 10:00 y las 14 horas en las mañanas y desde las 17.00 hasta las 21:00 horas en los horarios de tardes.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez.

25 diciembre 2011

Un lenguaje con sentimientos.

Estimados lectores.

El pasado jueves 15 de diciembre, la Fundación Caja Castellón-Bancaja presentó en la Sala Bancaja Hucha, ubicada en la calle Enmedio 82 de nuestra ciudad, la exposición titulada “La Lírica de la Abstracción” del recientemente fallecido pintor Valenciano Fernando Peiró Coronado (Alaquàs 1932-Benicarló 2011) y que agrupa alrededor 30 piezas entre pinturas y dibujos de este pintor.

La obra de Fernando Peiró que en estos momentos se encuentra expuesta, con algún ejemplo figurativo en sendos auto retratos del autor, está enmarcada en un escrupuloso informalismo de vertiente abstracto matérica, muy de moda y expandida en España en los años mozos del artista y que recoge los ecos y las influencias de aquellas obras de destacados pintores como fueron los integrantes del Grupo “Dau al Set” surgido en Barcelona en el 1948 con Joan Ponç, Joan-Josep Tharrats, Modest Cuixart y el más internacional de todos, el catalán Antoni Tàpies, como también los del grupo “El Paso”, formado unos años más tarde en 1957 en Madrid, integrado por Rafael Canogar, Luis Feito, Manuel Viola, Antonio Saura y Manolo Millares, considerados como uno de los primeros referentes de la vanguardia artística española de posguerra que cultivaron diversas vertientes de la abstracción como lenguaje expresivo dentro de sus obras y que bebían a su vez de sendas influencias que comprendían el informalismo Francés con artistas tales como Jean Fautrier, Georges Mathieu, Jean-Paul Riopelle, y Jean Dubuffet entre otros y del Expresionismo Abstracto norteamericano, con Jackson Pollock, Willem de Kooning, Mark Rothko y Arshile Gorky a la cabeza.

A pesar de las claras influencias que evidentemente existen tanto en la obra de Peiró, como también en la de muchos otros artistas de aquellos momentos, (años 60 y 70) su elección por este tipo de lenguaje vendría a justificar de alguna manera un discurso que se manifestaría principalmente en la necesidad de exponer con sus obras un contenido o lectura de mayor compromiso tanto en lo ético, como en lo estético. Intención esta que viene avalada por un momento histórico de profundos cambios en el terreno de lo social, lo político y cultural. Permitiéndole al pintor ya coronado como ente activo dentro de la cultura y la sociedad, a posicionarse en una determinada manera de pensar, ver y defender tanto el arte, como la vida.

En el análisis técnico de las obras de Peiró, vemos como existe una gran preocupación por los aspectos texturales y compositivos, el cromatismo expresado en una oscura paleta de pardos terrosos, nos envuelven en una atmósfera intimista, intelectual y de gran misterio discursivo. La amplitud textural que logra con el recurso del grafiado y el collage, que el autor emplea con habilidad y orden, nos transmite una enigmática expresividad que nos hace disfrutar de unos acabados de gran riqueza visual. La tridimensionalidad física que acompaña a los objetos que se adhieren a la planimetría del soporte a veces madera, otras cartón, como conchas, plumas o pequeños trozos de espejos, busca una integración visual (no siempre lograda) en un entorno de gran plasticidad, donde la amplitud de los recursos utilizados son controlados y repartidos en un escenario de proporciones discretas haciendo de la obra (como en su momento fue) la ideal ilustración para el poema de un amigo.

La obra de Fernando Peiró Coronado, es el fiel testimonio de una España de transición, donde los valores humanos de virtud (ahora tan escasos y confusos) hacían del arte y la cultura un hermoso calidoscopio de variados lenguajes, discursos y contenidos, donde a toda propuesta se le otorgaba un valor, el que tenía, no otro, el justo, el que estimulaba al merito del esfuerzo, al trabajo y la constancia y como no, al resultado final de la obra. Aquel que impedía llamar artista al que no lo era, o maestro (que aun siendo autodidacta) se diferenciaba del simple aprendiz, o connotado pintor, al que solo era un humilde aficionado de la pintura y no más. Un momento donde el “frikismo” (tan común hoy en día) debía ser acompañado del talento o era simplemente considerado una enfermedad psiquiátrica, donde la objetividad y profundidad de los análisis de las cosas y los fenómenos no llamaban a confusión y lo relativo no era contradictorio ni permisivo. Mucho hemos cambiado y no siempre para bien, quizás sea cuestión de revisar lo que se hizo y sobre todo analizar el porqué y para qué se hizo, quizás de ese modo comprendamos los motivos que tuvo el querido José Antonio Labordeta para seguir siendo durante toda su vida el fiel amigo de D. Fernando Peiró Coronado.

Descansen en paz maestros

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez

Videos relacionados con el texto:
http://youtu.be/tBxbaG0zXoo
http://youtu.be/n65kEMWQz_0
http://youtu.be/gH6sBFoe-pE

16 diciembre 2011

Un espacio de posibilidades limitadas en la obra de María Ordóñez.

Estimados lectores

El Centro Cultural Provincial de las Aulas inauguró el pasado martes 13 de diciembre, la exposición titulada “El espacio de las infinitas posibilidades” de la pintora y licenciada en Bellas Artes por la Universidad de San Carlos en Valencia María Ordóñez. Quizás hubiera sido más oportuno o aconsejable inaugurar otro día, pues las profecías a veces se cumplen y creo que este caso, es un buen ejemplo de ello.

Según recogen algunos pocos medios que he consultado y que se han hecho eco de la muestra, la misma pretende recuperar una visión ensoñadora de la realidad, que esta artista plástica castellonense agrupa en una veintena de obras, entre las que se encuentran “Las tres gracias de las Vegas” y “El sueño de una noche de verano”, no sé si esta última inspirada en la obra de Shakespeare, en la obertura musical del compositor alemán Félix Mendelssohn, o en la adaptación cinematográfica que hiciera el director estadounidense Michael Hoffman con una bella Michelle Pfeiffer en el papel de Titania como reina de las hadas. También los medios aluden como su “Curriculum vitae et studiorum” que la Ordoñez ha expuesto en las principales salas de la provincia, entre ellas Pictograma, Castalia Iuris o la Casa de l’ Oli de Vila-real. Además que ha sido fundadora de la Associació de Nous Comportaments Artístics y finalista en numerosos certámenes pictóricos. Lo cierto es que la impresión que he recibido al visitarla es de gran decepción por la simpleza técnica y conceptual de sus obras, lo cual alude a un resultado muy aficionado y pobre. Y con ello no me refiero solo a estos dos últimos ejemplos, sino a la muestra en general, haciéndose si cabe más sorprendente y preocupante mi percepción, si tenemos en cuenta que quien expone es una licenciada en Bellas Artes y por lo tanto una especialista en esta rama del arte.

Los recursos plásticos son tratados en un sentido muy elemental de sus tratamientos, donde el uso repetitivo y simple del “accidente” en lo gestual de las manchas, arroja un cromatismo que poco arriesga y nada propone ni en su concepción espacial compositiva, (donde muchas veces resulta caótico en el equilibrio de las masas visuales y cromáticas) ni en los colores empleados generalmente de uso muy aficionado en sus mezclas. El dibujo, aunque con clara intención de esquematizar las formas humanas, resulta insuficiente evidenciando una indudable carencia en este aspecto, que lejos de buscar la siempre aludida “expresividad” de la que muchos hablan para justificar el mal dibujo, aquí vemos ejecutada con claro temor y desconocimiento de la estructura anatómica. Y ya sé que posiblemente la intención que refiera esta pintora con relación al lenguaje que ha utilizado en sus obras es la de no pretender mostrarnos una visión naturalista, fiel o descriptiva del objeto (que es lo que se suele decir cuando no se tiene tanta destreza en estos aspectos) pero en cualquier caso, tanto en su aspecto formal, como en su “innovadora” propuesta discursiva, el resultado sigue siendo pobre, simple y muy trillado.

Siempre he sido del criterio, que los conocimientos que se adquieren en los estudios de cualquier especialidad dentro de las artes, e incluso dentro del saber humano en general, es un factor que de alguna manera nos ayuda a distinguirnos de aquellos que no lo tienen, o que solo lo tienen de una forma superficial o aficionada del fenómeno o especialidad en cuestión, ya que de no ser así, podríamos caer en el craso error de llamar y considerar electricista a aquel que solo nos cambia una bombilla del salón cuando se nos funde; fontanero al que nos arregla un grifo cuando gotea o médico a aquel que nos prescribe una aspirina para un dolor de cabeza, convirtiendo a la especialidad y por consiguiente al especialista, en algo o alguien carente de importancia, distinción y significado. Es por ello que la complejidad técnico-conceptual de un cuadro realizado por un licenciado en arte, debiera ser portador de la excelencia técnica que nos describa el valor de un especialista del ramo y no el resultado simple, carencial y limitado que podríamos apreciar en alguien que no ostenta y acredita un título. Y no es que quiera decir con ello que la obra de un profesional deba ser siempre compleja e inalcanzable tanto en lo técnico como en lo discursivo, No, en mis años de experiencia he visto a algunos buenos ejemplos de pinturas donde sus autores sin poseer el título de la especialidad, pero sí motivados por la investigación constante, el amor al conocimiento y la dedicación al trabajo, hacían valer un resultado en sus obras francamente elevado en su calidad técnica y también en sus propuestas. Y es que no es lo mismo ser sencillo que simple; la sencillez entendida como síntesis para abordar y explicar de manera didáctica las cosas y los fenómenos complejos, (como los que se plantean también en el arte) es sin duda un elevado ejercicio de la razón y la inteligencia de lo elevado, pero una cosa es ser sencillo y hacer de la síntesis una virtud y otra bien distinta es ser, realizar o abordar las cosas de manera simple, insustancial o pueril, lo cual encierra una condición de pobreza intelectual que pudiera verse reflejado tanto en el análisis de los conceptos y categorías, como en los aspectos técnicos, arrojando de ese modo gran banalidad de los discursos que se transmiten. Por ejemplo, podemos recrearnos e incluso instruirnos a través del lenguaje sencillo y directo empleado en la obra literaria del vallisoletano Miguel Delibes, podemos conocer de la profundidad del dolor y el drama en las formas esquemáticas realizadas por Picasso en las figuras del Guernica o disfrutar de la sencilla estructura musical que emplea Mozart en muchos de sus conciertos pero en ninguno de estos casos los resultados pudieran calificarse de simples, fáciles o aficionados.

Por todo ello debo decir que es una pena que en esta exposición de María Ordóñez “El espacio de las infinitas posibilidades” que permanecerá abierta al público hasta el próximo 31 de diciembre, en el centro cultural provincial “Las Aulas” las posibilidades hayan sido tan limitadas y no infinitas como nos propone su autora, espero y deseo que en la próxima (si es que decide seguir exponiendo su trabajo al público) estas sean más amplias y sobre todo respondan a la calidad y profesionalidad que se debe exigir de alguien, que como la propia autora ha señalado, desea introducirse por meritos propios en el mercado internacional del arte, por lo pronto no ha sido este un buen comienzo, no sé si porque era martes 13 o porque necesita tomarse algún tiempo de necesaria reflexión y estudio para volver a exponer sus propuestas.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez.

05 noviembre 2011

La belleza con sello propio.

Estimados lectores.
El pasado 2 de noviembre quedó inaugurada en el centro cultural provincial “Las Aulas” de nuestra ciudad, la exposición del pintor valenciano Josep Francés Anaya (Alzira – 1959).
Una muestra de gran rigor en los aspectos del oficio del pintor, donde la versatilidad de los recursos plásticos se da cita en hermosos paisajes urbanos de gran luminosidad cromática, audacia en el tratamiento del dibujo y racionalidad controlada en el efecto aparente de la profundidad y perspectivas de las escenas. Josep Francés, es sin duda un pintor de gran dominio técnico y de gusto por agradar con la imagen; sus ciudades están llenas de dinamismo lineal y colorido, que nos remontan a esos hermosos tratados de arquitectura, donde se avizoran los conocimientos reales que el autor posee en esta disciplina artística. Creo que en su caso, hasta el mismo Filippo Brunelleschi podría sentirse orgulloso si hubiese tenido en su estudio, a tan aventajado y creativo discípulo en el conocimiento de su perspectiva cónica. Y es que contemplar una obra de este género (paisaje urbano) de Francés Anaya, es recrearnos además en una visión renovada, fresca y dinámica de un hermoso “constructivismo” de apariencia cinética, casi futurista, donde el movimiento es sugerido no solo por los aspectos lineales de la perspectiva, sino además por el audaz, extenso y hermoso tratamiento del color; que como amplio calidoscopio del matiz, nos conducen a esa sensación casi frenética que se experimenta en la vida cotidiana de las grandes ciudades modernas de hoy.
Por otra parte y siguiendo en esa línea de amplitud técnica del oficio y también de esa exaltación de la belleza de tipo modernista, el pintor nos regala también en esta muestra, una serie de imágenes muy diferentes a la de los paisajes, pero igualmente hermosas y de gran lirismo formal y cromático, que representan a rostros y figuras de mujeres, que con una cierta atemporalidad, aparecen como salidas de cuentos de hadas en hermosas ilustraciones, dejándonos entrever la huella no solo de grandes maestros de la pintura de las escuelas valencianas y catalanas como Joaquín Mir, Ramón Casas o el propio Joaquín Sorolla, sino también de magníficos modernistas como el pintor y cartelista checo Alfons María Mucha.
Y es que Josep Francés Anaya es un pintor que gusta del color y la belleza, del oficio y de la más autentica condición de ser pintor, donde la tradición que ahonda en el buen hacer, enfatiza la imagen de una figuración fresca y sencilla, cotidiana y moderna, donde la belleza se hace legible a todo tipo de público, aquella que no oculta la necesidad de agradar y decirnos que aun hoy, entre tantos discursos estéticos y variadas propuestas contemporáneas, hay quienes siguen creyendo que la imagen de una hermosa mujer, seguirá siendo para el amplio público, el símbolo más apreciado y representativo de la universal belleza, algo que su autor realiza para mayor virtud, con un indiscutible sello propio.
Les invito a que no dejen de ver esta magnifica exposición que con gran acierto nos regala el centro cultural provincial de “las Aulas”, porque es de esos buenos ejemplos que al contemplarla, disfrutamos y aprendemos a la misma vez. La muestra permanecerá abierta al público hasta el próximo día 19 de noviembre y podrá visitarse de lunes a sábado en los horarios comprendidos entre las 10:00 y las 14 horas en las mañanas y desde las 17.00 hasta las 21:00 horas en horario de tardes.
Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez