Translate

03 septiembre 2011

Vista una, vistas todas.

Estimados lectores.

El pasado martes 30 de agosto quedó inaugurada en el centro cultural provincial “Las Aulas” de nuestra ciudad, la exposición del pintor villarealense Pascual Cándido titulada, “Paisajes en tránsito”.

En esta exposición Cándido nos presenta una colección de 15 acuarelas que según su autor arrojan la síntesis del trabajo realizado en la última década. Con cuidada preocupación por el montaje, (no solo en el sentido individual de las obras, sino también en su presentación de conjunto), la muestra nos transmite un efecto muy agradable de orden y limpieza visual, que no solo denota el cuidado por la factura expositiva, sino que además le aporta una placentera sensación de luminosidad, la cual actúa en coherencia con algunas de las características técnicas de la acuarela.

Y aunque es muy importante la forma de presentar una exposición, sin duda lo es más aquello que se quiere decir cuando se expone (motivo, idea, discurso) así como las cuestiones estrictamente técnicas que abarcan desde el buen manejo del oficio, los aspectos relacionados con la composición, el color y hasta el lenguaje plástico, entre algunos otros. Siendo en este sentido que debo decir, que al observar la muestra en profundidad, esta resulta simple, repetitiva y muy aburrida, dejando en el espectador una rara sensación de “quiero y no puedo” realmente decepcionante.

Es simple, porque los recursos expresivos que el autor utiliza en la ejecución de la técnica, se limitan al empleo de un hábil recurso del gesto que claramente controla con más o menos gracia y soltura, algo que resulta lógico y de esperar, si tenemos en cuenta que son 10 años de trabajo incidiendo con la misma técnica en el mismo asunto, pero que lamentablemente no va más allá de la escueta y viciada manifestación de un trazo gracioso y desenfadado que convierte al resultado en una “fresca” imagen comercial, más propia de los cuadros que vemos en los departamentos de decoración de los grandes almacenes comerciales.

Repetitivo, porque los posibles cambios que podemos apreciar en la imagen elegida (en este caso el paisaje) son claramente imperceptibles. Su autor, como si de una maquina de acuñar billetes se tratara, repite el motivo hasta la extenuación, multiplicándose la imagen como en un cubo de espejos y para más agobio, casi desde la misma visual. Además la composición no va más allá de un simple concepto tradicional del orden y el diseño, que se ve enfatizado con la colocación horizontal del formato. ¡Menos mal que son “solo” 15 acuarelas! Porque si las dimensiones de la sala le hubiesen obligado a realizar un número mayor de obras, hubiera sido necesario y obligadamente preceptivo, incorporar en el cóctel de inauguración, la ingesta de una pastilla de gelocatil o aspirina para aliviar el dolor de cabeza.

Y como es de esperar, todo esto nos conduce a un resultado expositivo aburrido, sin ninguna aportación visual interesante, sin apenas riesgos y sin una propuesta que haga surgir al menos alguna pieza verdaderamente significativa dentro del conjunto, pues vista una, vistas todas.

Y esto evidentemente no puede tener nada que ver con un trabajo de investigación y síntesis de 10 años, como erróneamente Cándido nos afirma cuando dice… “sintetizar es una acción continua en mi obra, es un reto personal, pintar más con menos, esta forma de trabajar facilita la creatividad y enriquece el resultado final”. Después de leer y analizar estas palabras y contrastarlas con el resultado de la muestra, es cuando se hace profética la cita de David Hockney, que he tenido a bien colocar en un lugar cimero dentro de este blog desde el dia que fue creado, cuando nos dice… “No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace”. Y la realidad es que al ver un resultado como el que nos presenta Pascual Cándido en esta exposición, profusamente repetitivo, pobre en el uso de los recursos técnicos, expresivos, compositivos y cromáticos y vacío de contenido, estamos convencidos de su equivocada percepción de las cosas, porque este resultado no es una cuestión de síntesis, como tampoco un derroche de creatividad y mucho menos algo que pueda ser vinculado al revolucionario y elevado concepto minimalista, que nos habla del “más con menos”, y digo yo… ¡Que culpa tiene Richard Wollheim de que el amigo Pascual no haya entendido muy bien el termino minimal, y además se permita utilizarlo con tal ligereza en sus análisis y entrevistas! Es oportuno decir que el minimalismo lo que nos propone, es un resultado despojado de lo superfluo, banal y gratuito, para elevar a la obra a la complejidad intelectual de la forma y su discurso, y aquí no hay nada de eso, tan solo existe la incapacidad de ofrecer algo que pueda despertar el interés por el público de arte, y con esto de “publico de Arte”, no me refiero a los que asisten como aves carroñeras el dia de la inauguración, solo para aplacar con canapés y asidrado vino, sus insaciables apetitos, “alimentando” el ego de faranduleros que no se cansan de contar sus “hazañas” en galerías de barrio, o de aquellos espontáneos “paparazzi” que no paran de hacer fotos en todos los saraos que se programan en esta ciudad, para dejar luego testimonio grafico de esas reuniones de “sociedad”, en las redes sociales de Internet y de ese modo sentirse más “importantes” y “famosos” (y con esto no aludo a los que lo hacen, sino a aquellos que lo hacen con esa única intención). Cuando hablo del autentico público de arte, me refiero a ese que busca en cada exposición otro tipo de “alimento”, no el que ensancha a las barrigas, sino al espíritu y el intelecto; a ese que lee y disfruta con las hermosas palabras de un Antonio Arbeloa como las que aparecen en el catalogo de la exposición, para luego de esbozar una cómplice sonrisa, reconocer que como amigo del pintor, es de justicia que éste le haga un buen regalo. Me refiero a ese público que callado y discreto le gusta dialogar con la obra y no con el autor, porque al final de todo, siempre resulta ser más honesta, pura y humilde; hablándonos de sus virtudes pero también de sus carencias y diciéndonos que todo lo demás, son adornos sin ningún valor objetivo.

Pero a pesar de mi opinión, pienso que la exposición “Paisajes en transito” de Pascual Cándido, es una muestra agradable y en su conjunto bien hecha, y no me contradigo con esto (para aquellos que le gusta apostillar mis palabras) y es que en la medida que las pretensiones de su autor, hayan sido solo la de realizar una obra “bonita”, los objetivos se han cumplidos, lo que ocurre es que después de 10 años de trabajo de “investigación” y “síntesis”, el resultado debiera pretender algo más, que lo estéticamente correcto, pero en fin, la verdad es que bien vale la pena visitarla, porque a pesar de que vista una, vistas todas, lo cierto es que aquel coleccionista que compra una obra, generalmente solo compra una y siendo así, a éste no tiene porque resultarle ni simple, ni repetitiva, ni aburrida pues no tiene la posibilidad de comparar.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el próximo día 17 de septiembre en el horario comprendido desde las 10 hasta las 14 horas y de las 17 a las 21 horas de lunes a sábado.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez

31 agosto 2011

Cazador de realidades. La imagen como un todo…

Estimados lectores.

Con gran éxito de público y un notable carácter retrospectivo, quedó inaugurada el pasado 25 de agosto la exposición de fotografías titulada “Ironic Art” de Joaquín Serrano Yuste (Chimo Serrano. Valencia – 1960) en el edificio Moruno del Grao de Castellón. Un espacio que para esta ocasión, pienso que no ha estado muy bien elegido, ya que expositivamente no la beneficia; la muestra transmite la sensación de recargamiento, “desorden” visual, además de la deficiente iluminación con la que cuenta el espacio, cuestiones estas que no benefician a las obras. Quizás hubiera sido más conveniente una mayor selección para disminuir el número de piezas, de ese modo estos aspectos se notarían menos. Cuidar la cantidad de lo que se expone, es también una forma de cuidar la calidad de lo que deseamos mostrar, lográndose de ese modo, un mejor efecto expositivo

A pesar de ello, esta es una muestra que deja patente la constancia y la alta productividad de este singular y popular notario, de aspecto bonachón, que una vez decidió buscar otra vía de disfrute, tomando entre sus manos una cámara fotográfica, para compartir con los demás, aquellos trozos de realidad en los que tantas veces no reparamos, y que gracias a su corresponsal actividad como cronista de la anécdota y de la imagen, deja una huella universal de creación y discurso en cada una de sus piezas.

Hablar de la obra de Joaquín Serrano Yuste, es acercarse a la realidad desde los ojos de un apasionado cazador de imágenes. No existe un interés en su obra por definir una forma, manera o “estilo” de hacer fotografía, eso al parecer no le interesa, su técnica es tosca y refinada a la vez, su lenguaje es amplio y muy variado; desde aquellos ejemplos de fotografías que se recrean en el detalle de un anodino objeto, como por ejemplo un trozo de tela o una lámpara de techo, haciendo de la anécdota un todo infinito, casi cósmico, envuelto en un misterio de discurso sugerente, que invita a la reflexión sobre la belleza de lo aparentemente insignificante en lo cotidiano. Y están la otras, aquellas que hechas en “gran angular”, nos recrean el testimonio de cosmopolitas realidades a veces humanas, otras de inanimados escenarios, que el autor exhibe como testigo omnipresente en muchas visiones, resumidas en una experiencia y motivación única y renovada; transformada siempre desde el concepto de lo hermoso, pero también de lo inquietante, reflexivo y eterno. Su trabajo consiste en compartir con los demás, la singular sorpresa experimentada ante cada trozo de realidad que este autor visualiza desde el visor de su cámara, luego como un honesto corresponsal de ideas y realidades, las ofrece al mundo para complacencia y disfrute de todos.

Podemos decir que Joaquín Serrano Yuste es un creador desde el mismo instante que elige el motivo, su visión caleidoscópica e interesada por la realidad objetual, le permite “encuadrar” y crear el énfasis visual, en lo realmente importante de la imagen, subordinando al concepto discursivo de la obra, a la más hermosa envoltura que describe la forma, porque a pesar de modas y modismos, una imagen siempre nos conducirá a una lectura elevada o sencilla, enigmática o clara, misteriosa o abierta, pero nunca indiferente. Quizás por eso Joaquín Serrano, eligió la fotografía como medio de expresión artística, para convertirla en su más útil y hermosa herramienta de dialogo con el mundo, solo que en esta ocasión y como casi siempre ocurre, la profundidad y complejidad de los temas propuestos, recaerá siempre en la capacidad de lectura del publico que la observa.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el próximo 25 de septiembre, y sería realmente una lastima que no fueran a verla porque resulta muy optimista (como bien nos señala su autor) pero también muy refrescante para estos asfixiantes días de calor.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez.

24 julio 2011

¡¡¡Hasta Septiembre!!!

Para aquellos que vieren, leyeren y entendieren


Estimados lectores:

Como todos ustedes conocen en este mes de agosto, que ya casi empieza, quedará interrumpida la temporada de exposiciones en Castellón, permaneciendo inactiva hasta el próximo mes de septiembre. Pienso que en esta etapa que culmina, hemos visitado muestras de todo tipo, buenas, regulares y también malas, con lo cual al menos en el aspecto de la variedad, ésta ha quedado garantizada; lastima que no podamos decir lo mismo en cuanto a la calidad, aunque siempre abrigo la esperanza de que el nivel suba en la próxima, en fin, ¿Qué quieren que le haga? uno es así de optimista.

Por lo demás, solo me resta desearles a todos que tengan unas muy buenas y felices vacaciones y agradecerles con especial énfasis, el apoyo recibido tanto de manera directa, aportando sus siempre valiosas opiniones en el blog, como aquellas más discretas, que me envían a mi correo privado, algo que me estimula y mucho, a seguir dejando por escrito mis valoraciones y puntos de vista de una forma especializada, clara y directa (a veces también contundente) pero siempre honesta y responsable sobre el papel formador, educativo y sensible que entiendo debe asumir el arte y los artistas en su estrecho vinculo con el público. Prometo volver en septiembre con energías renovadas, para así seguir haciendo la crítica en la que verdaderamente creo, que no es otra, que aquella que siempre persigue elevar el papel del arte, como útil herramienta de comunicación con el público; sin lisonjas ni falsos halagos, que solo hace enturbiar su sentido constructivo y además alimentan el ego de mediocres e incompetentes.

Un cordial saludo a todos y ya saben que hasta septiembre, estaré cerrado por vacaciones.

Amaury Suárez

14 julio 2011

Moreira y sus diálogos enfrentados.

Estimados lectores.

Quizás nuestra ciudad sea de esas que están condenadas a sufrir la injusta proporcionalidad, de que por cada buena exposición que veamos, nos toca padecer un mínimo de 3 que no necesariamente están a la altura deseada, algo que se puede comprobar visitando la que en estos momentos se exhibe en el centro cultural provincial “Las Aulas” del polifacético artista Alberto Moreira, la cual permanecerá abierta durante todo este mes de julio, y que lleva por titulo “Diálogos Surrealistas”.

Ayer estuve por la tarde visitándola y después de verla me pregunto… ¿¡Qué culpa tiene el surrealismo para merecer esto!? No se si el titulo responde a una vulgarización del lenguaje para definir situaciones y/o actos inconexos, o sencillamente a un desconocimiento de las características de intenciones y propuesta de dicha vanguardia, pero lamento mucho que al surrealismo (como vanguardia) se le utilice con tanta ligereza, para justificar un resultado plástico que aun llenos de buenas intenciones, se presenta con tantas carencias tanto formales, como de discurso. Y como si esto no fuera suficiente para alimentar mi confusión, leemos en las palabras del catálogo, que firma un o una tal J. Ferrara, que la pintura de Alberto Moreira… “destaca por un primitivismo propio de las vanguardias más actuales”… ¡Pero como se le puede decir esto al público y luego poder irse a dormir tranquilamente! Confundir primitivismo (que no representa ninguna vanguardia reciente, ya que su origen data de finales del siglo XIX) con lo que a todas luces podría estar más cerca a un mal ejemplo de aquel movimiento neoexpresionista surgido en los años 70´ (por lo que de “actual” poco) llamado “bad paintig” solo puede ocurrírsele a alguien, que es amigo o familiar del pintor que expone (y ya sabemos que tanto unos como otros, mienten a menudo en estas cuestiones) o porque el que escribe es ciego, y en este caso mejor que se dedique a la venta de billetes de lotería (ya que no solo es más coherente, sino además muy rentable) o porque sencillamente no sabe nada o muy poco sobre historia del arte, y en este hipotético y ultimo caso, siempre es mejor callarse para no confundir al personal, que sofocado por este agotador calor del verano, decide ir a ver las exposiciones a las galerías de nuestra ciudad. Sea cual sea la causa que provocara este comentario, de lo que no hay duda es que esta viene revestida de una clara irresponsabilidad, máxime, si quien la expresa permite además la publicación de sus palabras en el catalogo de la muestra. Pero dejemos a un lado a este supuesto amigo o familiar invidente y “erudito” crítico del catálogo y volvamos a las pinturas de Moreira.

De muy limitada y caricaturesca podríamos calificar esta exposición de Alberto Moreira, donde la escasez de los recursos plásticos empleados, así como el uso del color, arrojan un resultado simple y muy aficionado. Por otra parte, la figuración y los tratamientos empleados por Moreira, propios de este lenguaje neoexpresionista (bad painting) no llegan del todo a ser coherentes con las intenciones reivindicativa de este movimiento, que tanto tenia que ver con la subcultura, las ideologías marginales y el rechazo hacia el “buen gusto” o lo “bien hecho”, quedándose en un resultado de “quiero y no puedo” que no se corresponde con lo auténticamente “descuidado” y rompedor de este movimiento al que le vinculo. Sus cuadros se mueven en una limitada gama de calidos con gran predominio del rojo (sin apenas matices) del blanco y de los tostados oscuros (casi negros) que se fragmentan toscamente, en un uso torpe de la espátula y el pincel, pero que a la vez, me transmiten una cierta racionalidad por el cuidado compositivo y orden del color. Sus composiciones son de gran literalidad ya que no sugieren, sino describen las escenas, que como ilustración de un “storyboard” (guión gráfico) aluden en todo momento al personaje cinematográfico de “Charlot” (memorable creación del gran Charles Chaplin en sus películas) que Alberto Moreira utiliza como hilo conductor de las escenas.

No se que motiva a Moreira a utilizar este cinematográfico personaje en sus obras, no se si quiere hablarnos de humor, de ironía, de la tragicomedia de la vida, de la realidad ilusoria y falsa en la que hoy vivimos, o sencillamente le gusta pintar a ese entrañable hombrecillo con sombrero hongo y pequeño bigote negro que tanta celebridad mundial alcanzó, allá por los primeros años del pasado siglo XX con el cine mudo. En cualquier caso, tanto el resultado técnico, como también de discurso, adolecen de una intención más elevada y culta en el concepto general de la obra. La trascendencia comunicativa que debiera estar presente en su obra, resulta sencillamente pobre, insustancial y mediocre, algo que la ridiculiza y la menosprecia. Quizás sería bueno decirle a este pintor, que tanto si se quiere hacer una obra neoexpresionista, como una primitivista o incluso una surrealista, es de vital importancia tener en cuenta su aspecto conceptual o de discurso, para no caer en clichés o estereotipos que solo hace evidenciar el carácter aficionado tanto de la obra, como de su autor. Desde el poeta francés Guillaume Apollinaire, pasando por Rene Magritte, Paul Delvaux, Giorgio de Chirico y hasta el egocéntrico y siempre artista Salvador Dalí, todos fueron creadores (en este caso surrealistas) muy ocupados y preocupados, por la claridad y trascendencia comunicativa de los discursos de sus obras. Y en este sentido, es bueno que lo tenga siempre muy presente, el amigo Alberto Moreira. En pintura (como en otras disciplinas del arte) cada forma debe ir respaldada coherentemente por un contenido y viceversa, porque de no cumplirse esta máxima, solo haríamos artesanía, o aburridos panfletos con pretensiones artísticas.

Para ilustrar con un ejemplo que viene muy a tono con este pintor. Esto sería igual, como cuando un músico de cavaquinho, (la verdadera profesión de nuestro amigo Moreira) pretende “tocar” sin amplios recursos técnicos e interpretativos, los pinceles de pintor con la misma destreza que un experimentado guitarrista. La “obra” resultante puede ser cubista, futurista y hasta surrealista si queremos, sí, pero con una gran desafinación o disonancia; en esta ocasión, para nuestros ojos.

En cualquier caso y a pesar de mi opinión, ya saben que suelo invitar a todos ustedes a visitar todas las exposiciones de las que hablo en este blog, y en esta ocasión no será diferente. Creo firmemente que siempre podemos aprender algo, aun de aquellas que como ejemplos de esa injusta proporcionalidad de la que les hablaba al principio de este artículo, no nos satisfacen mucho.

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez