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24 marzo 2012

Zapata la tiene más grande.

Estimados lectores.

Como algo excepcional en este blog, hoy no vengo a hablarles de una muestra de obras expuestas en una galería de arte o espacio público, como casi siempre hago, si no de las que aparecen en el libro Melchor Zapata. "El arte encendido" cuya presentación se realizó el pasado día viernes 23 de marzo a las 12: 00 horas en el salón noble de la diputación provincial de nuestra ciudad y que bajo la autoría del Sr. Antonio Gascó Sidro, profesor de Historia del Arte, escritor, crítico cultural y Cronista oficial de la ciudad de Castellón, nos pretende adentrar tanto en la figura, como en la obra de este popular artista restaurador, pintor y escultor, de origen sevillano, nacido en Alcolea del Río en el año 1946 y que reside en Castellón desde hace más de 40 años, contando en su haber con varias obras (alguna de ellas muy populares y monumentales) como el conocido “Tombatossals” de la Avenida Lledó, “El Árbol” en la rotonda de entrada a la ciudad de Burriana, o el “toro” del parque Ribalta de nuestra ciudad, entre otras.

Debo reconocer (y que esto vaya por delante) que una de las mejores criticas favorables (que no crónica de arte) que le han hecho a mi obra (no se si de forma justa o injusta) es la del Sr. Antonio Gascó. Su sensibilidad y gusto hacia la imagen plástica y el arte en general es incuestionable, así como su conocimiento académico sobre su historia. Que su pluma corone las páginas de este libro con tanta belleza literaria hablándonos de la figura y obra del Sr. Melchor Zapata es sin duda todo un lujo, que unido a las magníficas fotografías de José Antonio Arias Centelles (que sigue demostrándonos cada día el rigor, gusto y profesionalidad de su trabajo) son los principales elementos que hacen del resultado de este libro, una pieza de gran atractivo y belleza; es una lástima (según mi opinión) que en esta ocasión y ejemplo, tanto talento haya sido puesto al servicio de una obra tan carencial en la técnica e intrascendente en su propuesta, algo que me impide justificar la correspondencia entre tan hermoso verbo e imágenes fotográficas y la obra citada.

Me resulta especialmente curioso, a parte de todas esas valoraciones de tipo emocional, de carácter humano y de nobles valores que nos refiere el escritor en su libro, sobre la personalidad del Sr. Melchor Zapata (a mi entender más coherente y provechosa para un diván de psicología, que para un interés artístico) las referencias a las que alude Gascó en cuanto a similitudes entre maestros modernos y contemporáneos con la obra de Zapata; como por ejemplo (y no es la única) cuando nos dice… “abandona la texturación que tanto agrada a los otros dos colegas de estilo” (refiriéndose a los maestros Antonio Marco y Paco Puig) y continua diciendo “para llevar a cabo un rasgo directo, decidido y potente, de signo fauve, de la catadura de Matisse y Kokotchka”. Después de leer esto, puede ser que yo tenga que replantearme realmente una valoración más profunda sobre la obra de Matisse y del austriaco Oskar Kokoschka ya que en lo único que pienso pudiera apuntar erróneamente a una comparativa entre la obra de Zapata y la de estos dos grandes maestros de vanguardia, es en el sentido esquemático (en Zapata caricaturesco) del dibujo. Pues en la obra del sevillano tanto el color, como la forma, resultan simples y anodinos; vacíos de intención, técnica y discurso. Siendo solo en el tamaño de la firma donde éste supera a estos dos maestros referentes; y créanme si les digo que el maestro Kokoschka la tenía grande (la firma) pero sin duda, mucho más grande era su talento. La inmensa rubrica del Sr. Zapata, que curiosamente pudiera contradecir (siempre desde mi subjetiva opinión y rudimentarios conocimientos de psicología) la imagen modesta y humilde que el Sr. Gascó nos pretende dar a conocer de este artista en su libro. Quizás es que realmente no sea tan modesto ni humilde y solo forma parte de un disfraz engañoso, para agradar a los demás, pues ya se sabe que la imagen de un pequeño y simpático gnomo, resulta siempre más tierna, enternecedora y compasiva, que la de un tigre, aunque este último no tenga ni dientes ni garras y el primero esté contaminado con el virus del ántrax, o quizás se trate simplemente de que este buen señor ha perdido vista y necesita nueva graduación en sus gafas, pero lo cierto es que Zapata la tiene más grande que los dos maestros citados por Gascó (y sigo hablando de la firma).

En cualquier caso la pintura no es (o al menos no debiera ser) para aquellos que la entendemos como una actividad elevada, creativa y compleja del quehacer humano; donde tanto el contenido como la forma deben reinar en un resultado armónico de sus intenciones y resultados, un simple pretexto para llenar un lienzo de colores chillones, sin sentido ni orden, tratado con pinceladas que más que enérgicas, son toscas y más que sueltas, son descuidadas, haciendo de la deformación del dibujo un acto gratuito, feo y sin ningún sentido de aportación en su discurso, sino la evidencia de un mal dibujante, donde el tema que se propone se expresa en una desnuda atemporalidad decorativa del motivo, donde paradójicamente no existe un resultado agradable, haciendo de la anécdota un discurso simple y pueril, algo que discrepa abiertamente con la intención y resultado de belleza que vemos en los artistas fauves en general y concretamente en la obra Matissiana donde este artista soñaba con un arte equilibrado, puro, apacible, cuyo tema no fuera inquietante ni turbador, que llegara a todo trabajador intelectual, tanto al hombre de negocios como al artista, que sirviera como calmante cerebral, algo semejante a un buen sillón que le descanse de las fatigas físicas. (Henri Matisse: La Grande Revue, 25 de diciembre de 1908. (Citado por Jean Cassou; Panorama de las artes plásticas contemporáneas. Guadarrama. Madrid, 1961)

Y con relación al otro ejemplo comparativo que se cita en el libro (el de Oskar Kokoschka) tengo que decir que el concepto discursivo abiertamente desgarrador, comprometido, dramático y de denuncia que encontramos en las pinturas de Oskar Kokoschka no es algo que distinga, ni siquiera se encuentre en la obra de Melchor Zapata. Y todo esto sin contar con el valor testimonial y de coherencia histórica de estos dos artistas, que supieron distinguirse y aportar en aquel momento con su trabajo creativo, un valioso legado dentro de la historia del arte del pasado siglo XX y que ya debiera ser superado, pues las condiciones tanto objetivas como subjetivas que lo provocaron, ya no existen. Es por esa razón que hoy no se pinta como en el Renacimiento o el Barroco, bueno por eso, o porque todos aquellos que hoy se acercan a la pintura y dicen ser pintores, no quiere someterse al rigor, dedicación y estudio de tan exquisito resultado técnico, pudiéndoles parecer más "fácil" en su indudable ignorancia, pintar como Van Gogh, Matisse, Derain y Vlaminck o dedicarse a la abstracción para ocultar sus carencias ante el ojo del profano y de ese modo seguir viviendo del cuento como “artista”.

Tengo que reconocer que muchas veces la razón escapa a mi análisis, cuando veo estos “homenajes” que le hacen a estas personas, a veces en forma de libros, otras en magnas exposiciones antológicas y con mayor frecuencia, concediéndoles desde el poder político la asignación para realizar grandes obras públicas que son emplazadas en rotondas y plazas de nuestra ciudad y que ya no es solo que sus obras carezcan de interés o aportación artística en su propuesta, sino que además, en muchas ocasiones estas expresan de manera irrefutable un claro divorcio con el conocimiento técnico y de oficio. En fin, debe ser esto uno de esos fenómenos “paranormales” donde inciden esos factores de tipo “paraculturales”, “paraartístico” o “paraestéticos” es decir, “al margen” de lo cultural, lo artístico y lo estético, que poco o nada tiene que ver con el arte y sí mucho con la economía, las relaciones poderosas e influyentes que casi siempre están vinculadas a esa política que hoy en día todo corrompe y contamina, sin que podamos hacer mucho al respecto, solo escribir en un humilde blog y así hacer catarsis de inconformismo y malestar.

Mientras tanto permaneceré sentado a las puertas de mi morada, esperando ver pasar algún día frente a mí, cabizbajo y en escrupuloso silencio, el cadáver de la mediocridad, el engaño y el poco rigor, que avivan cual “arte encendido” la fastidiosa injusticia que hace del parecer el ser y encumbra la opinión sobre el criterio. Ese día brindaré por el triunfo del arte y la razón y también por los verdaderos artistas, con un buen vaso de vino de las tierras del Alto Mijares y quizás hasta me coma una paella, eso si, hecha con leñas de naranjos.

Henri Matisse
"Mujer con sombrero"
1905.
A pesar de todo, les recomiendo que si pueden hacerse con un ejemplar del libro Melchor Zapata. "El arte encendido" lo hagan, pues siempre es agradable leer un texto escrito por la pluma de D. Antonio Gascó Sidro, donde el sentido y belleza de las palabras, ayudan a construir ese hermoso templo del lenguaje español, donde la crónica se hace arte tanto en el valor, como en el gusto. Y además porque gracias a nuestra libre elección, siempre podemos imaginar otras imágenes como ilustración del texto, como por ejemplo las de Herry Matisse y Oskar Kokoschka.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez.

16 marzo 2012

“Libros y tipografías” de Manuel Silvestre.

Estimados lectores.

La Fundación Caja Castellón-Bancaja inauguró el pasado 8 de marzo, en la sala Bancaja Hucha, de la calle En medio 82, una nueva exposición titulada “Libros y tipografías” que reúne los trabajos del pintor Manuel Silvestre (Valencia, 1949). Doctor en Bellas Artes y catedrático de Serigrafía en la Facultad de Bellas Artes de Valencia.

La muestra con una selección de unos 30 trabajos en los que se combinan óleos, serigrafías, grabados y collages, estos últimos tanto en papel como en madera, alude a una recreación formal, casi alegórica y monosémica del objeto del libro, que nos hace recordar (sobre todo en las pinturas) a la huella icónica del artista norteamericano Jasper Johns, aunque en la visión que nos presenta Manuel Silvestre y sin perder su aproximación a una naturaleza abstracta, esta se refleja de una forma algo más descriptiva y cercana al objeto referencial. Con un acertado criterio y de manera muy personal, Silvestre convierten el resultado en un lenguaje de gran plasticidad técnica y expresiva factura, donde tanto la concepción abstracto- compositiva en la obra, como la cercana representación del objeto, nos permiten disfrutar de un gran acabado y gusto por la imagen. El recurso fragmentado tanto de la pincelada, como en su relación fondo figura, van dotando al escenario plástico de la obra en un resultado de gran dinamismo, riqueza visual y de relieve, de modo que el propio cuadro se convierte en un “objeto” de disfrute y reflexión y no sólo en la reproducción de un motivo reconocible (en este caso libros y tipografías). La sobriedad y elegancia cromática en su obra pictórica, se vincula de manera casi orgánica con los resultados de su principal actividad creadora, es decir, la de grabador, donde generalmente los colores terrosos, negros y pardos se alzan en las imágenes de esta muestra con mayor protagonismo y prestancia, algo que otorgan tanto a la obra pictórica, como a sus grabados, de un singular refinamiento.

El elemento tipográfico que hábilmente Silvestre utiliza como recurso visual compositivo y también como símbolos de comunicación no verbal, se hace eco de muchas familias de letras que pretenden aproximarnos a una idea polisémica de narración y/o lenguaje para con ella rendir homenaje a los libros que desde su más lejanos orígenes de papiros, hasta la actualidad (sin contar el soporte digital) han servido de valiosos y también de hermosos contenedores de palabras, que como cofres imperecederos han guardado en forma de escrituras, las más hermosas y representativas ideas y actos de la acción humana a través de los tiempos. Porque como decía el gran Borges en su apasionada devoción por los libros… “Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”.

Les exhorto a todos para que no dejen de asistir y disfrutar con esta muestra, la cual podrá visitarse hasta el próximo 30 de marzo en horario de lunes a viernes de 11.00 a 13.00 horas y de 17.30 a 21.00 horas.

Hasta la próxima entrega

Amaury Suárez.

20 febrero 2012

El tiempo descubre siempre la verdad.

Estimados lectores.


Hace algo más de dos años, concretamente el 1 de julio del año 2009, publiqué en este mismo blog un artículo titulado “Juan Ripollés. Pan para hoy… ¿Y mañana que?”; que venía a culminar la segunda parte de una entrega donde con más o menos extensión (y acierto para algunos), hacía un análisis de tipo técnico sobre la obra de este “popular artista” castellonense. En él me refería con meridiana claridad, (para que luego nadie fuese llamado a engaño) a los escasos valores, calidades, métodos y procedimientos que este “artista” empleaba en la realización de sus obras, advirtiendo sobre el riesgo que llevaría tanto para las colecciones públicas, (las que pagamos todos) como para las privadas, la adquisición de algunas de sus obras sin un previo asesoramiento técnico-profesional que nos garantizara en alguna medida, una buena compra o encargo, ya que su mala praxis en la técnica y uso de los materiales, así como la arbitrariedad en los procedimientos que este señor utiliza, ponían en evidencia no solo su visible desconocimiento del oficio, sino la imposibilidad de garantizar en algunas de sus obras, (principalmente en aquellas realizadas en técnicas mixtas) un resultado de larga conservación en el tiempo y/o una compleja y costosa restauración, con el riesgo que esto acarrea para poder obtener un resultado satisfactorio en una obra con tales características de elaboración; pero a la que inevitablemente y mucho más temprano que tarde, estas tendrían que someterse debido a esos factores de deficiencia del oficio, que irremediablemente provocarían imprevistas e incontroladas reacciones químicas, producidas o bien por la naturaleza, composición o incompatibilidad de algunos de los materiales utilizados, por su escasa adherencia sobre soportes inapropiados o poco aconsejables, o por el mal manejo de la técnica; haciéndose más patente en algunas obras, principalmente en aquellas realizadas en técnica mixta, donde esta cuestión podía hacerse más evidente y nociva en detrimento de la calidad y durabilidad de la misma.


Permítanme a modo de recordatorio mostrarles en el siguiente enlace, la forma en que este pintor realiza algunas de sus obras. Un video que ilustra de manera inequívoca la gran “destreza” de oficio de este singular “artista”. Es toda una joya en la “Waterproof painting” una de sus tantas aberraciones técnicas a la cual ya nos tiene acostumbrados. Prepárense y tengan a mano un chubasquero, pues la experiencia le va a resultar un tanto húmeda.




Continuo...


No ha tenido que transcurrir mucho tiempo para que el "mañana" se haya hecho presente, y ya aparezcan algunos ejemplos, por el momento en algunas de las obras públicas, espero que las privadas tomen buena nota de ello, (sino es que ya hay algún caso) donde se hace patente mi previsor vaticinio. Siendo ese precisamente el cuerpo argumental y principal motivo de este nuevo y último artículo que dedicaré a la obra de este singular “creador”, pues a lo largo de todos estos años, creo haber dicho con meridiana claridad todo, o casi todo lo que pensaba en referencia a las calidades y aportaciones tanto técnicas como discursivas de la obra de este “artista” y con este artículo pretendo coronar y demostrar una vez más, con argumentos y claros ejemplos, que los aspectos técnicos siguen siendo de cardinal importancia, siempre que se quiera legar a las generaciones venideras una huella de nuestro trabajo, existencia y cultura.


Y ahora que vengan esos “artistas”, modernos y contemporáneos a decirme que el aspecto artesanal o de oficio en la creación, es un asunto trasnochado, de importancia menor; que lo importante es solo la idea, el ser un creador, “transmitir” con la obra, tener sentimientos y corazón, en fin, argumentos que tienen que ver más con la letra de un bolero, que con una valoración de rigor, seria y especializada. Seguro estoy que aquel que no tenga en cuenta estos aspectos relacionados con el oficio, imprescindibles para garantizar la calidad y sobre todo la durabilidad de una obra, lo único que podrá transmitir con su trabajo será pena, desilusión, disgusto y olvido (hoy estoy “sembrao” como letrista de boleros). Así que tomen buena nota aquellos intrépidos creadores que van de “modernos”, alternativos y a veces llamados artistas contemporáneos, dejando de prestar atención a estas cuestiones puramente técnicas, si no quieren ver como sus obras pasan del ser al no ser, o del estar al no estar, delante de vuestros propios ojos. A no ser que de manera inequívoca y claramente explicita, el planteamiento sea apostar únicamente por lo efímero, en tal caso, les propongo muy sinceramente sorprender al público y a la crítica, con propuestas verdaderamente revolucionarias y novedosas, ya que de ese modo al menos el recuerdo jugará un papel activo y la experiencia podría ser transmitida en forma oral, como en las antiguas órdenes y tradiciones. Ya que resulta realmente patético, desilusionador y muy frustrante, ir de artista “moderno” y alternativo abriéndose paso en la escena cultural, como un consumado imitador de los mismos discursos, patrones y/o las carencias del pasado reciente, bien sea desde el desconocimiento o de manera consiente.

Pero volvamos al tema que nos ocupa…


Como les decía, ya aparecen claras evidencias de serios deterioros en algunas de las esculturas públicas de nuestro “insigne artista” Ripollés, que sin haber pasado aun ni una década desde la instalación urbanística de las piezas (tiempo realmente insignificante en la vida de una obra) ya vienen a corroborar mi previsor vaticinio con todo lo que ello supone, no solo en lo que pudiera afectar a la reputación de este consagrado “artista” (que al parecer, poco le importa), sino a la de esta ciudad que le ha servido de marco propicio y escenario de lujo, para su imagen y carrera. Y es que hay cosas en el arte, (imagino que también ocurra en otras ramas del saber) que no permiten grandes cambios, interpretaciones, modificaciones, ni “inventos” por muy artista que uno quiera, o se quiera hacer, por más libertad que uno reclame en la creación y por mucha inspiración y necesidad incontrolada que un producto, material u objeto provoque en nosotros para convertirla en una “obra de arte” (con Marcel Duchamp ya tuvimos suficiente). La naturaleza química, sus procesos y comportamientos, así como las condiciones medioambientales y la acción corrosiva de los elementos, no entienden de ello.


A la primera obra que me voy a referir, es al muy divulgado conjunto escultórico que se encuentra ubicado en la plaza de Huertos Sogueros realizado en fibra de vidrio y bronce y que lleva por titulo, "Les Cordeliers" (los Cordeleros). En la monumental pieza podemos apreciar claros síntomas de deterioro, agrietamiento y desconchado en la fibra de vidrio de la pieza central, que tiene forma de paragua, noria o árbol coronado de varios brazos multicolores, seguramente tales desperfectos son producidos por una dispar dilatación del producto con el soporte o una mala adherencia de la misma, evidentemente no apta para soportar los cambios de temperaturas y la humedad medio ambiental a la que lleva sometida desde su instalación y que con toda seguridad irá incrementando su deterioro con el tiempo.


El segundo ejemplo donde he visto claros síntomas de deterioro es en varias de las piezas que se encuentran ubicadas en la entrada del nuevo casino en el Grao. En este caso los resultados son los mismos, con la agravante de que en algunas de ellas no solo vemos los mismos agrietamientos, deterioro del color y desconchados del material, que encontramos en la de Huertos Sogueros, sino que además y aun más preocupante si cabe, aparecen roturas y perdida de algunas de las partes de las esculturas sin que nadie se haga responsable de ello o bien para proceder a su retiro, o para someterlas a una temprana restauración.


Y por último, tenemos al “revolucionario” y muy sonado proyecto de recubrimiento de fachada del edificio azul del Grao con su “sextópodo” Sol de color naranja, recubierto con virutas de cristal de Murano, que al igual que la fibra de vidrio, se está desprendiendo de su soporte las cuales podemos ver esparcidas por las aceras y áreas aledañas al edificio. Algo que sin embargo ahora no debiera sorprender a nadie, pues según palabras del propio “artista” en el 2008, de las cuales se hacían eco varios periódicos y publicaciones en el momento de su instalación (y que pueden ser consultados por internet) este iba a ser un proyecto que le permitiría innovar en un campo (la arquitectura) inédito en su actividad artística. Y no hay más que conocer el rigor técnico que este “artista” imprime a sus creaciones, para poder deducir las consecuencias de esa irresistible innovación.


Es por eso que un auténtico profesional del arte, debe ser un fiel custodio de ese oficio milenario, que abarca toda la herencia del saber en esa imprescindible artesanía que engloba a todas las disciplinas del arte, en este caso a la pintura y a la escultura. Un auténtico profesional debe conocer y dominar a fondo las cuestiones técnicas, todas, desde las más sencillas, hasta las más complejas, desde las más antiguas hasta las más modernas, pues de lo contrario no hay legado, ni garantía de presencia en el futuro. Y con esto no quiero decir que se tenga que pintar solo con las técnicas que han demostrado su permanencia y conservación en el tiempo, No, la industria química ha evolucionado tan rápida como eficazmente en todos estos años, pero hay que estudiar seriamente las posibilidades que nos ofrece en cada caso. Uno debe someterse a una investigación y estudio de sus infinitas posibilidades y adaptarla a la propuesta deseada, pero para eso, hay que estudiar, investigar con rigor y dejar “reposar” lo aprendido en un pozo de conocimiento. Y sobre todo, hay que dejar de hacer menos el payaso prestándose a los frívolos recursos del marketing que solo nos pueden ofrecer el reinado del éxito de una noche vacía de estrellas.


Y es que la historia no conoce de engaños, ni improvisaciones, ni de las efímeras modas que a veces son utilizadas como útil reclamo del mercado del arte. El tiempo es su mejor aliado y éste le sirve de fino tamiz, para decantar lo carencial, de lo verdaderamente valioso y si al final de todo, lo que nos queda no convence a nadie, entonces como decía el gran Séneca: “El tiempo descubre siempre la verdad.”


Hasta la próxima entrega.


Amaury Suárez.

14 febrero 2012

Latidos que pesan.

Estimados lectores.

El pasado día 9 de febrero quedó inaugurada la exposición titulada “Batecs matèrics” (latidos matéricos) del pintor Tarraconense Josep Bahima (Tortosa – 1961) en el espacio expositivo del Centro Cultural Castalia Iuris, que como todos ustedes conocen, se encuentra ubicado en Plaza Cardona Vives, Nº 10 de nuestra ciudad.

Bahima es un pintor que se adentra en el mundo de la plástica desde finales de los años 80 y durante la última década, ha participado en diversas muestras colectivas y concursos tanto nacionales como fuera de España, llegando a alcanzar algunos reconocimientos como el primer premio del certamen de pintura “Ceferino Olivé” (en la imagen) el pasado año 2011 con su obra “Paisatge Oxidat” (paisaje oxidado) dotado con 5.000 € y la posibilidad de exponer una selección de su obra en las instalaciones de la Fundación Reddis que se encuentra ubicada en la ciudad de Reus.

La muestra que se presenta en estos momentos en el salón expositivo del Castalia Iuris, es una recopilación de cuadros entre pequeños y medianos formatos (algunos de ellos ya expuestos con anterioridad) con una clara motivación paisajística, inclinando su intención compositiva a un simple concepto abstracto de su diseño (tema que viene abordando este pintor desde hace mucho tiempo) y que en este sentido, los resultados debieran arriesgar más, no solo en el discurso, sino también en las posibilidades compositivas, cromáticas y de los tratamientos plásticos utilizados, algo que avalaría a una investigación racional, consagrada y a la vez creativa de los mismos.

En prácticamente toda su obra, (no solo en la que se recoge en esta exposición) vemos como la carga de materia pictórica de las pinceladas, expresan un tratamiento de gruesos empastes en la superficie del soporte, que se convierte en algo característico de este pintor y que sin embargo no por ello, sus obras trasmiten una sensación de amplio dominio técnico, ya que tanto empastado a veces resulta innecesario, aburrido y gratuito. Esto sin duda provoca un monótono y redundante resultado, donde muchas veces se ve sacrificado el reconocimiento de la forma del objeto, (sin ninguna otra intención que el de su desdibujo tosco y descuidado), por el solo hecho de empastar. Algo que le aporta a la imagen un resultado a veces duro, visualmente pesado y muy pobre en cuanto a las amplias posibilidades de recursos expresivos y de tratamientos que un tema como el paisaje, pudiera ofrecerle a un pintor que lleva tantos años en el oficio. Y es que en la pintura (como en otras muchas disciplinas del arte y la vida) la armonía y la ley de la proporcionalidad (entendida esta como la relación entre magnitudes medibles) y los equilibrios, debe reinar siempre. La sutileza en la amplitud de los tratamientos, es algo que reclama del versado pintor su más autentica condición y no es digno de tal, aquel que absolutiza un recurso, una forma o manera de hacer, pues muy rápidamente pudiera ser colgado en la vitrina del hastío. Una tarta se hará más dulce cuanto más azúcar lleve, pero si nos pasamos en su proporcionalidad echando cada vez más del sacaroso elemento, no habrá nadie que quiera degustarlo. Es por ello que un buen pintor debe saber escoger la solución y el tratamiento adecuado para su cuadro en cada momento y parte. Un recurso, un tratamiento o una técnica por si solo, no representa o constituye un valor cardinal en la obra, por muy “expresivo” que éste resulte, (valor que generalmente se le concede al caso de los empastes) pues al final de todo, lo único que verdaderamente puede otorgar una valía tanto técnica como estética a la obra, (aparte del atractivo discurso o idea) es la sutil y hábil armonía en la interrelación de uso de los mismos.

En esta muestra “Batecs matèrics” los “latidos” de las obras pesan mucho, tanto física, como visualmente y tal peso no pienso que está refrendado por una intención conceptual ni de discurso que pudiera justificarlo, no obstante a todo lo expuesto, estoy seguro que habrán muchos asistentes que les parezca una muestra llena de gran “fuerza”, “colorido”, “expresividad”, y “soltura” como si todo ello fuera suficiente, cierto e importante. Pero en fin, es lo maravilloso que tiene el Arte y sus acólitos, donde todo puede reducirse a la imprecisa, vacía pero muy recurrida frase de... “pero a pesar de todo me gusta”.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el 29 de febrero en los horarios comprendidos de lunes a jueves desde las 9:00 a las 14.30 horas y desde las 16:30 hasta las 19:00 horas. Los viernes desde las 9:00 hasta las 14:30 horas

Hasta la próxima entrega.

Amaury Suárez.